El Cardenal de Madrid recuerda a los misioneros que “en cualquier parte del mundo donde viva un hombre, allí quiere estar el Señor”

El domingo 20 de mayo, festividad litúrgica de la Ascensión del Señor, se celebró en la diócesis de Madrid la Jornada de los Misioneros Diocesanos, con el lema “¡Sé laico misionero!”. Con este motivo, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha dirigido una carta a los misioneros y misioneras madrileños, en la que les ha recordado que “en cualquier parte del mundo donde viva un hombre, allí quiere estar el Señor, quiere estar Jesús para acompañarlo, para animarlo, para consolarlo. Por eso necesita de nosotros, necesita de vosotros, sus misioneros. Habéis oído su voz que os llama, que os ha iluminado el corazón. Y habéis respondido que Sí, que queréis seguirle, que queréis vivir de su amor y hacer que otros muchos lo descubran y vivan como vosotros. ¡Qué alegría vuestra respuesta! Pero aún más, ¡qué alegría que el Señor se haya fijado en ti y te haya hecho portador de algo tan hermoso! ¡Damos gracias a Dios! Ser misionero, en verdad, es una inmensa gracia, para vosotros, por la posibilidad que vuestra vocación os da de entrar en el corazón desgarrado de tantas personas necesitadas, ante todo, de Dios, personas que sufren a causa de la pobreza, de la incultura, de la violencia, de la injusticia, de la falta de fe. Y también es una gran gracia para nuestra Iglesia diocesana de Madrid que, como todos los años, en la solemnidad de la Ascensión del Señor os recuerda de un modo particular, al celebrar el Día de los Misioneros Madrileños. ¡Queremos estar cerca de vosotros! ¡Queremos que no os sintáis lejos de nuestra diócesis, en la que os recordamos con mucho afecto y, sobre todo, con la oración!”.

“Os felicitamos de corazón por lo que estáis viviendo”, asegura, al tiempo que explica el lema elegido para este año, con el que “queremos poner los ojos en los seglares. La gran mayoría de los misioneros, no sólo de Madrid, sino en toda España, Son sacerdotes y consagradas, pero hay que decir con alegría que nuestra diócesis cuenta con más de 200 misioneros laicos; entre vosotros, hay no pocos matrimonios, algunos con familia, y es justo que os recordemos en esta Jornada Misionera de nuestra diócesis de modo particular. Sois un gran apoyo en las misiones a las que os habéis incorporado. Seguro que para vuestras familias es un gran sacrificio prescindir de vuestra presencia, y de la cercanía de vuestros hijos, aquellos que los tengáis; pero todos hemos de ver que estáis respondiendo a una vocación, a una llamada del Señor, que habéis de vivir con alegría y con sentido sobrenatural. Además, vuestra presencia en la misión es un continuo recuerdo de la vocación bautismal para los que reciben vuestra acción misionera y también para los que os acompañamos desde lejos, pero siempre con el corazón muy cercano a vosotros”.

“No podemos olvidar en ningún momento, prosigue, que la vocación cristiana es vocación misionera, que todos los bautizados, los sacerdotes y consagrados como los seglares, todos somos, de un modo u otro, misioneros, apóstoles de la verdad y del amor de Dios en todo momento y lugar”. Pero, “en Madrid, necesitamos que los seglares se planteen en serio si el Señor los llama a dejar sus casas y tierras por llevar a los que no lo conocen el amor de Dios; y aquellos que no se sientan llamados a la misión ‘ad gentes’ tienen que ser conscientes de que aquí, en nuestra gran ciudad, en nuestros pueblos y barrios, también ellos han de ser apóstoles, misioneros, sembradores de la alegría del Evangelio de Cristo”.

Pidiendo “la ayuda preciosa de vuestro testimonio, y de vuestra especial oración al Señor” para la Misión Madrid que se va a desarrollar a partir del próximo curso, concluye encomendando a los misioneros y misioneras madrileños.

“Ese ‘Sí’ también lo habéis tenido que dar vosotros”

Además, el Cardenal ha dirigido una carta a los padres y familiares de los misioneros y misioneras madrileños, en la que les explica que “el mandato de Jesús de ir al mundo entero para llevar el Evangelio de la salvación resonó de un modo particular” en el corazón de “vuestros hijos e hijas”, y “les movió a entregarse del todo a la misión. ¡Qué importantes son cada uno de ellos para Dios! Su presencia es un don para aquellos a los que llevan el Evangelio y les anuncian el amor y la paz de Dios. Pero también su vida es un regalo para Dios. ¡Qué bueno es que Dios pueda contar con ellos, con su vida, con su corazón, con su entrega! Cuando parten a países lejanos saben muy bien que no van a una tarea fácil; que su corazón, muchas veces, se desgarrará por el dolor de la soledad, la incomprensión, la enfermedad, el cansancio, y a veces incluso la persecución. Pero no reparan en estas dificultades, y deciden no poner excusas, impedimentos. No, ellos han respondido que sí al Señor y asumen ya esas pruebas antes de partir y lo siguen haciendo a lo largo del tiempo que lleven en aquellas tierras a las que Dios nuestro Señor los ha enviado”.

Para el Cardenal, “ese ‘Sí’ también lo habéis tenido que dar vosotros. Renunciando a su proximidad y a su presencia entre vosotros, habéis dicho que sí al Señor también, y estoy seguro de que este sacrificio y esta renuncia va a dar muchos frutos en el trabajo apostólico de vuestro hijo, hermano o familiar misionero. Lo vuestro es otra forma de haber oído la voz del Señor invitando a su seguimiento. Vuestros hijos o hermanos lo saben y os lo agradecen, porque reconocen que la vocación misionera es cosa de ellos, sí, pero que también ha implicado vuestra vida entera. Por ello: ¡gracias!”.

En referencia al lema de este año, señala que “cada año son más los seglares que descubren la misión como vocación propia suya también, porque, ciertamente, la misión de llevar el Evangelio a todas las gentes no está reservada a los sacerdotes o a las personas consagradas, religiosos y religiosas. Toda la Iglesia es misionera, y nos lo pone bien delante el Santo Padre ante este próximo curso, en el que vamos a celebrar el ‘Año de la fe’ y nos proponemos vivir en nuestra Iglesia diocesana la exigencia de una nueva evangelización en la que hemos llamado ‘Misión Madrid’. A todos los laicos cristianos de Madrid, y de modo especial a vosotros, que sin duda sentís muy de cerca la importancia de la misión ‘a todas las gentes’, os animo a seguir el sentir del Papa Benedicto XVI, que a todos nos llama a llevar adelante con fuerza renovada la Nueva Evangelización, en este año, precisamente, del Sínodo que se va a celebrar en Roma con este fin, y de la constitución del nuevo Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización; y teniendo en cuenta también que la Jornada Mundial de la Juventud de! pasado verano en Madrid ha sido una gracia inmensa, y nos ha reavivado a todos el espíritu misionero, que abraza a toda la Humanidad, y no sólo a los jóvenes, sino a !a Iglesia entera”.

Concluye encomendando a los familiares de los misioneros “a la Reina de las Misiones, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Almudena, para que, con su poderosa intercesión, recibáis todas las bendiciones de Dios”.

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