Padre de los pobres

Mons. Braulio Rodríguez     La expresión “Padre de los pobres” (Pater páuperum) se utiliza muchas veces para designar a alguien cuya vida está volcada a favor de los pobres y desfavorecidos. Muchos santos han sido llamados de este modo. Pero la liturgia de la Iglesia echa mano de ella para dirigirse al Espíritu Santo en la Secuencia de la fiesta de Pentecostés, culmen del tiempo pascual que el Señor nos ha regalado: “Ven, Espíritu divino, // manda tu luz desde el cielo. // Padre amoroso de los pobres”. ¡Cuánto encierran estas palabras de la Secuencia!

Sentirse pobre, ser pobre es, por supuesto, no siempre ni agradable ni deseable; pero es bueno sentirse pobre, si con estas palabras queremos decir que nos sentimos pequeños y a gusto en las manos grandes de Dios, una de las cuales es, en sentir de los Padres de la Iglesia, Jesucristo, el que nos ha salvado y cuyo misterio pascual culminamos en este domingo de Pentecostés. Pero el Padre de los cielos tiene otra mano: El Espíritu Consolador, el Padre de los pobres, sin el no daríamos un paso en nuestra vida cristiana y sin el se frustrarían nuestras esperanzas de realizarnos como hombres y mujeres.

Al Espíritu Paráclito, pues, elevamos nuestra oración confiada por toda la humanidad, pero en concreto por nuestra Iglesia, los que formamos el Cuerpo de Cristo: comunidades cristianas, fieles laicos y religiosos y otros consagrados, por los padres y los jóvenes, por los presbíteros y los que se preparan a serlo, por nuestros misioneros; por los que sufren las consecuencias de las desigualdades en este mundo, por los que carecen de trabajo y, lo que es peor, de esperanza; por los que no encuentran sentido a su existencia; por las mujeres embarazadas abandonadas a su suerte tentadas de abortar; por nuestros mayores, cuya soledad les supera; por nuestras autoridades, que necesitan afrontar con generosidad de miras esta situación actual del mundo y de España; por los tentados de hacer saltar la sociedad sin parar en sus consecuencias, o los que sólo piensan en su interés, o en el interés de su partido o grupo.

Al Padre de los pobres pedimos la riqueza de vivir la verdad, de no acomodarnos a los criterios de este mundo, de mantener la exigencia sin estrecheces, de que nuestras comunidades parroquiales ofrezcan maneras y personas para poner en práctica el Directorio de Iniciación Cristiana, en el horizonte de esa evangelización nueva que nos pide el Santo Padre y anhela nuestro futuro Plan diocesano de Pastoral , en la que ha de participar la familia cristiana como protagonista necesario, pues sólo un hogar que tenga presente a Dios puede hacer buenos cristianos. Que huyamos de rutinas o de hacer aquello que nos apetezca, porque así lo hemos hecho siempre, de dar facilidades para no complicarnos la vida, sin que seamos estrechos o leguleyos. Que el Espíritu entre hasta el fondo en nosotros, para que lo llenemos de Dios y vean en nosotros servidores de Jesucristo. Se nos ha dado el Espíritu Santo que nos hace partícipes de la comunión de las Tres Persona divinas, que es la vida que permanece para siempre y por eso es verdadera. Por tanto, a la verdad se llega por medio del Espíritu Santo que hace que el conocer se convierta en un estilo de vida.

Sé que somos débiles, que en tantas ocasiones es difícil encontrar trabajadores para la viña del Señor, pero hemos de confiar en el que nos hace fuertes, el Padre de los pobres. Necesitamos en esta hora el fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada. La Iglesia necesita ser templo del Espíritu Santo, necesita más pureza, más vida interior. Por eso, es del Espíritu Santo de lo que, sobre todo, tenemos necesidad en la Iglesia. Con María y los Apóstoles también pedimos nosotros: “¡Ven, Espíritu divino, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos!” (Secuencia de Pentecostés)..

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.