"El Sínodo abrió la mente y el corazón de muchos". Entrevista al Obispo de Plasencia, monseñor Amadeo Rodríguez Magro, Secretario General del Sínodo Pacense

1. ¿Qué significó par usted haber sido el Secretario General del Sínodo Pacense?

Ante todo fue una oportunidad más de servicio a la Iglesia, en la que entonces era mi Diócesis de Badajoz, en un acontecimiento que toda la comunidad diocesana vivió con mucha intensidad y sentido de comunión: sacerdotes, religiosos/as y laicos. En esa conjunción de responsabilidades -fue un acontecimiento profundamente corresponsable- a mi me toco la suerte de coordinar, junto a un competentísimo equipo, todas las tareas y misiones, que fueron muchas y todas realizadas son una gran actitud de servicio por parte de todos. Le agradezco, por tanto, al Señor la oportunidad de haber podido trabajar en un puesto de tanta responsabilidad en una Iglesia que quiso caminar unida para buscar nuevos caminos de renovación evangelizadora. Y le estoy profundamente agradecido al Señor Arzobispo emérito, Don Antonio Montero, por haber confiado en mí para esta misión de coordinar el Sínodo, siempre bajo su superior autoridad.

2. ¿Cómo fue acogido por la Diócesis el Sínodo Pacense?

La convocatoria del Sínodo fue muy preparada; hasta el punto que no lo convocó el Señor Arzobispo -entonces Obispo- hasta que no hubo un consenso mayoritario. Eso supuso que el interés por el Sínodo fuera creciendo y que, en su convocatoria, ya fuera algo deseado por muchos. Naturalmente, en sus fases de preparación hubo que hacer mucha pedagogía para explicar qué era un sínodo, a qué nos llamaba, a quién llamaba, y qué pedía de todos nosotros. Modestamente pienso que esto se hizo bien, porque, salvo raras excepciones -pienso que menos que en otras diócesis- el Sínodo Pacense fue muy bien acogido, especialmente por parte de los seglares.

3. A partir de las propuestas recogidas en las Constituciones Sinodales, ¿cuáles eran las principales preocupaciones expresadas por los que en cualquiera de sus fases participaron en el Sínodo Pacense?

Como sabes, querido Juan José, porque tú participaste en el Sínodo activamente, el Pacense, como tantos otros era enciclopédico, es decir, tocaba muchas cuestiones de la vida de la Iglesia. Es natural que así sucediera, porque era un sínodo para aplicar la renovación del Concilio Vaticano II. Por eso, si se le echa una mirada a las propuestas sinodales y al índice de los temas, prácticamente se hace una profunda revisión de toda la vida de la Iglesia diocesana.

Pero, volviendo a tu pregunta, he de decirte que lo que más se demandó en un Sínodo que en su fase parroquial (de grupos) era muy formativo, fue justamente la formación, y en especial la formación del laicado. Por eso, al finalizar el Sínodo, se preparó con tanta urgencia la Catequesis de Adultos, en la que, como todos sabemos, participaron en su primera convocatoria más de seis mil personas. También por esta demanda de formación se crearon las Escuelas de Formación de Agentes de Pastoral, que tuvieron un extraordinario seguimiento. Y la Escuela de Teología se convirtió en el Instituto de Ciencias Religiosas.

4. Además de los frutos, de lo que no hay duda es de que se incrementó la conciencia de pertenencia diocesana. ¿Qué importancia tuvo eso posteriormente?

Realmente toda la dinámica y el desarrollo sinodal despertó una clara conciencia de Iglesia diocesana: ese fue uno de sus frutos más preciosos. A partir del Sínodo, muchos, y en especial los más comprometidos, tuvieron otra visión de la Iglesia y vivieron de otro modo su ser Iglesia. Se puede decir que nació una espiritualidad diocesana. Eso se comprobaba, sobre todo, en cómo las comunidades parroquiales, en la diversidad de sus colaboradores, estaban mucho más abiertas a todo lo que se sugería como iniciativa de la Diócesis. Yo hace más de ocho años que no estoy en Badajoz y no sigo muy de cerca lo que sucede en esa diócesis, pero mientras estuve allí así era: el Sínodo abrió la mente y el corazón de muchos. Te puedo decir que en los años siguientes al Sínodo, no se tenía una reunión ni se trataba un tema, en que no se citará alguna propuesta del Sínodo. Siempre fue el punto de referencia, incluso literal, aunque con el tiempo esto se viera más en el estilo con que se hacían las cosas y en los acentos que se ponían.

5. Tras el Sínodo, ¿cómo se implicó la gente en la consecución de las conclusiones marcadas?

Francamente bien; sobre todo porque se continuó con un estilo sinodal. Por ejemplo, se creó el Consejo Pastoral Diocesano, que fue quien elaboró el primer Plan Pastoral postsinodal , desde una lectura en profundidad de las conclusiones sinodales. También se hicieron así los siguientes. A raíz del Sínodo se hizo una gran campaña para la creación en las parroquias de Consejos de Pastoral. Con el mismo espíritu sinodal se hizo la renovación de estatutos pastorales: iniciación cristiana, pastoral familiar, coordinación de los organismos pastorales de la curia, etc. Todo se hacía en corresponsabilidad. Es más, y con esto termino, a los diez años del Sínodo Pacense volvimos a trabajar con el mismo sentido sinodal en una Asamblea Diocesana, que fue un acontecimiento muy rico y que abrió, ya de un modo sectorial, pistas más actualizadas de cara a una nueva renovación de la Diócesis, pero siempre teniendo como referencia obligada al Sínodo. También con este acontecimiento se fortaleció la comunión y el dinamismo misionero.

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