El patrimonio religioso, expresión de la fe

Mons. Julián Ruiz Matorell  Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha considerado como parte integrante de su ministerio la promoción, la custodia y la valoración de las más altas expresiones del espíritu humano en los ámbitos histórico, artístico y documental. La Iglesia se siente responsable en la defensa, conservación, restauración y difusión de los bienes que integran su patrimonio, puesto que poseen una enorme importancia religiosa y cultural.

El Concilio Vaticano II afirma: “Entre las actividades más nobles del ingenio humano se encuentran con razón las bellas artes, especialmente el arte religioso y su cumbre, es decir, el arte sacro. Estos están relacionados, por su naturaleza, con la infinita belleza divina, que se intenta expresar, de algún modo, en las obras humanas” (Sacrosanctum Concilium 122) .

Y también: “Por ello, la santa Madre Iglesia siempre ha sido buena amiga de las bellas artes, ha buscado constantemente su noble ministerio e instruyó a los artistas, sobre todo, para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran realmente dignas, bellas, signos y símbolos de las cosas celestiales” (SC 122).
El Concilio recomienda: “Los clérigos, al tiempo que estudian filosofía y teología, deben ser también instruidos sobre la historia y la evolución del arte sacro y sobre los sanos principios en los que deben apoyarse sus obras, de modo que estimen y conserven los venerables monumentos de la Iglesia” (SC 129).

En el “Mensaje a los artistas”, los Padres del Concilio Vaticano II escribieron: “Este mundo en que vivimos tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste a la usura del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse en la admiración”.

 Se necesita una eficaz valoración fructuosa de los bienes culturales en la tarea de la evangelización y el cuidado y conservación de este precioso patrimonio histórico, artístico, documental y monumental. Se ha de promover su conocimiento y protección. 

Se requiere continuar prestando un servicio atento en la tutela y conservación del patrimonio histórico y artístico de toda la Iglesia (obras de arte en pintura, escultura, orfebrería, arquitectura, documentos históricos, museos, bibliotecas y archivos, etc.). 

La finalidad primordial de este patrimonio es el culto y la utilización para finalidades religiosas. Pero también hay una firme y decidida voluntad para continuar poniéndolo al alcance y servicio del pueblo, junto con el compromiso por cuidarlo y usarlo de acuerdo con su valor artístico e histórico.

En la formación de los agentes de pastoral (seminaristas, novicios, catequistas, profesores de Religión, etc.) ocupa un lugar destacado el aprecio por patrimonio. No se trata solamente de garantizar la transmisión de nociones e informaciones sobre los bienes culturales, sino de propiciar un itinerario formativo que haga crecer una sensibilidad madura, y una responsabilidad creciente, en el contexto del proyecto educativo. Se ha de realizar un apasionante esfuerzo de promoción y difusión de la cultura. Todo ello será consecuencia de una adecuada sensibilidad estética y pastoral, y de un preciso conocimiento de la legislación internacional, estatal y autonómica.
El beato Juan Pablo II escribió en su “Carta a los artistas” (1999): “Para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado, la Iglesia tiene necesidad del arte. En efecto, debe hacer perceptible, más aún, fascinante en lo posible, el mundo del espíritu, de lo invisible, de Dios. Debe por tanto acuñar en fórmulas significativas lo que en sí mismo es inefable”.
Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

 

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 395 Articles
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.