Cumple, Señor, en nosotros tu promesa: derrama tu Espírito Santo

Mons. Eusebio Hernández   Queridos hermanos y amigos:

Quiero dirigir mi carta semanal en este domingo de Pentecostés a los que habéis recibido el sacramento de la Confirmación en estos días de Pascua y a los que a lo largo del año en vuestras diferentes parroquias lo recibiréis o lo habéis recibido ya.

Es para mí un motivo de gran alegría poder recorrer las parroquias de la Diócesis administrando el sacramento de la Confirmación. Al celebrarlo me encuentro con personas que adolescentes, jóvenes o adultos, tras un período de preparación y catequesis os acercáis a recibir este sacramento y siempre confío que al recibirlo vuestra fe se fortalece.

Quisiera dirigirme hoy a vosotros con toda confianza para que reflexionemos juntos sobre lo que este sacramento debe suponer en vuestras vidas.

Lo primero que quisiera subrayar es que con la Confirmación crecen nuestras fuerzas espirituales . Igual que les pasó a los Apóstoles, se hace más fuerte nuestra fe. El sacramento de la confirmación es como un Pentecostés para cada uno de los bautizados:

La Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del cristiano un signo espiritual o carácter indeleble; por eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en la vida. La Confirmación perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras. (Catecismo 1317)

Tradicionalmente se ha dicho que la Confirmación nos hace soldados de Cristo. Esto no significa que luchemos o matemos por Cristo. Jesús no nos enseñó la violencia y Él es el Príncipe de la Paz, por eso ser soldado de Cristo significa que:

Somos leales a Cristo nuestro Rey, enseñamos sin miedo que somos católicos, no nos avergoncemos nunca de Él y de decir que somos cristianos y miembros de su Iglesia. Ciertamente que algunos miembros de la Iglesia no dan un buen testimonio o incluso pueden ser escándalo para los demás, pero en ese caso no nos podemos olvidar nunca que también nosotros tenemos una responsabilidad que es ser buenos cristianos.

Por eso no tengáis miedo: nosotros le defendemos cuando alguien habla mal de Él o de su Iglesia y le servimos, tratando de extender su reino de amor entre los hombres

Para ello es importante que después de la Confirmación tratéis de tener una Buena Cultura religiosa , para poder dar testimonio de nuestra fe. Las parroquias y los distintos grupos y comunidades de la Diócesis os podrán ayudar a ello y así cuando alguien te pregunte por qué eres cristiano sepas dar razón de tu fe.

Es también para muchos momentos de grandes decisiones . El momento de elegir vuestro futuro. Por ello os quiero pedir que lo hagáis con una visión cristiana de la vida. Que vuestro trabajos o estudios sean para el servicio de la sociedad y que os plantéis responder a la vocación cristiana ya sea en el matrimonio o en la consagración al Señor.

Si el Señor os llama a ser sacerdotes o religiosas, no tengáis miedo a esta llamada, el que os llama nunca os abandonará y el Espíritu Santo os irá iluminando en vuestro camino.

Con mis mejores deseos os bendigo con afecto.
+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 206 Artículos
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.