Silencio y Palabra en la Evangelización

Mons. Barrio   “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 15,15). Esta misión que Jesús resucitado  encomienda a su Iglesia, motiva la coincidencia de la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales con la solemnidad de la Ascensión. 

 El ejemplo de Jesús

En la relación personal de Jesús con Dios Padre y con los hombres, el silencio jugó un papel muy  significativo. El episodio del leproso curado nos deja una referencia curiosa por parte del Señor: “No se lo digas a nadie” (Mc 1,44). ¿Humildad del Maestro? Por supuesto; pero además, la interiorización silenciosa del favor obtenido supondría un beneficio añadido al don de la curación. La crucifixión de Cristo marca un hito en el modo en que Dios habla por medio de su silencio: “La experiencia de la lejanía del Omnipotente y Padre, es una etapa decisiva en el camino terreno del Hijo de Dios, Palabra encarnada…

El silencio de Dios prolonga sus palabras precedentes. En esos momentos de oscuridad, habla en el misterio de su silencio” 

La función del silencio

A veces se encuentran personas que les cuesta mucho escuchar. Con ellas la conversación se vuelve un monólogo. El silencio forma parte de la propia comunicación y hace que las palabras cobren una densidad especial con relación a su contenido, posibilitando la escucha respetuosa de lo que el otro comunica y expresando el deseo de saber más. Al mismo tiempo, permite la reflexión y la elaboración adecuada de los discursos y la articulación de las ideas para que puedan servir mejor a las personas con quienes uno se comunica.

Desempeña un doble papel, imprescindible para cualquier comunicador, velar por la calidad del mensaje a transmitir y acercar la verdad conocida al receptor. El mutismo absoluto incomunica, no resuelve las cuestiones. La humanización del ser humano avanza cuando las palabras permiten un diálogo profundo y sereno, con intercambio de silencio y reflexión, sobre todo, respecto a las preguntas últimas de la existencia humana: ¿quién soy yo?, ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer?, ¿qué puedo esperar? Es
importante acoger a las personas que se formulan estas preguntas. 

Equilibrio entre silencio, palabra, imágenes y sonido 

La persona no se siente a gusto con un mero intercambio de
opiniones o de experiencias de vida, por muy sencillas, particulares o tolerantes que parezcan, en el que a todas las respuestas se les dé el mismo valor. La comunicación de nuestra época viene marcada por un cúmulo ingente de palabras, imágenes y sonidos, que pretenden construir emociones como cauce para trasmitir mensajes. Pero una emoción puede resultar efímera, vacía, imparcial o, cuando menos, ambigua. Y desde luego, no compromete. Por ello, el silencio puede aportar un espacio para la escucha y el conocimiento mejor de nosotros mismos; para una mejor comprensión de los pensamientos, palabras y gestos propios y de los de los demás, tratando de articular más claramente las expresiones. Allí donde los mensajes y la información son abundantes, el silencio se hace esencial para discernir lo que es importante de lo que es inútil y superficial.

Los grandes comunicadores saben que el futuro de la sociedad no
se va a jugar tanto en el acceso a la mayor cantidad posible de información
cuanto en su interpretación auténtica. La Palabra de Dios posee el don de guiar como una brújula, a quien se acoge a ella en medio de la maraña informativa de nuestro tiempo. 

Palabra y silencio para nuestra vida de oración

Dios habla al hombre en el silencio, que le dispone para hablar con Dios. Además de la actitudes necesarias para la oración como la pureza del corazón, la confianza audaz y filial, la vigilancia, que protege al discípulo de la tentación, a las que se refiere el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, hemos de recordar las propias palabras de Jesús en el
Evangelio: “Cuando recéis, no uséis muchas palabras como los gentiles, que se
imaginan que por hablar mucho les harán caso” (Mt 6,7). La oración no es mera cuestión de léxico. Conviene recordar  la necesidad del silencio interior y exterior para poder escuchar y acoger la Palabra de Dios. En la exhortación
Verbum Domini, el Papa nos recuerda la necesidad de una pedagogía sobre el
valor del silencio. Por eso forma parte insustituible en la Liturgia de nuestrascelebraciones. Ante una decisión crucial, Jesús se retiraba a un lugar apartado.

El silencio es capaz de abrir un espacio interior  en  lo  más  íntimo  de  nosotros mismos, para hacer que allí habite Dios, para que su Palabra permanezca en nosotros, para que el amor arraigue en nuestra mente y en nuestro corazón, y anime nuestra vida.

Hay momentos en que las personas notan intensamente el aparente silencio de Dios, como si no nos escuchase ni respondiese. Pero Dios no está ausente. Cuanto más abiertos estamos a su silencio y a nuestro silencio, más comenzamos a conocerlo realmente. Aprovechemos la oportunidad que
nos ofrece esta jornada para comunicarnos con Dios en un clima de
recogimiento y poder luego manifestarlo con gozo a los demás.

+ Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela

Mons. Julián Barrio Barrio
Acerca de Mons. Julián Barrio Barrio 161 Articles
D. Julián Barrio Barrio preside la Iglesia Compostelana desde el día 25 de febrero de 1996, fecha en que tomó posesión de la Sede para la que había sido nombrado por el Papa Juan Pablo II el día 5 de enero del mismo año. Cuando este evento se produjo, llevaba ya dos años con nosotros. Había llegado desde la Iglesia hermana de Astorga el día 7 de febrero de 1993 en pleno Año Jubilar, siendo consagrado en nuestra Catedral como Obispo Titular de Sasabe y Auxiliar de su antecesor. Desde octubre de 1994 hasta su nombramiento gobernó la archidiócesis como Administrador Diocesano. Nació en Manganeses de la Polvorosa, provincia de Zamora y Diócesis de Astorga, el 15 de Agosto de 1946. Cursó los estudios de Humanidades y de Filosofía en el Seminario Diocesano de Astorga. Distinciones: - Medalla de Honor de la Universidad en la Licenciatura de Historia de la Iglesia en la Facultad de Historia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1974). - Medalla de Oro en el Doctorado en la Facultad de Historia de la Iglesia de la Universidad Pontificia Gregoriana (1976). - Medalla de Oro de la Ciudad de Santiago y Título de Hijo Adoptivo. - Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén. Miembro de la Confraternidad de Nosa Señora da Conceçao. - Capellán Gran Cruz Conventual “Ad honores” de la S. O. Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta. - Medalla de oro del Concello de Vila de Cruces. Premio de Santa Bona de la Ciudad de Pisa (Italia). Títulos Académicos: Es Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, por la Universidad de Oviedo (1979). Publicaciones: - Félix Torres Amat (1772-1847), Un Obispo reformador, Roma 1977. - La Junta de ancianos de la iglesia de Gibraltar: Anthologica Annua. - Aportación para un epistolario de Félix Torres Amat: Anthologica Annua. - Proceso a un clérigo doceañista: Astorica. - 25 Años de Postconcilio en el Seminario: 25 Años de Ministerio episcopal en la Iglesia Apostólica de Astorga, Astorga 1993. - La formación de los sacerdotes del mañana, (1989). - Peregrinar en Espíritu y en verdad. Escritos Jacobeos (2004). - Peregrinando en esperanza. Lectura creyente de la realidad actual (2007). Cargos: - Bibliotecario del Instituto Histórico Español, anejo a la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat en Roma, de donde fue Becario. - Secretario de Estudios y Vice-Rector del Seminario Mayor Diocesano de Astorga (1978-1980). - Rector del Seminario Mayor Diocesano y Director del Centro de Estudios Eclesiásticos del Seminario de Astorga (1980-1992). - Profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario Mayor y de Historia de España en 3º de BUP y de Contemporánea en COU en el Seminario Menor (1980-1992). - Profesor de la UNED en la sección delegada de Valdeorras en A RUA PETIN (1991-1993). - Miembro del Consejo Nacional de Rectores de Seminarios (1982-1985). - Miembro del Consejo de Consultores del Obispo de Astorga. - Secretario del Consejo Pastoral Diocesano de la diócesis de Astorga (1991-1992). - Nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela el 31 de Diciembre de 1992. Ordenación episcopal el 7 de Febrero de 1993. Responsable de la sección de los Seminarios Mayores en la Comisión Episcopal de Seminario y Universidades de la Conferencia Episcopal Española. - Obispo Administrador Diocesano de la Archidiócesis de Santiago desde octubre de 1994. - Nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela el 5 de enero de 1996, de cuya Sede toma posesión el 25 de febrero. - Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española (1999-2005). - Miembro de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española (Marzo 1999…). - Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Marzo 2005-2011). - Miembro del Comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal Española (2011…).