Los elementos de la Iglesia II

Mons. Francesc Pardo i Artigas    Con la Ascensión del Señor se inicia el tiempo de la Iglesia. Por ello, la pasada semana recodaba que contamos con la Palabra de Dios, el don del Espíritu Santo y la comunidad o reunión de personas. Añadiré ahora más elementos fundamentales que hacen posible la vida y la acción de la Iglesia y de sus comunidades, pequeñas o grandes. 

El Bautismo y la Eucaristía, que construyen el cuerpo eclesial de Cristo, con los otros sacramentos que lo vivifican. 

La Palabra y el Espíritu del Señor ofrecen a la comunidad estos ámbitos de plegaria y celebración de la Pascua que denominamos sacramentos. Los sacramentos como Presencia activa, salvadora y de encuentro del Señor muerto y resucitado con su Iglesia.

Desde el punto de vista comunitario, los sacramentos son asambleas de cristianos reunidos para celebrar la fe, centrada en el misterio pascual de Jesucristo. Los sacramentos son reuniones festivas, pero sobretodo de conmemoración, actualización y recepción de la Pascua de Cristo, de la vida de Cristo. Podemos referirnos a los sacramentos como aquellas rendijas a través de las cuales Dios y el Cristo glorioso transmiten su Espíritu a las personas. Por eso es tan importante “practicar” en el sentido de celebrar los sacramentos. 

Obispos, sacerdotes y diáconos: la apostolicidad actual de la comunidad. 

La presencia de la Iglesia de los apóstoles en la Iglesia de hoy se da por medio del ministerio ordenado. La Iglesia de los apóstoles tiene su continuidad o sucesión en la Iglesia del Papa, de los obispos, de sus colaboradores, sacerdotes y diáconos. También el don del primitivo apostolado –guiado por el Espíritu Santo- continua presente y configurando la Iglesia de hoy. 

La Iglesia y sus comunidades hemos de asegurar el servicio de la Palabra de Dios, el servicio de la Eucaristía y de los sacramentos, el servicio de guía de la comunidad y el servicio de la caridad  o del amor hecho servicio para todos, y especialmente a los más necesitados de salud, de bienes materiales, de libertad, de experiencia de Dios, de escucha de la Buena Nueva de la salvación. 

Ciertamente, toda la Iglesia es un pueblo sacerdotal y tiene como misión vivir, celebrar y ofrecer la salvación de Cristo – la Buena Nueva- a todo el mundo. Pero para vivir y ejercer esta misión es del todo necesario el ministerio de los obispos, de los sacerdotes y de los diáconos. Podemos ser un pueblo sacerdotal  porque se nos ha dado el don del ministerio ordenado. 

Para este ministerio, los escogidos hemos recibido el encargo de predicar el evangelio, de santificar por los sacramentos y la plegaria, de guiar y acompañar como pastores del Buen Pastor; también hemos de salir a buscar la oveja perdida o el rebaño desorientado. 

Las energías de la fe y de la caridad proyectadas al mundo. 

La fe viva y el amor de los creyentes, como expansión visible del don del Espíritu, reflejan de muchas formas el Amor  del padre y del Hijo hacia los humanos. Esta fe viva que actúa por medio del amor, es capaz de testimoniar y de hacer gustar a las personas el amor y salvación ya presentes en quien es el Amor más grande, nuestro Dios. 

La Iglesia ha de tener del todo extendidas el ala de los sacramentos y el ala del amor fraterno.   La Iglesia de la celebración (Palabra y Sacramentos) identificada con la Iglesia del amor, a través de sus miembros vivos se avanza a decir una palabra de sabiduría y de profecía sobre la vida que llevamos, y se avanza a luchar contra la miseria del mundo, para dar respuesta a sus necesidades más sentidas, creando así el tejido de la fraternidad. Es así como se hace posible la atención a las personas, la acogida, el amor y el servicio a los enfermos, la atención y ayuda a los pobres para su promoción, la lucha a favor de la paz, la educación de los niños, la atención a los ancianos, el compromiso con el pueblo asumiendo responsabilidades políticas, sindicales, sociales, culturales y deportivas sin ánimo de lucro, el ejercicio responsable y consciente de la profesión, la disponibilidad en situaciones de emergencia… 

Pues bien, animémonos porque, como Iglesia, tenemos los dones divinos y humanos para ser y actuar. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 438 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.