La alegría de compartir

Mons. Julián Barrio    Queridos diocesanos:

La solemnidad del Corpus Christi nos conciencia de lo que la Eucaristía significa para nuestra vida cristiana. Jesús nos dice: “Si no coméis mi carne y bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros” (Jn 6, 53). En este contexto, una de las antífonas del oficio de Lecturas de este día reza así: “Para que no viváis separados, comed al que es vínculo de vuestra unión; para que no os estiméis en poco, bebed vuestro precio”1. El Cuerpo de Cristo es el vínculo que nos mantiene unidos, y la Sangre de Cristo, precio de nuestra salvación, es el referente para valorar nuestra dignidad. Como escribe el apóstol Pedro, “puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberadosde vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo” (1Pe 1, 17-19). Comer el Pan de Vida fortalece nuestra fraternidad y beber la Sangre de Cristo recuerda el amor infinito con que Dios nos ama.

En la aparición del Señor Resucitado los apóstoles “no acababan de creer por la alegría y seguían atónitos” (Lc 24, 41). Ante esta situación les dice:

“¿Tenéis ahí algo que comer?”. Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos” (Lc 24, 41-42). El Papa hace una significativa reflexión a este propósito cuando comenta: “Jesús resucitado congrega a los suyos comiendo con ellos la sal. En el Antiguo Testamento el comer en común pan y sal, o también sólo sal, sirve para sellar sólidas alianzas. La sal se considera como garantía de durabilidad… El comer la sal de Jesús después de la resurrección, que de este modo se nos muestra como signo de la vida nueva y permanente, hace referencia al banquete nuevo del Resucitado con los suyos… La clave misteriosa del comer sal expresa un vínculo interior entre la comida anterior a la Pasión de Jesús y la nueva comida de la cena del Resucitado: Él se da a los suyos como alimento y así los hace partícipes de su vida, de la Vida misma”2.

Participar en la Eucaristía es compartir la Sal de la Vida del Resucitado y esa sal hace que no nos corrompamos, ni nos disgreguemos, ni nos depreciemos. Pero es preciso que la sal no pierda su sabor en nosotros. En este sentido San Pablo nos subraya: “Os exhorto, pues, hermanos por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual” (Rom 12, 1). Al reunirnos en torno al altar de Dios que es fuente de gozo y de alegría, los frutos de la unidad y del aprecio brotan espontáneamente de diferentes formas, dándonos cuenta de que nuestro valor es muy grande a los ojos de Cristo. La Eucaristía, misterio de la fe, es el sacramento de la nueva y eterna Alianza que nos mantiene en la unidad. Lo pone de relieve la plegaria eucarística segunda cuando dice: “Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación… Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”.

La participación eucarística transforma nuestras relaciones con los demás y hace que sean relaciones de aprecio, de justicia y de paz. Aquí la Iglesia encuentra la razón de celebrar en esta solemnidad el Día de la Caridad que según el Beato Juan Pablo II “no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados médicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo significaría parecernos al rico epulón que fingía no conocer al mendigo Lázaro, postrado a su puerta (cf. Lc 16, 19-31)3. En este espíritu el lema de esta jornada nos indica: “vivamos sencillamente, para que otros, sencillamente puedan vivir”. Seamos generosos no sólo con lo que nos sobra sino también con lo que podamos necesitar para que otros necesiten menos de lo que están necesitando. Sintamos la alegría del compartir. “En la época de la globalización, la actividad económica no puede prescindir de la gratuidad que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes”4.

Revitalicemos la celebración de la Eucaristía en la que encontramos la raíz de toda acción caritativa y social y la fuerza para sostenerla en nuestra existencia, buscando construir un mundo más habitable y una sociedad más humana. Sin vitalidad eucarística constante sólo nos quedan las apariencias de vida cristiana. La Eucaristía, vivida y celebrada, nos exige un compromiso de fraternidad que “se traduce inevitablemente en gestos y signos de esperanza”. El compromiso cristiano es crear un estilo de vida apoyado en la verdad que nos hace libres y en la caridad que supone la justicia, y no abandonar a los pobres ya que esto conllevaría olvidar lo más auténtico de la gratuidad de Dios.

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio

Arzobispo de Santiago de Compostela

Mons. Julián Barrio Barrio
Acerca de Mons. Julián Barrio Barrio 131 Artículos
D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).