La nueva evangelización y los laicos

Mons. Gerardo Melgar   Queridos diocesanos:

Todos somos conscientes de la importante misión de los laicos en la tarea evangelizadora de la Iglesia, especialmente en este tercer milenio y en la preciosa tarea de hacer realidad la nueva evangelización a la que nos llama el Señor.

El Beato Juan Pablo II, en la Carta Apostólica “Novo millenio ineunte”, constató el cambio radical que se venía produciendo en los países de la vieja Europa cristiana. Este cambio consistía en que estas naciones habían pasado de ser sociedades cristianas basadas explícitamente en los valores evangélicos a sociedades sin rumbo moral y que habían abdicado de los principios cristianos. Ante la realidad de estos cambios radicales y profundos, afirmaba el Papa, hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés” (NMI 40)

En efecto, es a un mundo radicalmente nuevo al que hemos de proponer el Evangelio con un nuevo ardor, con nuevos métodos y con nuevas expresiones, de tal manera que ayudemos a cada hombre a entrar en contacto personal con Cristo, a encontrarse verdaderamente con Él; así mismo, debemos hacer apta a la Iglesia para transmitir de forma comprensiva y persuasiva para el hombre de hoy el Evangelio de la salvación. Se trata de hacer un nuevo anuncio de la fe -con una actitud eclesial plenamente misionera- a un mundo profundamente secularizado, relativista y que ha perdido la memoria cristiana; en este mundo que Dios ha puesto en nuestras manos debemos tratar de suscitar la fe en quiénes no la tiene, reavivarla en quiénes la han dejado morir y fortalecerla en aquéllos que luchan por mantenerla en medio de un ambiente tan adverso.

En esta tarea de toda la Iglesia, los laicos no pueden sentir al margen en absoluto, como si la responsabilidad de la evangelización del mundo actual recayera sólo sobre los hombros de los pastores. ¡No! Los laicos participan de la misión que el Señor ha confiado a toda la Iglesia; también ellos deben llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón de los hombres para que se conviertan y se salven. Sí, los laicos son corresponsables de la misión encomendada por el Señor en virtud de la gracia del Bautismo, por el cual participan de la misión sacerdotal, profética y real de Cristo con sus palabras, obras y el testimonio de su vida.

Ahora bien, la participación de los laicos en la misión evangelizadora de la Iglesia no significa -principalmente y como prioridad- la participación de estos en las funciones de los ministros sagrados, aunque ésta sea también conveniente. Lo específico de la participación de los laicos en la evangelización consiste en hacer brillar la fuerza del Evangelio en la vida cotidiana, en la vida familiar y social. Su capacidad y responsabilidad evangelizadora no deriva de la delegación por la jerarquía sino directamente de Cristo, pues les ha sido comunicada por medio del Bautismo y de la Confirmación.

Los laicos participan de la misión profética de Cristo, revelación y revelador de Dios, no sólo con palabras sino también con sus obras. Sí, la peculiaridad de la misión evangelizadora de los laicos es que ésta se realiza dentro de las realidades seculares de la vida ordinaria, por medio de la palabra y del testimonio de vida. En este sentido, deben ser evangelizadores en la vida ordinaria de familia, de trabajo (en el que deben ser testigos del respeto por la dignidad de la persona) y en las relaciones sociales, en las que deben mostrar a Cristo y su convencimiento de la presencia actuante de Dios en todo momento. Siempre deberán unir el testimonio de su vida y la palabra que anuncia el Evangelio e informar con el Espíritu de Cristo las instituciones familiares, profesionales y sociales.

En esta tarea, los laicos -del mismo modo que los pastores- deben priorizar la relación personal, “el tú a tú”, pues en un clima de amistad y a través del diálogo se transmite mejor al otro la propia experiencia de encuentro con el Resucitado y se facilita la explicación de la propia experiencia sobre el don incomparable de la fe recibida.

La tarea evangelizadora de la Iglesia depende, en gran parte, de la aportación y de la responsabilidad de los laicos. Por eso, todos debemos sentirnos implicados y nadie debe sentirse desenganchado ante la responsabilidad de evangelizar el mundo actual. Los Obispos españoles, en su Documento “Cristianos laicos, Iglesia en el mundo”, culminan el texto con una frase muy significativa: “la nueva evangelización se hará, sobre todo, por los laicos o no se hará” (CLIM 148)

A todo lo anteriormente dicho quiere responder el proyecto evangelizador-misionero diocesano que hemos puesto en marcha en la Diócesis. En él queremos involucrar a religiosos, laicos y pastores para lograr suscitar el interés por la fe en los que no lo tienen; para lograr reavivarla en aquellas personas que en otro tiempo creyeron; y para lograr afianzarla en los creyentes.

Queridos diocesanos: sintámonos todos implicados en esta misión evangelizadora uniendo el testimonio y la coherencia de una vida cristiana auténtica (alimentada y fortalecida por la participación en los Sacramentos) a la palabra y el anuncio explícito. Nos espera a todos -pastores, religiosos y laicos- esta sublime y emocionante tarea de ser mensajeros de la Buena Nueva de Jesucristo. El mundo nos espera. La Iglesia nos necesita. Dios nos llama, sostiene y acompaña.

+Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 327 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.