La Iglesia y el nacimiento de las universidades

Mons. Esteban Escudero    Durante los días 14 al 16 de Mayo, se ha desarrollado en la Casa Junco de la ciudad de Palencia un congreso sobre “Historia de los ocho siglos de la Universidad Española”, en conmemoración del VIII centenario de la fundación del Studium Generale de esta ciudad, llamado con razón la primera universidad de España. En los dípticos de propaganda, distribuidos por la Universidad de Valladolid, se afirma: “El objetivo de este congreso, que organiza el Instituto de Historia Simancas, no es otro que conmemorar aquella fundación, discurriendo, reflexionando, analizando y, en su caso, concluyendo, sobre la institución universitaria desde múltiples ángulos…”.

Con este propósito, yo también quisiera, a través de este artículo, unirme a las celebraciones de esta efeméride, aportando un nuevo ángulo de reflexión poco conocido por el gran público: la aportación de la Iglesia al nacimiento y florecimiento de la institución universitaria[i].

El nacimiento de las universidades en Europa es un acontecimiento de máxima relevancia para la cultura occidental. Tuvo lugar durante la Edad Media como una progresiva evolución de las antiguas escuelas monásticas y catedralicias, durante los siglos IX hasta el XIII.

Los monasterios medievales tenían profesores para formar a los monjes, pero en algunos de ellos se daba clase también a niños y jóvenes de fuera. En las ciudades van apareciendo también, sobre todo a partir del siglo XI, a la sombra de las catedrales, instituciones docentes destinadas a la formación de los futuros clérigos.

Tanto las escuelas monásticas como las catedralicias tenían el “curriculum” habitual de la cultura de aquel momento, basado en una formación literaria, el trivium (gramática, retórica, dialéctica) y una formación científica, el cuadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música).

Pero, hace unos 800 años, “al alborear el siglo XIII, por iniciativa de los papas, y a menudo con el apoyo de los reyes, fueron fundados en algunas ciudades europeas establecimientos destinados exclusivamente al cultivo del saber, en sustitución de las escuelas catedralicias”[ii]. Estas instituciones docentes estaban abiertas a estudiantes, clérigos o laicos, procedentes de diversos lugares. Se las denominó Studium Generale, precedente inmediato de los que actualmente entendemos por universidades.

La palabra “universitas”, como designación de estas nacientes instituciones académicas, aparece por primera vez en una bula (documento oficial de los papas) fechada en 1208, de Inocencio III, dirigida al Studium Generale de Paris, precedente inmediato de la Sorbona, la primera universidad del mundo. El legado pontificio, cardenal Roberto Courson, establece los primeros estatutos por los que se regirá su Studium Generale.

“Los historiadores son unánimes en reconocer que las universidades deben infinitamente a la Iglesia y que la mayor parte de las universidades antiguas son fundaciones eclesiásticas /…/ Hay pocas universidades en cuya partida de nacimiento no se encuentre un documento pontificio o por lo menos la intervención de un delegado de la Santa Sede”[iii]. Los papas, cuya autoridad no era discutida en toda la cristiandad, erigía las universidades, concedía con sus títulos o diplomas la posibilidad de enseñar en otras partes distintas del reino donde habían estudiado y establecían su régimen académico. Los hombres de Iglesia llevaron la ciencia de aquel entonces a las aulas universitarias.

En las universidades de aquel tiempo, además del trivium y del cuadrivium, comienzan a aparecer las nuevas facultades de teología, de derecho y de medicina. La universidad de Montpellier (Francia), inaugurada en 1220 por el cardenal Conrado de Urach, destacará pronto por los estudios de medicina. También la ciudad de Salerno, en Italia, destacará pronto en los mismos estudios científicos, aunque sólo se constituirá en universidad años más tarde, en 1231.

Poco a poco van surgiendo otras universidades, cuyos nombres suenan todavía como grandes centros académicos: Oxford, reconocida por carta del papa Inocencio IV; Cambridge, desgajada de la anterior en 1209; Padua (1222); Toulouse (1229); Siena (1246); Roma y Aviñón (1303) y Colonia (1389) y Erfurt (1392), en la futura Alemania.

En España, la escuela catedralicia de Palencia, da origen en una fecha que todavía hoy se discute, pero que hay que datar con seguridad entre 1208 y 1214[iv], al Studium Generale de nuestra ciudad, origen de la universidad española más antigua. En la creación de esta institución académica, nacida en el seno de la Catedral palentina, destaca la figura del obispo Tello Tellez, protegido por los monarcas castellanos. En 1221, el papa Honorio III la aprueba y la toma bajo su patrocinio. A finales del siglo XIII, tras una vida muy corta, desaparece.

En Valladolid, aunque ya existía en el siglo XIII un Estudio, sólo comenzará su andadura como Studium Generale más de un siglo después del de Palencia. En efecto, en1346, a petición del rey Alfonso XI, el papa Clemente VI le concede que pueda tener todas las facultades, menos la de teología.

La escuela catedralicia de Salamanca se convierte en universidad de Salamanca en 1219, siete años después de la de Palencia, por iniciativa del rey Alfonso IX de León. Alfonso X el Sabio, en 1254, y el papa Alejandro IV la consolidarán, dando validez internacional a sus estudios y grados académicos. Poco a poco irá adquiriendo renombre y ya en el siglo XIV se la considerará como una de las principales universidades de Occidente.

Concluimos. La Iglesia está muy presente en el nacimiento de las universidades y de la ciencia de los siglos XIII y XIV. Es un tópico, pues, considerar a la Edad Media como la edad oscura en la cual el progreso científico fue impedido debido a obstáculos religiosos. Estas afirmaciones no hacen justicia a los hechos. “El siglo XIV es un momento crucial para la ciencia occidental. La reciente investigación histórica ha demostrado que hay que considerarlo como el momento en que se inicia -todavía en forma de débiles esbozos- el pensamiento científico moderno”[v].

No solamente hubo un desarrollo científico en la Edad Media, sino que hubo también, en cierto grado, una continuidad entre la ciencia de la última Edad Media y la ciencia del Renacimiento. “En los siglos XIII y XIV vemos los comienzos de la ciencia empírica en la Europa cristiana, pero solamente los comienzos. Aun así, debe reconocerse que los cimientos de la ciencia moderna fueron puestos en tiempos medievales. Y debe reconocerse también que el desarrollo de la ciencia empírica no es, en modo alguno, ajeno en principio a la teología cristiana que constituía el trasfondo mental de la Edad Media. Porque si el mundo es obra de Dios, es, evidentemente, un legítimo y digno objeto de estudio”[vi].

+ Esteban Escudero Torres

Obispo de Palencia



[i] En este artículo sigo el libro de José María Riaza Morales La Iglesia en la historia de la ciencia, BAC, Madrid 1999.

[ii] J. CARRERAS ARTAU, Historia de la filosofía y de las ciencias, Barcelona 1966.

[iii] A. BRIDE, Dictionaire de Théologie Catholique, A. VACANT ed., Paris, v.15,col. 2241-2242.

[iv] Como fecha exacta más probable se habla del año 1212. Estamos, pues, en el octavo centenario de su inauguración.

[v] J. MARÍAS – P. LAÍN ENTRALGO, Historia de la filosofía y de la ciencia, Madrid 1964, p. 126.

[vi] F. COPLESTON, Historia de la Filosofía, ARIEL, Barcelona 1985, vol 3, p.164.

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.