Domingo de Pentecostés o de Pascua Granada – Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica

Mons. Manuel Ureña    Siguiendo el curso del Año Litúrgico, la Iglesia celebra en este domingo, 27 de mayo, la solemnidad de Pentecostés o Pascua del Espíritu Santo.

En su capítulo 2, 1-11, el Libro de los Hechos nos narra la venida del Espíritu Santo. Cincuenta días después de la resurrección del Señor, los apóstoles y sus acompañantes se encontraban reunidos de nuevo en el cenáculo. De pronto, un ruido del cielo, como de un viento impetuoso, resonó en toda la casa. Y vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Todos se llenaron de Espíritu Santo (cf 2, 1-4).

Este hecho tiene una importancia singular tanto en lo que respecta a la salvación particular de cada uno como en lo que se refiere al modo como Dios actúa, pues sin la acción del Espíritu Santo ni es posible nacer de nuevo ni la acción de Dios podría alcanzar al hombre.

Y es que el Padre, tanto en su actuar inmanente como en su actuación “económica” o “ad extra”, procede siempre por medio del Hijo, pero en el Espíritu. En el actuar del Dios uno y trino, único Dios verdadero, el Espíritu Santo es el sujeto agente de toda autocomunicación divina.

De este modo, el Padre lleva a cabo la creación de los universos invisible y visible por medio del Verbo preexistente y eterno en el Espíritu Santo. Y la redención del hombre caído, actuada por el Padre con la mediación del Verbo encarnado, muerto y resucitado, se realiza también en el Espíritu.

Así, pues, en todas las obras de Dios está presente el Espíritu Santo. En efecto, el Espíritu es quien da la vida (cf Ez 37, 1-14). Él es quien resucita y quien hace que pidamos a Dios lo que nos conviene (cf Rom 8, 22-27). Más todavía: como dice el prefacio de la misa de hoy, el Espíritu es el que infundió el conocimiento de Dios a todos los pueblos y el que congregó en la confesión de una misma fe a los que el pecado había dividido en diversidad de lenguas. Y sólo bajo la acción del Espíritu Santo podemos llegar a la fe, esto es, podemos decir “Jesús es Señor” (cf 1 Cor 12, 3b-7). Por la acción del Espíritu Santo (epíclesis consecratoria) el pan y el vino se convierten en el cuerpo y en la sangre del Redentor; por la acción de este mismo Espíritu reciben los Apóstoles y sus sucesores el sacerdocio ministerial de Cristo (cf Jn 20, 19-23); gracias al Defensor, al Espíritu de la verdad que procede del Padre, el bautismo propedéutico de Juan se convierte en bautismo de Cristo, en bautismo que perdona los pecados; y, quienes reciben este bautismo, obtienen el sacerdocio real del Señor y pasan a ser nación santa, pueblo escogido, llamado a dar testimonio de Cristo ante los hombres (cf 1 Pe 2, 9).

Así las cosas, con razón celebra la Iglesia, el domingo de Pentecostés, el día del apostolado seglar y de la acción católica, forma canónica del apostolado seglar consociado.

Como escriben nuestros obispos de la CEAS en su Mensaje de este año, “el acontecimiento de Pentecostés…hizo posible, en el comienzo de la Iglesia, que se realizase el mandato de Jesús dado a sus discípulos en el momento de ascender Él al cielo: Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28, 19-20).

La primera evangelización comenzó en aquel mismo instante. Desde entonces la Iglesia nunca ha interrumpido el camino de la evangelización.

Sin embargo, en nuestros días y particularmente en Europa constatamos con dolor que muchos de nuestros contemporáneos no encuentran en esta evangelización permanente de la Iglesia la respuesta a sus preguntas y, en ocasiones, ni siquiera se formulan éstas. Por eso los últimos pontífices, recogiendo el espíritu de Pablo VI y del Beato Juan XXIII, insisten tanto en la necesidad de poner en práctica una “Nueva Evangelización”, la cual, asumiendo la esencia de la evangelización, que es siempre la misma, lleve a cabo ésta con nuevo  ardor, con nuevos métodos y con nuevas expresiones.

El cumplimiento de este cometido incumbe a todos los miembros de la Iglesia, cada uno de los cuales deberá realizarlo de acuerdo con su estado y siendo fermento en medio del mundo.

De modo muy especial la tarea de ser testigos del Evangelio en el mundo concierne a los fieles laicos, cuya existencia está como entretejida con las realidades temporales. Consecuentemente, en este día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica, damos gracias a Dios por tantos fieles laicos que estáis implicados en dar sentido pleno a la jornada de este año, cuyo lema es “Apóstoles para la Nueva Evangelización”.

Dos realidades temporales llaman hoy poderosamente nuestra atención y exigen ser urgentemente iluminadas por el Evangelio: la familia y el mundo del trabajo. Cuántas familias de nuestro entorno sufren hoy el zarpazo de la terrible crisis moral y económica que nos envuelve y que cuestiona profundamente el espíritu del tiempo presente y el modelo social que hemos construido según este espíritu.

Elevemos nuestra oración a Dios nuestro Señor por los frutos espirituales del VII Encuentro Mundial de las Familias que, presidido por el Papa Benedicto XVI, va a celebrarse en Milán del 30 de mayo al 3 de junio de este año y que va a tratar sobre “La familia: el trabajo y la fiesta”. Su objetivo principal es redescubrir y reivindicar la familia como uno de los más grandes patrimonios de la humanidad, otorgado por Dios a los hombres el día mismo de la Creación. Fundada sobre el sólido fundamento del amor total e indisoluble entre un varón y una mujer, esto es, sobre el matrimonio, elevado por Cristo al rango de sacramento, la familia es “célula básica de la sociedad” e “iglesia doméstica”. 

† Manuel Ureña

 Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
Acerca de Mons. Manuel Ureña 137 Articles
Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.