Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica

Mons. Rafael Palmero    El domingo, 27 de mayo, cincuenta días después de Pascua, celebramos la fiesta de Pentecostés. Derrama el Resucitado entonces sobre su Iglesia el don del Espíritu Santo, señor y dador de vida que convierte a los discípulos, ya sin miedo, en apóstoles y los envía a proclamar por todo el mundo el evangelio del Reino. No es casualidad que en esta última solemnidad de la pascua, cuando celebremos también el Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica. Con el Espíritu Santo recibido en Pentecostés, los discípulos comienzan con la misión de anunciar a los hombres de todos los tiempos, el Evangelio, la nueva ley entregada por Dios al pueblo de la Nueva Alianza: la del Amor. Ley escrita no en tablas de piedra, sino en el corazón de cada ser humano. 

“Como el Padre me ha enviado, así os envío yo” (Jn 20, 21).

El lema de este año para la celebración de la jornada es“Apóstoles para la Nueva Evangelización”. En los trabajos de preparación para el próximo Sínodo de Obispos sobre la nueva Evangelización se lee:“la nueva evangelización es una actitud, un estilo audaz. Es la capacidad de parte del cristianismo de saber leer y descifrar los nuevos escenarios, que en estas últimas décadas han surgido dentro de la historia humana, para habitarlos y transformarlos en lugares de testimonio y de anuncio del Evangelio”.

El Espíritu Santo recibido en el bautismo y en la confirmación nos capacita para la misión, sabiendo que es tarea particular de los cristianos laicos impregnar del Evangelio las realidades temporales del mundo laboral, económico, cultural, de la familia, de la vida pública y política, de la paz, siempre a través de la conversión de los corazones de las personas concretas.  No basta la conversión del corazón, olvidando las realidades del mundo; tampoco basta por sí mismo la transformación de las estructuras que conforman la realidad social; hace falta transformar el mundo con la conversión de los corazones de los hombres y mujeres. Como dice el Documento teológico de nuestro Congreso, los laicos, “han de hacer que la Iglesia esté presente en el mundo y llevar el clamor del mundo hasta el corazón de la Iglesia”. 

“A cada cual se le da la manifestación del Espíritu para el bien común” (1Cor 12, 12).

Pienso en todos los seglares, pero de modo especial en los miembros de movimientos y asociaciones. Y en los de Acción Católica, por supuesto. Y os recuerdo con palabras de Benedicto XVI “Sois niños, adolescentes, jóvenes y adultos que se ponen a disposición del Señor en la Iglesia con un compromiso solemne, público, en comunión con los Pastores, para dar un buen testimonio en todos los ámbitos de la vida. Vuestra presencia es omnipresente en las parroquias, en las familias, en los barrios, en los ambientes sociales: Vuestras asociaciones son “gimnasios de santidad”, en las que os entrenáis con dedicación plena en la causa del Reino de Dios, en un sistema de vida profundamente evangélica que os caracteriza como laicos creyentes en los lugares de la vida cotidiana. Esto exige oración intensa ya sea comunitaria o personal, la escucha continuada de la Palabra de Dios, y una asidua vida sacramental. Es necesario hacer del término “santidad” una palabra común, no excepcional, que no designe sólo a estados heroicos de vida cristiana, sino que indique en la realidad de todos los días, una respuesta decidida y una disponibilidad a la acción del Espíritu Santo”.

 Esta corresponsabilidad vuestra, la de los laicos comprende la edificación de la comunidad eclesial y su acción evangelizadora en la sociedad civil. Conscientes siempre de que dicha participación de los laicos en la vida de la comunidad eclesial y su acción evangelizadora en la sociedad civil no son responsabilidades paralelas y acciones separables ni contrapuestas. Empujamos todos en el mismo carro y trabajamos, juntos, en la única viña de Dios.

“El vuestro es un compromiso –continúa diciendo el Papa-  que se cumple sobre todo, a partir de la vida cotidiana, de madres y padres que luchan en los desafíos de la educación de los hijos, de trabajadores y de estudiantes, de centros de cultura orientados al servicio del crecimiento de todos. Hoy la vida pública del país exige una respuesta ulterior y generosa por parte de los creyentes, para que pongan a disposición de todos, sus propias capacidades y fuerzas espirituales, intelectuales y morales. Santidad significa también para vosotros darse al servicio del bien común según los principios cristianos, ofreciendo, en la vida de la ciudad, presencias cualificadas, gratuitas, rigurosas en los comportamientos, fieles al magisterio eclesial y orientadas al bien de todos”. 

Sed, con la fuerza del Espíritu, apóstoles para la Nueva Evangelización 

+ Rafael Palmero Ramos

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Rafael Palmero
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Nace en Morales del Rey, provincia de Zamora y diócesis de Astorga, el 27 de julio de 1936. Curso los estudios de humanidades y filosóficos y los dos primeros años de teología en el seminario conciliar de Astorga. Después, en Roma, amplió su formación teológica. Allí obtuvo la licenciatura y el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana y la licenciatura en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino “Angelicum”. Fue ordenado sacerdote el 13 de septiembre de 1959 en Astorga. En 1972 se incardinó en la archidiócesis de Toledo.CARGOS PASTORALESSu ministerio presbiteral comenzó en la diócesis de Astorga. Entre 1961 y 1965 fue secretario de estudios y profesor de Eclesiología y de Doctrina Social de la Iglesia en el seminario mayor diocesano de Astorga y, entre 1963 y 1968, fue delegado episcopal de cáritas diocesana de Astorga. En el año 1968 se trasladó a Barcelona como secretario particular del entonces arzobispo coadjutor de Barcelona, Mons. Marcelo González Martín, cargo que desempeñó hasta el año 1972. También hasta este año, y desde 1969, fue el Presidente del Patronato Diocesano de la “Obra Benéfica Asistencial del Niño Dios”, en la ciudad condal. El año 1972 se trasladó, junto a Mons. González Martín, a Toledo. En esta diócesis fue Vicario General y profesor del Seminario Mayor, entre 1972 y 1987, y arcediano de la Catedral, entre 1974 y 1987.El 24 de noviembre de 1987 fue nombrado obispo auxiliar de Toledo y obispo titular de Pedena. Recibió la ordenación episcopal el 24 de enero de 1988. El 9 de enero de 1996 fue trasladado a la sede episcopal de Palencia. El 26 de noviembre de 2005 fue nombrado Obispo de Orihuela-Alicante, tomando posesión de la sede el 21 de enero de 2006. El 27 de julio de 2012, el Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis, en conformidad con el canon 401, párrafo 1, del Código de Derecho Canónico. Dejó la diócesis el 29 de septiembre de 2012.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 1987 hasta 1990. Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1990 hasta 1993. De 1990 a 1999 ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y de 1993 a 1999 de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Desde 1999 es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral, donde es responsable del Departamento de Pastoral de la Salud. Fue miembro del Consejo de Economía desde 1999 hasta noviembre de 2012.