Pentecostés 2012

Mons. Juan José Asenjo    Celebramos en este domingo la gran fiesta cristiana de Pentecostés, la efusión del Espíritu Santo sobre la comunidad apostólica reunida en el Cenáculo, congregada y presidida por María la madre de Jesús. En Pentecostés, la Iglesia, bajo el impulso y la acción del Espíritu Santo, inaugura la misión encomendada por su Señor de predicar el Evangelio hasta los últimos confines de la tierra. A partir de Pentecostés, los apóstoles, robustecidos por la fuerza de lo alto, comienzan a anunciar a Jesucristo en Jerusalén, en Judea, Samaría y en todo el mundo entonces conocido. 

Desde entonces han sido incontables los cristianos, también laicos, que habiendo escuchado el mandato misionero de Jesús, lo han mostrado a sus hermanos como camino, verdad y vida de los hombres, con convicción y valentía, con la palabra y, sobre todo, con el testimonio elocuente y luminoso de su propia vida.

A los veinte años de la publicación del documento de nuestra Conferencia Episcopal “Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo”, en el que los Obispos españoles, recogiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II y de la Exhortación Apostólica Christifideles laici, trazaban unas líneas de acción para promover la comunión eclesial, la corresponsabilidad y la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en el apostolado, es preciso reconocer que nos queda todavía un largo camino por recorrer. Refiriéndonos a nuestra Archidiócesis, cabe decir que hemos mejorado en el conocimiento mutuo y la comunión entre los diversos carismas y grupos apostólicos, bajo el impulso y coordinación de la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar.

Siendo también cierto que entre nosotros existen grupos y movimientos de gran vigor apostólico, no deja de ser verdad que son muchos los cristianos que no han descubierto la dimensión apostólica y misionera de su bautismo, en el que quedamos incorporados a la misión profética de Cristo, obligación que se acrecentó al recibir el don del Espíritu Santo en el sacramento de la confirmación, que nos habilitó y destinó a dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza en todas las circunstancias de nuestra vida.

En esta hora de la Iglesia en España, condicionada por el laicismo militante, el avance de la increencia, el agnosticismo, la religión a la carta y el relativismo moral, es más urgente que nunca la renovación del compromiso apostólico de los laicos. Nos lo recuerda un año más la solemnidad de Pentecostés. En ella celebramos el día del Apostolado Seglar, que puede ser individual o asociado, especialmente en la Acción Católica, la obra apostólica peculiar de la Iglesia Diocesana, íntimamente ligada al ministerio del Obispo. ¡Cuánto me gustaría que en nuestra Archidiócesis la Acción Católica adquiera el vigor y la extensión que cabe esperar de una obra tan querida por la Iglesia y tan bendecida por los Papas y que cuenta con mi apoyo explícito! La Iglesia necesita hoy laicos bien formados, con un profundo amor a la Iglesia, con una honda experiencia de Dios, fraguada en la oración y en la recepción frecuente de los sacramentos, hombres y mujeres de comunión, que viven la fraternidad, dispuestos a comprometerse en la Nueva Evangelización, dispuestos a anunciar a Jesucristo en la familia, en el barrio, en la fábrica, en la oficina y en el ocio y el tiempo libre; laicos comprometidos con su parroquia, que se implican en la catequesis, en el acompañamiento de niños y jóvenes y en los catecumenados de adultos.

A lo largo de su pontificado el Papa Benedicto XVI ha recordado muchas veces a los laicos católicos que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Ser discípulos exige seguirlo, imitarlo, estar profundamente enraizados en Él, gozar de su intimidad y disfrutar de su amistad. En la comunión estrecha con Jesús encontramos la vida, la verdadera vida digna de este nombre. Del encuentro diario con Jesucristo vivo, debe surgir el deseo y el compromiso de darlo a conocer, de compartir con nuestros hermanos nuestro mejor tesoro, Jesucristo, de comunicar a todos el don que Él nos ha regalado. El discipulado nos debe llevar, pues, a la misión, a dar testimonio de Jesucristo vivo, pues a todos, también a los laicos, nos ha dicho el Señor: “Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). “Discipulado y misión –nos dijo el Papa en la asamblea del CELAM en Aparecida (Brasil)- son como las dos caras de una misma moneda: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (Hch 4,12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro”.

Para todos, y muy especialmente para los miembros de la Acción Católica y de los grupos y movimientos apostólicos, mi saludo fraterno y mi bendición. Feliz Pascua de Pentecostés.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

 

Mons. Juan José Asenjo
Acerca de Mons. Juan José Asenjo 297 Artículos
Mons. D. Juan José Asenjo Pelegrina nació en Sigüenza (Guadalajara) el 15 de octubre de 1945. Fue ordenado sacerdote en 1969. Es Licenciado en Teología por la Facultad Teológica del Norte de España, sede de Burgos (1971). Amplió estudios en Roma donde realizó, desde 1977 hasta 1979, los cursos de Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y las Diplomaturas en Archivística y Biblioteconomía en las Escuelas del Archivo Secreto Vaticano y de la Biblioteca Apostólica Vaticana.CARGOS PASTORALESLos primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en su diócesis de origen, en Sigüenza-Guadalajara, donde trabajó en la enseñanza y en la formación sacerdotal. Estuvo vinculado especialmente al Patrimonio Cultural como Director del Archivo Artístico Histórico Diocesano (1979-1981), Canónigo encargado del Patrimonio Artístico (1985-1997) y Delegado Diocesano para el Patrimonio Cultural (1985-1993).En 1993 fue nombrado Vicesecretario para Asuntos Generales de la CEE, cargo que desempeñó hasta su ordenación episcopal, el 20 de abril de 1997, como Obispo Auxiliar de Toledo. Tomó posesión de la diócesis de Córdoba el 27 de septiembre de 2003.El 13 de noviembre de 2008 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Sevilla y el día 5 de noviembre de 2009 comenzó su ministerio como Arzobispo metropolitano de Sevilla, al aceptar el Santo Padre la renuncia del Cardenal Amigo Vallejo.Por delegación de los Obispos del Sur, es el Obispo responsable de la Pastoral de la Salud de Andalucía.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE preside la Comisión Episcopal de Patrimonio Cultural, cargo para el que fue elegido el 15 de marzo de 2017. Ya había presidido esta Comisión de 2005 a 2009.Otros cargos en la CEE: vicesecretario para Asuntos Generales (1993-1997); secretario general y portavoz de la CEE (1998-2003); miembro del Comité Ejecutivo (2009-2017).Fue copresidente de la Comisión Mixta Ministerio de Educación y Cultura-Conferencia Episcopal Española para el seguimiento del Plan Nacional de Catedrales de 1998 a 2003.Ejerció de coordinador Nacional de la V Visita Apostólica del Papa Juan Pablo II a España el 3 y 4 de mayo de 2003.Ha sido miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia" y de la "Junta Episcopal Pro V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús".