La diócesis de Mérida-Badajoz conmemora el 20 aniversario de la clausura del Sínodo con muchas de sus 276 propuestas en marcha

El día 5 de junio de 1992 se clausuraba en el templo parroquial de Santa Eulalia, en Mérida, el Sínodo diocesano Pacense, que había sido convocado por el entonces obispo de Badajoz, Monseñor Antonio Montero Moreno el 24 de junio de 1989.

Este sábado 2 de junio de 2012 se conmemora en el mismo templo, en la parroquia de Santa Eulalia de Mérida, el vigésimo aniversario de aquel gran acontecimiento que movió a toda la Iglesia diocesana a la reflexión y a la acción, incrementando el sentido de pertenencia y aportando una serie de propuestas operativas, 276 en total, que se vienen aplicando desde entonces.

El vicario General, Sebastián González señala que el Sínodo fue sobre todo una gran experiencia de Iglesia. “Veníamos, dice, de un postconcilio y en nuestra diócesis había muchas cosas por ir actualizando del Concilio Vaticano II. Un obispo por entonces recién llegado, que es don Antonio Montero, intentó hacer sínodo muy al principio y, soy testigo, lo consultó al Consejo del Presbiterio y tras no conseguir lo que deseaba en un primer momento, al año siguiente prácticamente por unanimidad el Consejo del Presbiterio le dio su visto bueno”.

El Secretario General Técnico del Sínodo, Mateo Blanco Cotano, destaca que la organización “fue una aventura porque ninguno de los que estábamos metidos en poner en marcha ese precioso proyecto, ninguno, teníamos experiencia. Procuramos informarnos cómo se estaba haciendo en otras diócesis, tomamos lo que nos parecía mejor y nos lanzamos. Uno cuando se lanza así, confiadamente, se da cuenta que son las cosas de Dios, las cosas que Dios hace, que Dios quiere que salgan”.

Voluntarios

Otra de las características del Sínodo, según Mateo Blanco, fue la austeridad y la gran implicación de la gente, una riada de voluntarios sin cuya labor no hubiese sido posible poner en marcha aquella movilización. “No podría decir cuántos fueron, pero sin duda varios cientos”, destaca Blanco Cotano.

En un primer momento, cuenta el que fuera Secretario General Técnico, se hizo un análisis de la situación, se mandaron encuestas a todos los pueblos. Posteriormente se elaboraron los temas encuadrados en cuatros grandes áreas: anunciar la Palabra, celebrar la Fe, vivir en comunión y servir a los hombres. Esos eran precisamente los cuatro grandes documentos sobre los que se trabajó y sobre los que pivotaban las propuestas finales. El funcionamiento era piramidal, de abajo a arriba; en las parroquias se estudiaban y se reflexionaba sobre los temas propuestos, se elaboraban las propuestas que iban a los arciprestazgos y de allí a las zonas donde se les daba forma y se unificaban, siempre respetando todas las que llegaban, y de allí pasaban a la Secretaría del Sínodo.

Grandes objetivos

Muchos de los participantes en aquel acontecimiento destacan que una de las causas de la gran acogida del Sínodo fue la oportunidad, el deseo de renovación que ya señalaba don Antonio Montero en su convocatoria al definir los objetivos: “renovación espiritual y pastoral de nuestra Iglesia diocesana”, a lo que se sumaba la “asimilación y aplicación del Concilio Vaticano II” y además “ofrecer una nueva propuesta evangelizadora para despertar el bautismo dormido de muchos bautizados, manifestando su atención preferencial hacia los ‘alejados’”.

La participación en la tercera fase, la de debate y decisión convocada el 12 de febrero de 1992, fue muy variada: la mitad, 234, eran laicos, el 12,8% religiosos y el 37,2% sacerdotes.

Paralelamente al Sínodo de los mayores, 25.000 niños hicieron el suyo a través de dibujos y las catequesis mediante las que se pretendía que conociesen la vida de la Iglesia y descubriesen su pertenencia a ella.

Historia de los sínodos en la diócesis

En la Crónica General del Sínodo, el entonces Secretario General del mismo, hoy obispo de Plasencia, Monseñor Amadeo Rodríguez Magro, recuerda que “el primer sínodo del que hay constancia documental es del año 1255, convocado por el obispo Fray Pedro Pérez y el último tuvo lugar en el año 1671, siendo obispo don Francisco de Roys y Mendoza. Entre estos dos se celebraron otros once, de los que destacan los convocados por San Juan de Ribera, en los años 1565 y 1567”.

Los Sínodos habidos en Badajoz han sido: 1255, Fray Pedro Pérez; 1355, don Juan García Palomeque, celebrado en Olivenza; 1373-90, Fernando Sánchez; 1419, don Juan Morales, celebrado en Barcarrota; 1494, don Juan Rodríguez Fonseca; 1501, don Alfonso Marique de Lara, tal vez el más importante de todos en su contenido; 1535, don Francisco de Navarra; 1560, don Cristóbal Rojas; 1565, San Juan de Ribera; 1567, San Juan de Ribera; 1583, don Diego Gómez Lamadrid; 1630, don Juan Roco Campofrío; 1647, don Ángel Manrique y 1671, don Francisco Roy y Mendoza.

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