Las velas

Mons. Juan José Omella    En la liturgia católica empleamos mucho las velas . Ponemos velas en el altar donde se celebra la Eucaristía, ante la imagen de los santos; también se utilizan en la fiesta de la Presentación de la Virgen, es decir la fiesta de la Candelaria; en algunos cementerios se suelen colocar hermosas velas ante la tumba de los difuntos, en la Vigilia Pascual, etc. ¿Dónde tiene su origen esta costumbre de utilizar las velas?

En su origen, las velas eran simples medios para iluminar ya que no había luz eléctrica. Sin embargo ya en las catacumbas se utilizaban pequeñas lámparas con aceite que evocaban la parábola del Señor sobre las diez vírgenes que esperaban la vuelta del esposo y, por lo tanto simbolizaban, la espera de los cristianos ya que el Señor viene sin avisar, cuando menos lo esperamos. 
Para los cristianos la luz de las velas es indisociable de Cristo que ha declarado: “Yo soy la luz del mundo” . En el “Credo” decimos que Cristo es “luz de luz, Dios verdadero, de Dios verdadero”. Los cristianos somos “hijos de la luz” , no queriendo vivir ya bajo el dominio de las tinieblas. Y en la celebración del bautismo el sacerdote entrega un cirio diciendo: “Recibid la luz de Cristo. A vosotros, padres y padrinos, se os confía esta luz”.

Pero la vela, el cirio más importante, es ciertamente “el cirio pascual” que es símbolo de Cristo Resucitado. La Vigilia Pascual, cumbre del año litúrgico, comienza con el rito solemne de la bendición del cirio pascual. Sobre ese cirio, a veces con bellas pinturas que representan la resurrección de Jesucristo. Sobre él se graban la cruz de Cristo, el “Alfa y la Omega” (primera y última letra del alfabeto griego) y las cuatro cifras del año en curso. Algunos cirios pascuales llevan también incrustadas cinco bolas de incienso que recuerdan las cinco llagas de Cristo y que Santo Tomás, el incrédulo, tocó con sus dedos y su mano antes de caer de rodillas y pronunciar esas hermosas palabras: “¡Señor mío y Dios mío!” , como expresión de su fe en el Resucitado.

Los cirios nos recuerdan, pues, que Cristo es la luz del mundo y que nosotros, cristianos, estamos llamados a llevar la luz de Cristo en medio del mundo con nuestras vidas.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logoño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire.El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.