¿Es necesario confirmarse? ¡Sí!

Mons. Francesc Pardo i Artigas   Celebramos la segunda pascua, Pentecostés, la Pascua del Espíritu. El gran don del Espíritu Santo a los apóstoles y discípulos de todos los tiempos, me ha sugerido la reflexión sobre la necesidad del sacramento de la confirmación. 

Apunto algunos hechos que pueden ayudarnos a centrar el tema. 

La mayoría de los que tenemos una cierta edad fuimos confirmados  en la infancia o en la juventud, en ocasión de la visita pastoral del obispo a las parroquias y que aprovechaba para confirmar a los que no habían recibido aún el sacramento, ya fuese antes o después de la primera comunión. 

Tras el Concilio Vaticano II, se puso el acento en que la confirmación fuese un serio compromiso respecto de Jesucristo y la Iglesia por parte de quienes eran confirmados. Por ello, y para asegurar a los adolescentes y jóvenes un proceso de formación cristiana, en muchas diócesis se proponía la confirmación hacia los 15 o 16 años. 

Con el paso del tiempo se constata un descenso importante en el número de jóvenes que reciben la confirmación. Podemos señalar algunas causas de esta nueva situación, desde el cambio de primaria a ESO, no haber continuado la catequesis tras la primera comunión, les múltiples actividades extraescolares y deportivas de los jóvenes, que dificultan su participación en las catequesis o en la formación, las dificultades propias de la edad respecto de la fe, la falta de interés de la familia… Pero, por encima de todo, la opinión, según la cual la confirmación no es necesaria para la vida. 

Hay que hacer notar que en nuestro país, desde hace años, no se exige la confirmación para poder celebrar el sacramento del matrimonio y para poder ser padrino o madrina de bautismo, como se hace en toda la Iglesia. No entramos a analizar tales razones. Pero ahora, en algunas diócesis de España, en toda América Latina y en la casi totalidad de las diócesis de Europa se exige la confirmación. 

Por lo tanto, la cuestión es por qué es necesario recibir la confirmación, que es el tercer sacramento “de la iniciación cristiana con el bautismo y la eucaristía”. 

Una primera respuesta, fácil de entender, es porque es necesario ser un cristiano dotado con todos los medios necesarios para afrontar la travesía de la vida como discípulos de Cristo a bordo de la barca de la Iglesia. La confirmación es refuerzo y fortificación. 

Ya en los Hechos de los Apóstoles, escritos pocos decenios después de la muerte de Jesús, vemos como Pedro y Juan, en el curso de una misión, se dan cuenta de que los nuevos cristianos solamente habían sido bautizados en nombre del Señor Jesús, y entonces ambos les imponen las manos para que su corazón se llene del Espíritu Santo (Ac 8, 14-16). 

Por lo tanto,  la confirmación es el sacramento que completa el bautismo y por medio del cual recibimos los dones del Espíritu Santo.  La confirmación sella un pacto con Dios, una alianza. Por parte del bautizado, manifestando el compromiso de seguir el camino de los discípulos de Cristo; por parte de Dios, dándole su Espíritu, del todo necesario para vivir como discípulo. 

En la plegaria de la confirmación se pide: “envía sobre ellos el Espíritu Santo defensor; llénalos de espíritu de sabiduría y de inteligencia, de espíritu de consejo y de fortaleza, de espíritu de ciencia y de piedad, y cólmalos del espíritu de tu santo temor”. 

Sin estos dones del Espíritu, al bautizado le es difícil alcanzar la madurez cristiana y lograr ser un firme testimonio de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Ciertamente que el Espíritu actúa como quiere y de la forma que quiere, pero esta certeza no justifica no ser confirmado. 

Algún ejemplo puede ayudarnos a entenderlo. Cuando el entrenador envía al campo a un jugador, le pone la mano sobre la espalda y le empuja con ánimo. Es una acción semejante. Recibimos el Espíritu Santo por medio de la imposición de las manos para entrar en el campo de la vida. Gracias al Espíritu sabemos lo que debemos hacer, porque nos da muchos motivos (sabiduría), fuerzas, ayudas, coraje… 

Imaginemos que estamos en una barca que tiene todo lo necesario para navegar. Pero, si la barca carece de viento –el soplo del Espíritu que hincha la vela- no se moverá para realizar la travesía de la vida. Más aun, tendremos que moverla a fuerza de brazos, remando y remando sin otra ayuda. 

Si estás confirmado o confirmada, déjate guiar por el Espíritu. 

Si no has recibido el sacramento, plantéatelo, porque siempre estás a tiempo.. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 361 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.