Pentecostés, una nueva vitalidad

Mons. Joan Piris    Es frecuente compartir ideas sobre la necesidad de cambios en la Iglesia al constatar algunos fenómenos preocupantes, como el número y la media de edad de quienes participan habitualmente en las celebraciones y / o la sequía vocacional. Ciertamente son cosas innegables en países de vela cristiandad como el nuestro y no faltan análisis y explicaciones en términos sociológicos, demográficos, culturales … Fuera bueno preguntarnos también sobre el testimonio de los cristianos (laicos y eclesiásticos) pero queriendo superar los cuatro tópicos habituales y queriendo profundizar de verdad sobre nuestra manera de vivir el evangelio y el seguimiento de Jesús. Bastantes voces autorizadas coinciden en decir que el núcleo de la crisis de la Iglesia en la vieja Europa es la crisis de fe, su pobre vitalidad y convicción. Parece que los criterios de Jesús no pesan lo suficiente en nosotros a la hora de tomar decisiones que nos afectan existencialmente.

Ciertamente hay experiencias, como la Jornada Mundial de la Juventud, que nos hacen respirar un aire fresco de catolicidad y universalidad, y también suponen una alegría porque puedes ver que hay nuevas generaciones de cristianos que viven intensas encuentros con Jesús y alimentan su voluntad de seguirlo en presente y en futuro. Algunas familias acogedoras, y otros, me han comentado que para ellas había supuesto un buen remedio contra el propio cristianismo rutinario. Y el mismo Papa Benedicto XVI comentaba meses después de la JMJ que una de las experiencias más importantes de aquellos días para él había sido el encuentro con los cerca de los 20.000 jóvenes voluntarios que habían dedicado semanas o meses de su vida co- rando en los preparativos y, al término de las Jornadas, los veía «tangiblemente» felices, habiendo encontrado el sentido del tiempo y de la vida al dar su tiempo y su trabajo, a pesar del natural cansancio.

No podemos aspirar a convertirse en ordinarias esta experiencias, pero nos deben servir para pensar que realidades así no se improvisan: detrás hay múltiples encuentros con Jesucristo que lleva a sentirse amados por Dios y entregarse en su nombre . Somos herederos de más de 2.000 años de entregas generosos y ejemplares fruto del aliento del Espíritu que no deja de soplar donde quiere y como quiere desde aquella primera Pentecostés.

La Iglesia enseña que el mismo deseo de encontrar a Dios es ya un fruto de su gracia. Cuando en la oración expresamos nuestra fe, aunque en la oscuridad, ya hemos encontrado al Señor porque Él se nos ha ofrecido y la misma oración perseverante abre nuestro corazón para acogerlo. Pentecostés es una buena oportunidad para replantearse a fondo qué lugar tiene en nuestra vida el encuentro con Dios, la oración personal y la oración comunitaria, en la que Jesús ha asegurado hacerse presente cuando dos o tres se reúnen en su nombre (cf. Mt 18, 20). Hay muchas maneras de alimentar la fe y vivir bien abiertos al Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos.

Pongámonos a la escucha una vez más y sin miedo, dejándonos invadir existencialmente por Él como aquellos primeros discípulos en Jerusalén (Hechos 2, 1-4; 42-47).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

 Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.