Solemnidad de la Ascención del Señor

Mons. Manuel Ureña   Celebramos hoy, VII Domingo de Pascua, la ascensión del Señor a los Cielos. Tal acontecimiento estriba en que, cuarenta días después de su resurrección, nuestro Señor Jesucristo fue elevado al Cielo en presencia de los discípulos y se sentó allí a la derecha del Padre hasta su venida en gloria al final de los tiempos.

La ascensión de Jesucristo al Cielo es descrita sucintamente por Lucas al final de su Evangelio (cf Lc 24, 50-53). Y es referida también por el Autor del Libro de los Hechos (1, 9-11).

Los datos de fe contenidos en los dos pasajes neotestamentarios aducidos son los siguientes:

a)    Cristo deja este mundo y vuelve al Padre, al Cielo, de donde había venido a la tierra por nosotros y por nuestra salvación.

b)   El Padre y Cristo, ya ascendido al Cielo, nos envían desde allí al Espíritu Santo, el cual hace presente al Señor en su esposa, la Iglesia, hasta el fin del mundo y consuma la obra salvadora del Padre y del Hijo.

c)    El mismo Jesús que ascendió a los cielos con su divinidad y con su humanidad, y que está sentado a la derecha del Padre volverá al mundo con todo poder y majestad al final de los tiempos para juzgar a vivos y a muertos.

“La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celestial de Dios” (CCE 665) y crea así las condiciones de posibilidad de que también nosotros, los hombres, entremos un día en cuerpo y en alma en la Jerusalén del Cielo.

Desde hace 46 años, la Iglesia viene celebrando, en el domingo VII de Pascua, solemnidad de la ascensión del Señor, la Jornada Mundial de las comunicaciones sociales.

Este año, el Mensaje del Papa para la Jornada en cuestión versa sobre un aspecto muy importante del proceso humano de la comunicación. Este aspecto, con frecuencia olvidado, es la relación existente entre silencio y palabra. En realidad, son éstos, silencio y palabra, dos momentos del acto de la comunicación que deben equilibrarse, alternarse e integrarse para obtener el verdadero diálogo, que tiende siempre a alcanzar la verdad. Cuando palabra y silencio se excluyen mutuamente, la comunicación se deteriora. Sin embargo, cuando se integran recíprocamente, la comunicación adquiere valor y significado.

En efecto, “el silencio – dice el Papa – es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos. Callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; y a nosotros [se nos facilita] el no permanecer aferrados sólo a nuestras palabras o ideas sin una oportuna ponderación. Se abre así un espacio de escucha recíproca y se hace posible una relación humana más plena”.

Además: habida cuenta de que el hombre contemporáneo es constantemente bombardeado por respuestas a interrogantes que nunca se ha planteado y a necesidades que no siente, el silencio se torna especialmente necesario para favorecer el discernimiento entre los numerosos estímulos y respuestas que recibimos, y para reconocer e identificar las preguntas realmente importantes.

No sorprende, pues, que en las distintas tradiciones religiosas, la soledad y el silencio sean espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la verdad que da sentido a todas las cosas. El Dios de la revelación bíblica habla también sin palabras. Dios habla por medio de su silencio. Y, si Dios habla al hombre también en el silencio, igualmente el hombre descubre en el silencio la posibilidad de hablar con Dios y de Dios.

En resumen, aprender a comunicar significa aprender a escuchar, a contemplar, además de hablar, y esto es especialmente importante para los agentes de la evangelización. Silencio y palabra son elementos esenciales de la acción comunicativa de la Iglesia, que apunta siempre a un renovado anuncio de Cristo en el mundo contemporáneo. Aprendamos del mensaje del Santo Padre y llegaremos a ser buenos dialogadores y buenos comunicadores de la verdad. 

Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.