La Iglesia necesita un laicado comprometido y coherente

(Esta Hora. http://www.iglesiadeasturias.org)

Ángeles Mortera, administrativa en La Felguera, y Alberto Busto, coordinador de un centro de discapacitados en Gijón, intercambian opiniones sobre el papel de los laicos en vísperas de la celebración del Día del Apostolado Seglar

Ambos participásteis en el Sínodo diocesano que se clausuró el pasado 10 de diciembre. ¿Cómo describiríais esta experiencia como laicos en la Iglesia en Asturias?

Ángeles Mortera: Desde el comienzo del Sínodo ha pasado mucho tiempo. En la fase preparatoria, a principios del año 2007, no sabíamos muy bien qué era aquello del Sínodo. Estábamos expectantes, porque parecía que se quería revitalizar la fe y la vida cristiana de los fieles. A la gente le gustaba, y en el siguiente paso, los grupos sinodales, observamos que se apuntó gente que iba normalmente a misa, pero no participaba de la vida de la parroquia. El trabajo fue importante y los grupos se implicaron mucho, y se tomaron la tarea con ilusión y esperanza. Incluso, cuando acabó esta fase, los grupos de mi parroquia, San Pedro, en la Felguera, pensaron en seguir trabajando juntos. La última etapa de la asamblea sinodal para mí fue muy positiva, estuvo muy bien organizada y aprendimos mucho, aunque yo no hubiera resumido tanto los temas.

Alberto Busto: Yo sobre todo participé en la última fase. Para mí fue una experiencia muy enriquecedora, donde me encontré con una gran diversidad, distintas sensibilidades dentro de la Iglesia, distintos carismas, que luego se fundían en una misma comunión. Es cierto que hubo algunas voces discordantes, que creo que estaban fuera de lugar porque planteaban cosas que no podían solucionarse allí. Pero en general me pareció muy enriquecedor.

¿Cómo valoráis la situación de la Iglesia en Asturias hoy?

Á.M.: Yo la situación actual ahora la vivo un poco desilusionada. El Sínodo se clausuró hace ya tiempo y, aunque sabemos que es un trabajo que no es de un día para otro, sí que creo que no podemos pasar más tiempo en blanco. Las parroquias no paran, se sigue trabajando mucho, pero a veces me parece que Asturias parece dormida. También es verdad que hemos vivido una situación especial: don Carlos se marchó en el peor momento, don Jesús, aunque no fue culpa suya, tardó en llegar, y como es normal, necesitó un tiempo para adaptarse.

A.B.: Entiendo tu realismo, pero también pienso que estamos en una empresa que no es “2 más 2 igual a 4”. Es difícil coger algo que ha iniciado otra persona y tener que finalizarlo. Personalmente creo que ha sido inteligente por parte de don Jesús pulsar un poco la Iglesia de Asturias, seguro que ha sido positivo para él como Pastor. Yo no creo que todo esté tan parado. Creo que veremos las respuestas, pero quizá no como grandes itinerarios o grandes caminos, porque las respuestas las tenemos en Cristo. No veo soluciones mágicas para la Iglesia, y al tiempo vi mucha coherencia entre la gente que conocí en el Sínodo, donde creo que está la clave.

¿Qué creéis entonces que falta para despertar?

Á.M.: Yo creo que lo primero y lo más urgente es un plan pastoral realista y que ilusione. Que nos enganche, que consiga despertarnos y que nos pongamos a trabajar todos por el Reino y en la misma dirección.

A.B.: Yo creo que la Iglesia necesita que cada uno seamos muy coherentes. Somos una familia y cada uno de sus miembros tiene que poner de su parte para sacar adelante el Reino de Cristo y rescatar a los hombres de ese desierto en el que están y donde no conocen a Cristo. Necesitamos que se vea en nosotros el atractivo de nuestra alegría. El Sínodo decía “Tiempo para escucharnos”. Sí, para escucharnos a nosotros, pero también para saber escuchar a los demás. Cáritas hoy está escuchando en Asturias a la gente. No está diciendo “tenéis que hacer esto o lo otro”, sino diciendo “¿qué necesitas?”. Tenemos que ser sembradores de paz y alegría por todo lo que recibimos. Si damos testimonio, de manera serena evangelizaremos Asturias.

Una “pastoral de mantenimiento” demasiado cómoda

Estamos en una época de sequía de vocaciones a la vida consagrada, pero en cambio los nuevos movimientos eclesiales crecen y parecen llenar algún tipo de vacío. ¿Cómo lo interpretáis?

Ángeles Mortera: Pienso que las parroquias seguimos cuidando lo de siempre. No hay innovaciones. Se hace una “pastoral de mantenimiento”, donde se atiende al culto, la catequesis, la Cáritas parroquial y algún que otro grupo. Pero nada más. Lo nuevo parece que nos da un poco de “repelús”. Los laicos, y ahí tenemos toda la culpa del mundo, no nos comprometemos y somos muy cómodos. Vamos a misa los domingos, te sientas, escuchas y te vas. Ya está, cumplí. A mí que no me pidan más. Tendríamos que tener más responsabilidades. Yo personalmente conozco poco a los nuevos movimientos. Con motivo de la JMJ tuvimos varios grupos y me quedé impresionada. Eran chicos de diez, llamaban la atención de lo alegres que eran y cómo manifestaban su fe. Creo que a los nuevos movimientos hay que dejarles su espacio, si son cosa de Dios, saldrán adelante.

Alberto Busto: Respecto a las vocaciones, creo que es una crisis más bien de las familias, y la falta de transmisión de valores. Me gusta mucho la idea que dices de la “pastoral de mantenimiento”. A veces noto muy poca valentía y poca fe por parte de los laicos, empezando por mí. No nos damos cuenta de que los jóvenes no quieren medias tintas, de que les mueven los grandes ideales. No podemos parar los cauces de Dios, y tenemos que pensar que puede que a ese joven, por ejemplo, con el
que estoy tratando, tenga vocación. Por otro lado, creo que los movimientos son aire fresco para la Iglesia, la mayoría están encabezados por personas muy santas que han movido a otros laicos. Hoy, debido a las múltiples crisis que hemos pasado, creo que en la Iglesia somos más “piña”, estamos más unidos. Da igual que seas de Lumen Dei, del Opus Dei o de las Esclavas… Los movimientos están sirviendo para que afloren personas con más coherencia, que nos formemos mejor y que caminemos unidos. La Jornada Mundial de la Juventud, es verdad, ha sido un testimonio maravilloso de esta diversidad y esperanza, cuando tantas veces vas a misa y sólo ves gente mayor.

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