Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir

Mons. Gregorio Martínez Sacristán    Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo:

Con inmenso gozo celebramos el domingo, 10 de Junio, la Solemnidad del Corpus Christi, con la que los cristianos hacemos fiesta en torno al Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. En esta religiosa jornada nos sentimos convocados a participar en la Eucaristía, al tiempo que a adorarla y también a procesionarla. En el Banquete eucarístico se nos da el mismo Señor Jesucristo, ya que en él renueva su entrega obediente a Dios Padre en bien de la redención de toda la humanidad.

Recibiendo el don eucarístico percibimos el significado de estas palabras de Jesús sobre sí: “Yo soy el pan de vida” (Jn 6, 48). Así, en el Pan consagrado se hace presente el Hijo de Dios, el cual, compartiendo nuestra condición humana, se ha hecho solidario de cada hombre y mujer, sobre todo, de cuantos sufren o están necesitados. Además, como afirma Jesús: “es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo” (Jn 6, 32). Por lo tanto, es el Padre Dios quien nos alimenta y sostiene con la Eucaristía. 

En el Pan eucarístico recibimos la vida más plena: la vida de Dios, la cual Jesús desarrolló, sigue viviendo y quiere compartir con cuantos aceptan vivir a semejanza suya. También Jesús nos indica la capacidad que contiene “el pan que baja del cielo”, al enseñarnos que “el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo” (Jn 6, 51). Por lo cual, con su Cuerpo sacramental el Señor nos concede la potencia vivificadora de Dios que renueva las personas y los pueblos. Es decir, en la Eucaristía el Señor nos hace partícipes del ser de Dios: su Amor. Por eso la Fiesta del Corpus Christi conlleva la celebración del Día de la Caridad, de modo que el Amor de Dios, encarnado en Cristo y hecho alimento en la Eucaristía, ha de caracterizar la vida de todos los creyentes. 

Sabemos que el ejercicio de la Caridad, por parte de todos y cada uno de los cristianos, ha de estar dirigido de modo preferente, aunque no exclusivo, siguiendo así el ejemplo mostrado por Jesús, hacia los más desfavorecidos, excluidos, marginados y vulnerables de la sociedad. Además comprobamos que los primeros destinatarios de la acción caritativa no están disminuyendo en el momento presente, ni incluso en nuestro contexto social más próximo. Sino que, aunque nos resulte difícil reconocerlo, la pobreza en nuestro país se ha hecho más extensa, más intensa y más crónica. 

Percibimos que el origen de este incremento de personas y familias pobres se debe a las incisivas consecuencias que aún sigue produciendo la crisis económica, moral y cultural que nos está afectando, y de la que aún vemos costosa su resolución. Pero, frente a la cual, los cristianos no podemos ni debemos permanecer indiferentes, pasivos, ni resignados. Por eso nos conviene recordar algunos datos de la preocupante situación social actual: la elevada tasa de desempleo que afecta ya a cinco millones de personas en nuestro país; así como que uno de cada cuatro españoles se encuentra en situación de riesgo de pobreza y exclusión social, debido, en gran parte, a la pérdida de vivienda y trabajo. También hay más de un millón de hogares con todos sus miembros activos en paro. Y, además, aumenta la injusta brecha entre ricos y pobres en nuestra nación.

La celebración del Día de la Caridad nos motiva a ser sensibles ante tantos hermanos que sufren por la carencia de trabajo, por no poder sostener dignamente a su propia familia, por no lograr hacer frente a las deudas que han contraído, o por no alcanzar a satisfacer sus necesidades más fundamentales. Ante lo cual nos damos cuenta que el modelo social y económico que ha llevado a esta situación requiere ser revisado y regenerado. Ha de implantarse un nuevo modelo de desarrollo que ponga como primer valor a la persona, y no se base en el fomento del consumo ilimitado y en el afán desmedido por acumular y disfrutar de bienes para la satisfacción individual. 

Afirmamos que es posible superar esta situación ya que confiamos en el Amor compasivo de Jesucristo por cada persona. Para ello hemos de cambiar la orientación de nuestra vida. Debemos asumir y practicar el lema que propone Cáritas para este Día de la Caridad: “Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir”. Es decir, se trata de optar decididamente por un nuevo estilo de vida en el que ejercitemos una austeridad responsable y solidaria. O sea, un modo de vivir en el que sepamos diferenciar lo que son realmente nuestras necesidades, a las que debemos atender, y lo que propiamente son nuestros deseos y caprichos, de los cuales podemos renunciar, por ser superfluos. Esta vida austera, que nos corresponde asumir, tiene una doble finalidad: por un lado, hacernos libres de los bienes y así no vivir dependiendo de ellos; y por otro, convertirnos en personas solidarias. Es decir, posibilita que los otros hermanos puedan “sencillamente vivir”, ya que se les ayudará a atender a sus necesidades personales y familiares básicas, alcanzando una existencia con dignidad. 

Procurando vivir en la austeridad en el consumo personal y grupal de bienes, nos habituaremos al ejercicio de los valores que construyen la vida social, como son la relación fraterna, la solicitud y el compromiso a favor de los otros. Así, practicando la austeridad, nos abriremos a la generosidad, tal como caracteriza el ser y hacer de Cáritas, la cual es la Iglesia Católica que ejercita de modo organizado el Amor de Dios hacia los necesitados. En este sentido comprobamos que nuestra Cáritas Diocesana está consagrada a procurar que muchos hombres y mujeres puedan “sencillamente” vivir. Esto lo alcanza realizando un esfuerzo más intenso en estos momentos, a través de las abundantes y eficaces acciones que desarrolla, no buscando el protagonismo, sino apoyada en la generosidad anónima, gratuita y perseverante de muchos cristianos.

Por lo cual todos los católicos debemos agregarnos a la vida de Cáritas, a través de las diversas modalidades en que se puede concretar nuestro compromiso caritativo. Ya sea, colaborando personalmente en sus acciones por medio del voluntariado. Ya sea, aportando de lo nuestro para que prosiga desarrollando sus beneficiosos y variados programas. Ya sea, en nuestra parroquia o arciprestazgo implicándonos para que se implante y extienda la presencia de Cáritas en los núcleos rurales de nuestra Iglesia, para que a todos les llegue nuestra propuesta de vivir con sencillez y generosidad. 

Concluyo animándoos a todos a participar en Cáritas, este Día y cada jornada. 

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

Acerca de Mons. Gregorio Martínez Sacristán 15 Artículos
D. Gregorio Martínez Sacristán nace en Villarejo de Salvanés, en la provincia de Madrid y Diócesis de Alcalá de Henares. Se formó en el Seminario Mayor de Madrid y fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1971. Es licenciado en Teología, con especialización en Catequética, por el Instituto Católico de París, donde cursó estudios de 1974 a 1976. Cargos pastorales Su ministerio sacerdotal ha estado vinculado a la Diócesis de Madrid. La parroquia del pueblo madrileño de Colmenar de Oreja fue su primer destino. Estuvo como coadjutor entre 1971 y 1974. Tras un paréntesis de dos años para cursar estudios en París, regresó a España. Ese mismo año, 1976, fue nombrado coadjutor de la parroquia de Santa Eugenia, donde permaneció hasta 1978, y responsable del Departamento para los Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis, cargo que desempeñó hasta el año 1982. Mientras, durante el año 1978, fue capellán del Hospital Beata María Ana de Jesús. También ha sido, de 1988 a 1995, director del Instituto de Teología a distancia; colaborador en la parroquia de San Vicente Ferrer, de 1983 a 2002; y miembro y relator del III Sínodo diocesano de Madrid, durante el año 2005. Desde el año 1995, es delegado diocesano de Catequesis; profesor de Catequética en la Facultad de Teología San Dámaso; colaborador en la parroquia de San Ginés de Madrid, desde 2002; y miembro del Consejo Presbiteral, desde el año 2003. El 15 de diciembre de 2006 fue nombrado Obispo de Zamora y tomó posesión de la Diócesis el 4 de febrero de 2007. Otros datos de interés En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2008 a 2011. Desde este último año es miembro de la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural