Jornada Mundial de Oración para la Santificación del Clero

Mons. Julián Ruiz Martorell    Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

 El 15 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, celebramos la “Jornada Mundial de Oración para la Santificación del Clero”. San Pablo escribe a los cristianos de Tesalónica: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes 4,3). En el himno al designio salvífico de Dios de la carta a los Efesios leemos: “Él nos eligió en Cristo antes de las fundación del mundo para que fuésemos santos” (Ef 1,4).

Sólo Dios es Santo. La liturgia canta en el Gloria: “porque sólo Tú eres santo, sólo Tú Señor”. En el relato de la vocación de Isaías se proclama: “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo!” (Is 6,3). El profeta Oseas reproduce esta palabra del Señor: “porque yo soy Dios y no hombre; santo en medio de vosotros” (Os 11,9).

Pero ya en el Levítico se nos dice: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,2). Y añade: “Yo soy el Señor, el que os santifica” (Lev 20,8). La santidad de Dios es el origen, la causa, el manantial, el cauce, el destino y la meta de nuestra santidad.

San Pablo escribe la Primera Carta a los Corintios “a los santificados por Jesucristo, llamados santos” (1 Cor 1,2). Estamos llamados a ser santos por vocación. Estamos llamados a la santificación: “lo mismo que es santo el que os llamó, sed santos también vosotros en toda vuestra conducta, porque está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo” (1 Pe 1,15-16).

Escribe San Pablo: “Fuisteis lavados, santificados, justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor 6,11). Cristo Jesús “se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención” (1 Cor 1,30).

El Concilio Vaticano II nos recuerda: “todos en la Iglesia (…) están llamados a la santidad” (LG 39). Y añade: “Los seguidores de Cristo han sido llamados por Dios y justificados en el Señor Jesús, no por sus propios méritos, sino por su designio de gracia. El bautismo y la fe los ha hecho verdaderamente hijos de Dios, participan de la naturaleza divina y son, por tanto, realmente santos. Por eso deben, con la gracia de Dios, conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que recibieron” (LG 40).

La santidad que Cristo nos comunica no es algo abstracto, es el Espíritu Santo “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5). El Espíritu Santo, Señor y dador de vida, es Santo y santificador.

Ch. Péguy decía que “la única desgracia irreparable en la vida es la de no ser santos”.

A la luz del comentario del Magnificat que hace Benedicto XVI en su Encíclica Deus caritas est (nº 41), podemos decir que el sacerdote, en el ejercicio de su ministerio, como María, “expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí mismo en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo”; el sacerdote es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí mismo; el sacerdote es humilde: no quiere ser sino amigo y testigo del Señor; el sacerdote es un hombre de esperanza; el sacerdote es un hombre de fe; el sacerdote es un hombre que ama. El retrato del alma del sacerdote debe estar tejido por los hilos tomados de la Palabra de Dios. La Palabra de Dios ha de ser su casa por la que él sale y entra con naturalidad. Así sus pensamientos están en sintonía con los pensamientos de Dios y su querer es el querer de Dios.
Oremos, con agradecimiento e intensidad, por la santificación de los sacerdotes.
     
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 325 Artículos
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.