Silencio y Palabra, camino de evangelización

Mons. Alfonso Carrasco Rouco    Un año más, la Iglesia celebra la Jornada de las Comunicaciones Sociales en el día de la Ascensión del Señor. Desde su inicio las Jornadas hicieron un especial hincapié en la importancia de los medios de comunicación de cara a la evangelización, y consecuentemente en la urgencia de una formación que permita llevar a cabo ese objetivo de una manera profesional y efectiva.

La identidad misma de la Iglesia está constituida por una misión de comunicación. Ella sabe que existe al servicio del mejor de los mensajes, la Buena Noticia de la salvación. Y de hecho, a lo largo de la historia, siempre utilizó los medios más adecuados y las nuevas plataformas que iban apareciendo para cumplir su misión.

La utilización de nuevas técnicas o medios de comunicación estaba destinada a anunciar y hacer más accesible el Evangelio. Por eso, la Iglesia siempre se preocupó también de que las formas de transmisión sirvieran a los contenidos y no los traicionasen, en la música, en la escultura, en la pintura, etc., hasta llegar al uso de la imprenta en la época moderna. Hoy en día, la nueva cultura mediática introduce técnicas y necesidades nuevas, y, en primer lugar, la urgencia de la información, que forma ya parte esencial del proceso de comunicación. También aquí los contenidos deben tener formas de expresión idóneas, de modo que el acontecer eclesial haga presente en el panorama de los medios la vida nueva que nace del Evangelio.

La novedad quizás más grande está, no obstante, en que cada persona puede ser ya no solo receptor, sino también emisor de contenidos, lo que abre nuevos frentes y posibilidades a la labor comunicativa de la Iglesia. Cada vez más personas se acercan a la red dejando preguntas y buscando respuestas sobre a los interrogantes últimos de la existencia: quién son yo?, que puedo saber?, que puedo hacer?, que puedo esperar? La red se nos presenta así como un «ágora» nuevo, que multiplica los contactos y las ocasiones de diálogo, y que puede incluso conducir a relaciones y encuentros personales, imprescindibles para la transmisión de la fe.

En el mensaje de este año para la Jornada de las Comunicaciones, nuestro Papa nos invita a aprovechar la ocasión de acercarnos a todas estas personas con la propuesta de la Palabra y también del silencio. Nos pide luego que hagamos un alto en el frenético ritmo del mundo mediático, que sepamos ir más allá de las cuestiones técnicas, para llegar a utilizar las ventajas de las tecnologías de la información en beneficio de la persona. El Papa nos recuerda que «aprender a comunicar quiere decir aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de evangelización: silencio y palabra son elementos esenciales e integrantes de la acción comunicativa de la Iglesia para un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo».

Esta unidad de palabra y de silencio es de gran importancia en las circunstancias actuales, ante la enorme cantidad de información que entra y afecta cada vez más a nuestra existencia cotidiana por medio sobre todo de la presencia constante de medios audiovisuales y de una inmensa red globalizada de comunicación.

Benedicto XVI reconoce el hecho y la importancia de estas nuevas tecnologías, y al mismo tiempo que no se bastan por sí solas. La persona sigue siendo determinante en todo proceso de comunicación, en la transmisión y en la recepción del mensaje. Pues también aquí es verdad que el hombre no se salva gracias a nuevas técnicas, sino al encuentro con Aquel que es la Verdad y la Vida, Jesucristo el Hijo de Dios.

El seguimiento de su Persona, en un silencio íntimo y atento, es el principio permanente de un cambio cualitativo también en nuestra forma de comunicación, en nuestra capacidad de escuchar y acoger a quien se nos acerque, y en la de transmitir los contenidos del Evangelio. El silencio, en el que respira nuestro corazón, es compañero inseparable de la palabra, y no puede quedar en la sombra por las urgencias de la inmersión en las nuevas tecnologías o de la capacitación para su uso. 

Si sabemos acoger realmente en nuestra interioridad la Palabra del Señor, crecerá siempre también el interés por las nuevas plataformas de información, que pueden ayudar al hombre de hoy a vivir y compartir momentos de reflexión, e incluso a encontrarse con un testimonio nuestro dado a la palabra de Dios. 

Que María, que guardó en el corazón todas las palabras de su Hijo y las meditó calladamente, nos ayude a escuchar siempre al Señor y al hermano, y a saber ir al encuentro de quien necesite una palabra de esperanza, haciéndole presente la verdadera Buena Noticia por todos los medios que ofrecen hoy las tecnologías de la información. 

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

 

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
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Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.