El Arzobispo de Toledo agradece la paciencia y fortaleza con que los sacerdotes viven su vocación de servicio

El jueves 17 de mayo el presbiterio diocesano de Toledo celebró la fiesta de su patrón san Juan de Ávila. La ocasión sirvió para homenajear a 10 sacerdotes que cumplen 50 años de ordenación y a los 18 que hacen sus 25.

Del mismo el Arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez, celebra durante este curso sus veinticinco años de consagración episcopal, efeméride que también se recordó a lo largo del día de celebración. La jornada, como en cursos anteriores, comenzó con una Misa en la capilla del Seminario Mayor. En la homilía, el Arzobispo quiso agradecer la fidelidad de los sacerdotes homenajeados a la formación del Seminario y a la de las familias, por las que ofreció también la Eucaristía.

Al tiempo que felicitaba a los homenajeados, reconocía la paciencia y fortaleza con que los sacerdotes viven su vocación al servicio de las comunidades cristianas. En puertas de la declaración solemne de san Juan de Ávila como doctor de la Iglesia. el prelado toledano valoró como muy bueno «considerar alguna lección que este Maestro nos da a nosotros, predicadores de la fe católica, pastores preocupados por aquellas personas a nosotros encomendadas para el más grande servicio: el servicio de la fe como padres de su grey».

La figura de San Juan de Ávila también le sirvió al prelado para recordarle no solo como predicador, sino confesor de la fe e iniciador de reformas en la Iglesia de su tiempo: «Hoy es también tiempo de confesión de la fe, bien arraigado en la Tradición de la Iglesia, momento para abrir nuevos caminos en mundos confusos o desorientados en los que las personas vacilan y pierden el rumbo», aseguró el Primado.

La vida como reflejo

El Santo Maestro puede ayudar a los sacerdotes a considerar «cómo ha de ser nuestra vida reflejo del Evangelio de Cristo y cómo han de ser nuestras comunidades en el momento que vivimos, que ciertamente es distinto pero con urgencias concretas a las que el amor de Cristo nos impulsa».

Por otra parte, el prelado diocesano aprovechó para valorar las dificultades que afronta el sacerdote en el momento presente, pero «perseverar con Cristo en las pruebas que ahora podemos tener, o en las dificultades que sin duda tendremos en la evangelización, se nos presenta como un reto en el que todos hemos de ir al unísono, buscando la unidad, abiertos al Espíritu –aseguró con rotundidad el Primado–. Comeremos y beberemos a la mesa del Reino de Cristo. He aquí un banquete precioso, en el que Cristo sirve y nos reconoce».

Finalizó su homilía reiterando de nuevo las felicitaciones a todos los sacerdotes que celebraban su jubileo: «Estamos contentos de estar con vosotros Desde aquí saludamos a las comunidades a las que ahora servís y a las que servisteis anteriormente. A ellas os debéis y quiera Dios que atiendan al Señor en lo que vosotros predicáis, indicáis y hacéis. La Santa Misa en la que concelebró un número muy concurrido de clero diocesano, finalizó con la tradicional veneración de la reliquia de san Juan de Ávila. De la capilla pasaron al salón de actos donde tuvo lugar el momento formativo y el acto conmemorativo.

Abierto al amor

Lo primero corrió a cargo del actual director del Secretariado para el Clero en la Conferencia Episcopal, el sacerdote valenciano Santiago Bohígues, que acercó al clero congregado a la figura del Maestro Ávila como modelo de amor sacerdotal. Resumió su vida, figura y legado en tres puntos: «Pasión de Amor», «Permanecer en el Amor» y «Amor Eterno». Bohígues retrató a san Juan de Ávila como «un pastor permanentemente abierto y entregado al amor, por encima de dolores e incomprensiones». El patrono del clero secular español, hombre que buscó siempre «donde hubiera el mucho hacer y poco brillar», es modelo de «equilibrio ortodoxo, seguro y amplio a la vez» para un clero a menudo incomprendido y al que le cuesta levantarse de sus postraciones.

Por otra parte, para los que vivimos en momentos de éxito inmediato en nuestros afanes pastorales, san Juan de Ávila es también ejemplo de cómo Dios quiso bendecir su obra después de abandonar este mundo. Tras la ponencia tuvo lugar el homenaje a los 28 sacerdotes que celebraban su jubileo, el repaso de sus trabajos pastorales y la entrega de presentes.

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