El atrio de los gentiles

Mons. Francisco Cerro    «Creo que la Iglesia debería abrir también hoy una especie de “atrio de los gentiles” donde los hombres puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio, a cuyo servicio está la vida interna de la Iglesia. Al diálogo con las religiones, debe añadirse hoy sobre todo, el diálogo con aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin Dios, sino acercarse a Él al menos como desconocido» (Benedicto XVI; Discurso a la Curia Romana, 21-XII-2009).

Os invito a todos a leerlas despacio para conocer lo que dicen y a meditarlas sin prisas para descubrir lo que nos dicen a nosotros hoy y aquí.

De este modo podremos darnos cuenta del compromiso que nos piden.

Con esta iniciativa pastoral, la Iglesia, sin renunciar al anuncio del Evangelio, desea encontrarse con los que ansían encontrarse con Dios en medio de sus dificultades…

Es cierto que el Concilio Vaticano II alumbró y abrió ya el diálogo con los cristianos no católicos (Decreto sobre el Ecumenismo: UR), y puso en marcha las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas (Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas; NAe). El propio Concilio Vaticano II enseña que “la Iglesia, aunque rechaza en forma absoluta el ateísmo, reconoce sinceramente que todos los hombres, creyentes y no creyentes, deben colaborar en la edificación de este mundo. Esto no puede hacerse sin un prudente y sincero diálogo” (GS 21).

Años más tarde, nace el secretariado para los no creyentes (abril, 1965) como un signo claro de la gran preocupación de la Iglesia por los no creyentes. Posteriormente surge el Consejo Pontificio de la Cultura (1982) que tiene como finalidad promover “el estudio del problema de la no creencia y la indiferencia religiosa presente” y “entablar el diálogo con los que no creen en Dios o no profesan religión alguna, siempre que estén abiertos a una sincera colaboración”. Finalmente permanece solamente el Consejo Pontificio de la Cultura (1993).

Benedicto XVI en nuestro tiempo actual, nos invita a tender puentes de encuentro y de diálogo con los no creyentes. Creemos que sus palabras son proféticas e interpelantes y nos recuerdan con fuerza el horizonte nuevo e inmenso a la misión evangelizadora de la Iglesia. No nos mostremos indiferentes ante estas palabras como si nada tuvieran que decirnos a cada uno de nosotros y a las comunidades cristianas.

¿QUÉ PODEMOS HACER NOSOTROS?

Os ofrezco unas sugerencias sobre qué podemos hacer nosotros aquí y ahora ante esta llamada que nos hace el Santo Padre:

•  Potenciar la formación de nuestra fe: “en la génesis del ateísmopueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GS 19).

•  Fomentar en cada uno de nosotros una apertura y disponibilidad para iniciar y realizar este diálogo que está hecho de acogida, de escucha, de respeto… del no creyente.

•  Afirmar la propia identidad cristiana, ya que no se trata de renunciar al anuncio de Jesucristo, puesto que es una misión recibida del mismo Cristo.

•  Asumir el compromiso con la verdad que ha de llevar a la búsqueda sincera y desinteresada de la verdad con mayor plenitud aún.

•  Facilitar algún encuentro y diálogo con los no creyentes. La fe no se impone, sino que se propone desde la credibilidad y la fuerza del Espíritu Santo, “verdadero protagonista de la evangelización”.

•  Buscar a Dios que siempre es mayor por lo que su búsqueda es inacabada.

•  Respetar el ritmo de cada persona que llega al conocimiento de la verdad a veces con pasos pequeños…

Terminamos con estas palabras de Melchor Sánchez de Toca: “Al relanzar el diálogo con los no creyentes, el Papa no propone tanto crear un espacio neutro para dialogar con quienes no creen o de aceptar una invitación a entrar en diálogo con ellos en su propio campo, cosas ambas legítimas y provechosas, cuanto abrir un espacio sagrado –la Iglesia–, que es el nuevo Templo (Jn. 3, 21), para acoger en ella a quienes no creen” (“Razón y fe”; noviembre – 2011; p. 312).

+Francisco Cerro

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 135 Artículos
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.