En la Ascensión del Señor a los Cielos

Mons. Gerardo Melgar   Queridos diocesanos:

“¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (Hch 1, 11) Ésta es la pregunta que el ángel dirige a aquellos discípulos que se habían quedado ‘paralizados’, por así decir, ante la Ascensión de Jesús al Cielo. El Maestro les había encomendado una misión que debían realizar –“id al mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16, 15)-, les había confiado la gran tarea de ser sus testigos en todo el mundo.

Ser cristiano es luchar por encontrar el equilibrio entre ‘mirar al Cielo’ y ‘estar en la Tierra’, viviendo los valores de ‘allá arriba’ (cfr. Col 3, 1). En nuestra vida de creyentes existen dos peligros que hemos de enfrentar con todas nuestras fuerzas: por un lado, elespiritualismo, es decir, quedarse ensimismado con el Cielo olvidándose de los problemas de la tierra; por otro, el materialismo, o sea, vivir en la tierra, de la tierra, y para la tierra olvidándonos del Cielo. Hoy, nuestro peligro no es quedarnos ensimismados mirando al Cielo, pues vivimos una época de activismo, al mismo tiempo que dejamos que el barro de la tierra se pegue a nuestras suelas de tal modo que nos olvidamos de nuestro último destino, la Vida eterna en el Cielo. Además, sabemos que el hombre de hoy valora, sobre todo, lo material (lo ‘contante y sonante’, como solemos decir) y no valora lo suficiente lo espiritual, su esencia más íntima y profunda.

En este sentido, es fácil observar cómo el hombre actual se olvida de los grandes e insustituibles valores del Reino: la honradez, la verdad, la autenticidad, la sencillez, la caridad, la fe, el sacrificio y la abnegación, la Vida eterna, la misericordia, etc. en definitiva, se olvida de Dios. Sí, hermanos, estos valores son de poca actualidad; por el contrario, el poder, la violencia, el goce sin límites ni barreras, el ‘tener más’, la comodidad, el vivir la vida sin preocuparnos de nada ni de nadie, etc. son contra-valores muy en boga.

En vista de lo anteriormente comentado, diría que los hombres y mujeres de nuestro tiempo tenemos demasiado fija nuestra mirada en la Tierra y en lo terreno, y muchas veces nos olvidamos de que tenemos un destino que supera nuestra vida aquí en la tierra: nos olvidamos del Cielo, de la Vida eterna después de la muerte terrena que Cristo nos ha prometido si somos capaces de vivir su estilo de vida y de enseñarlo a los demás.

Esta Solemnidad de la Ascensión del Señor se convierte para todos en una llamada a ‘mirar al Cielo’, a recordarnos que nuestro destino no es este mundo, porque este mundo se acaba, sino la Vida sin fin y gozosa en el Reino de Dios. De este modo, la Ascensión es una llamada a valorar y vivir nuestra vida desde los valores del Reino; es una llamada a mirar al Cielo para mirar con otros ojos todo lo terreno y, al mismo tiempo, es una llamada a mirar al Cielo para descubrir los criterios y valores desde los que debemos de transformar el mundo.

Ahora bien, esta Solemnidad no se puede convertir para nosotros, en modo alguno, en una huida del mundo. ¡No! Al contrario, es una llamada de Jesús a vivir su estilo de vida y comunicarlo así a los demás, siendo sus testigos en una sociedad que tanto lo necesita. Además, la Ascensión señala el comienzo del tiempo de la Iglesia, en el que ésta debe llevar adelante y hacer realidad el encargo de Jesús de cambiar el mundo de acuerdo con el sentir y el pensar de Dios sabiendo que, en esta sublime misión, no está sola pues Él no nos ha dejado huérfanos sino que estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cfr. Mt 28, 20)

Ésta es nuestra tarea, la evangelización del mundo; misión en la que nos debemos de sentir implicados todos los que hemos sido bautizados y pertenecemos a la Iglesia. En ocasiones nos quejamos de nuestro mundo, “materialista, hedonista y egoísta, donde cada uno va a lo suyo”, decimos; sin embargo, este mundo lo hemos construido entre todos, fruto de una mirada demasiado pequeña y corta que nos hace pensar sólo en el ‘aquí y ahora’, olvidándonos del futuro que va más allá de esta Tierra y que hemos de ir preparando viviendo con autenticidad y coherencia los valores del Reino, al mismo tiempo que comunicándolos con alegría a los demás.

Vivamos hoy la Solemnidad de la Ascensión del Señor en todo su significado y revisemos nuestra vida para ver si nuestra mirada está centrada exclusivamente en este mundo y muy poco en la Vida futura; ‘veamos’ si estamos intentando construir un paraíso ficticio aquí abajo olvidándonos de que el verdadero Cielo nos lo regalará el Señor después de que hayamos desplegado nuestra existencia como quien se sabe peregrino hacia la morada definitiva.

¡Feliz Solemnidad de la Ascensión para todos, mis queridos hermanos y hermanas!

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.