El mensaje semanal del obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas   Queridos diocesanos:           

En la tarea de la Nueva Evangelización, a la que el Papa nos viene convocando con una llamada cada vez más insistente y urgente, cada cristiano debe sentirse interpelado personalmente y ser consciente de que, en cierto modo, es irreemplazable en la tarea que le corresponde. 

Hoy quisiera recordar que en la misión común de la evangelización corresponde a los padres, como tales, un papel especial  y de particular relevancia: el de la educación de los hijos, en general, y el de la transmisión y educación en la fe, en particular. Se trata de una misión de extraordinaria importancia. A este respecto, es bueno recordar que los padres tienen el primer derecho-deber de educar a sus hijos. Se trata de un derecho-deber que tienen o les es dado por la propia naturaleza, no por la autoridad. Es decir, les compete por el simple y fundamental hecho de ser padres. De ahí que el Concilio Vaticano II haya querido recordar en una de sus Declaraciones que “puesto que los padres han dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y, por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos” (Gravissimum educationis, 3). El origen del derecho-deber de los padres respecto a la educación de los hijos radica, pues, en el hecho de que son ellos quienes les han dado  la vida. La Iglesia siempre ha considerado la educación como una suerte de continuidad de la procreación; de ahí que las considere como un todo. La educación lleva adelante en el tiempo la tarea y misión que inicia con la procreación. 

Los padres tienen, pues, un derecho original a la educación de los hijos, en el sentido de que lo tienen por el hecho de ser padres. Es un derecho, pues, que Dios mismo, autor de la naturaleza, les concede. Al ser original, natural, es también inalienable; nadie les pues arrebatar radicalmente ese derecho, aunque ciertas circunstancias puedan hacer que quede recortado o condicionado. Por ser inalienable no puede ser delegado totalmente en otros y, menos todavía, ser usurpado. Se trata, igualmente, de un derecho que decimos primario. Se llama así en relación con los derechos educativos que puedan tener otras personas o instituciones. Por eso se dice que el Estado, por ejemplo, tiene una función subsidiaria. Sólo cuando los padres no pueden cumplir con ese deber, o no pueden hacerlo de manera suficiente, debe entrar el Estado a completar lo que falta a la acción educativa de los padres. 

Pero algo parecido se puede decir del derecho de los padres con relación a la Iglesia misma. En efecto, el Código de Derecho Canónico establece con claridad que: “Por haber trasmitido la vida a sus hijos, los padres tienen el gravísimo deber y el derecho de educarlos; por tanto corresponde a los padres cristianos en primer lugar (imprimis, dice el texto latino) procurar la educación cristiana de sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia” (c. 226 § 2). 

La familia constituye, además, el ambiente más favorable para la educación y desarrollo integral de los hijos. Un ambiente en el que son realidades vividas: el amor de cada uno de sus miembros por lo que es y no por el beneficio que reporta; el respeto de la variedad y diversidad; el sentido e importancia de lo que es de todos; la solidaridad; la atención preferencial al más débil; la convivencia entre generaciones, etc. 

Los padres gozan de las gracias y ayudas de Dios, necesarias para el cumplimiento de su misión de educar a los hijos. Una misión que podríamos denominar con toda razón como sagrada. Los padres deben empeñarse en ella con todas sus fuerzas pues tiene que ver, y mucho, con la felicidad de todos y cada uno de los miembros de la familia. 

Continuaremos a próxima semana. 

+José María Yanguas Sanz

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad.Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad.Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988.Es autor de los siguientes libros:- Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983;- Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985;- La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994.Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán.Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo.Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).