La fundación "Prolibertas" de la Orden de la Santísima Trinidad lucha contra la marginación y exclusión social de inmigrantes, presos y exreclusos

(diocesismalaga.es)

Celebrar a la Santísima Trinidad es colocar en nuestro corazón el misterio de la redención. Dios nos ama tanto que nos ha manifestado su perdón. Redención y perdón son realidades que conocen a la perfección en “Prolibertas”, una fundación nacida en el seno de la Orden de la Santísima Trinidad, ubicada entre otras ciudades, en Antequera y que conocemos de la mano de Antonio Elverfeldt.

El objetivo principal de “Prolibertas” es la lucha contra la marginación y la exclusión social y entre los proyectos de la organización, cuentan con dos casas de acogida, una para inmigrantes y otra para presos y exreclusos. Antonio Elverfeldt es un alemán de 46 años. Trabajaba en el departamento de Marketing de una agencia de viajes en Frankfurt, pero la vida le deparaba a él un peculiar viaje a su interior cuando conoció la orden de los Trinitarios. Se enamoró de su obra, su filosofía y partió para España donde vive desde hace 15 años.

– ¿En qué consiste su labor?

– Actualmente soy el responsable de la Casa de Acogida para reclusos y exreclusos ‘Juan Gil’ que se fundó en el año 2003 y a la que llegué hace ocho años. En nuestra casa, situada en el Convento de la Trinidad de Antequera, acogemos a personas que son o han sido privadas de su libertad por errores del pasado y que a través de la redención pretendemos reinsertar en la sociedad. En Antequera contamos con doce plazas durante todo el año y acogemos a aquellas personas sin recursos y sin familia, que han cumplido al menos una cuarta parte de su condena. Además de las dos casas de Antequera, coordinamos otras casas de acogida en Sevilla, Algeciras, Madrid, comedores sociales en Córdoba y programas de desarrollo en países como Bolivia, Perú, Chile, Argentina o Madagascar.

– ¿Cuál es su día a día?

– Realizamos programas para las personas que vienen a nuestras instalaciones, viajes, excursiones, programas formativos, talleres. Les encomendamos tareas de convivencia en nuestra casa para que la sientan como suya propia, tenemos un huerto, clases de Informática, de costura, de español. Además, cada semana vamos a las cárceles, sobre todo las de Alhaurín y Albolote para dar a conocer nuestro programa, las educadoras sociales entrevistan a los presos, conocemos así sus problemas, sus perspectivas.

– ¿Qué tipo de personas acuden a vosotros?

– Recibimos a todo tipo de personas sin distinción. Sólo tienen que cumplir nuestros requisitos, no se puede beber alcohol ni tomar drogas. Alrededor de un 80 por ciento es población extranjera. Pero creo que son presos con muchos problemas, sin familia, sin dinero, que han delinquido por necesidad, no son malas personas, y por ello, son colaboradores y no necesitan especial vigilancia.

– En su labor se enfrentará a trágicas historias personales, ¿no se desanima?

– Al contrario, cada día tengo más fuerza. Actúo con fe y veo que cualquier esfuerzo que realizo por los demás, me es recompensado con creces con su gratitud de por vida. Valoran mucho lo que hacemos por ellos y así te lo hacen ver. Más que una casa de acogida nos consideran parte de su familia. Y esto hace que todo merezca la pena.

– ¿Los problemas de estas personas aumentan con la crisis?

– Mucho. Su exclusión social aumenta, si no hay trabajo para nadie, menos para ellos. Antes de la crisis, las personas que recibíamos encontraban trabajo y dejaban la casa en semanas, hoy están con nosotros durante meses. Al menos, he comprobado que la crisis hace que seamos más solidarios, lo poco que tenemos estamos dispuestos a compartirlo.

– ¿Cree en la cárcel como instrumento de reinserción o sólo es algo que castiga?

– Hoy día tiene muy poca labor de reinserción social. España es el país con más presos de Europa y a su vez es el que tiene el menor índice de delincuencia, esto es un dato contradictorio. Hay muy pocas casas que se dedican a la reinserción social de estas personas, aparte de los trinitarios, no hay casi nadie que se empeñe en reinsertarlos. Se debería poner para todo el mundo penas que revirtiesen en la sociedad, castigos ejemplares como hace el Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud. Así no estarían separados ni excluidos de la sociedad y sería más fácil reinsertarlos. En muchas ocasiones los presos salen peor que entraron.

– La sociedad tiene la percepción de que las penas están muy descompensadas.

– Porque es cierto, hay gente en la cárcel por robos con más años de condena que otros con delitos de sangre… si tienes dinero puedes pagarte buenos abogados que pueden reducir tu condena, si no lo tienes, te asignan uno de oficio con menos experiencia y que en veinte minutos apenas puede exponer su alegato.

– De entre todos los sectores con riesgo de exclusión social, ¿por qué escogió los presos?

– Porque soy trinitario, nací para ello. Nuestra orden fundada en 1198 lleva haciéndolo más de 800 años. Antes liberábamos a los esclavos cristianos que había por todo el mundo, y aunque aún hoy sigue habiéndolos, nos hemos reinventado y luchamos por los cautivos del siglo XXI, los presos.

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