Ante las Primeras Comuniones

Mons. Manuel Sánchez   Para todos los cristianos la Primera Comunión es un acontecimiento verdaderamente importante en su vida. En los recordatorios de mi tiempo se decía que era ‘el día más feliz de la vida’. No se si ahora para muchos llegará a tanto, pero desde luego un día gozoso sí que es. “Para muchos cristianos –dice Benedicto XVI en SC 19- este día ha quedado grabado en la memoria, con razón, como el primer momento en que, aunque de un modo todavía inicial, se percibe la importancia del encuentro personal con Jesús” 

Lo importante es el sacramento, no los regalos que van a recibir los niños. Por eso es necesaria una buena preparación que ha de consistir en:

–   Una catequesis adecuada a su edad tanto por parte de la familia como por parte de la parroquia.

–      Una iniciación en la oración y en la liturgia

–     Un esfuerzo por un comportamiento coherente con la fe cristiana. No se puede creer una cosa y vivir la contraria.

–     Y, sobre todo, fomentar un deseo personal y gozoso de recibir a Jesús en la Eucaristía. 

Por lo que se refiere a la celebración litúrgica de la Primera Comunión creo que debemos evitar a toda costa caer en la teatralidad. La celebración de las Primeras Comuniones no puede ser una celebración absolutamente distinta de la Misa de los domingos. Porque precisamente ha de introducir en la participación asidua en la Misa dominical. El Papa Benedicto XVI acaba de hablar de preparar la fiesta de la Primera Comunión “con fe, con fervor, pero también con austeridad”. Cuando habla de fe y de fervor se refiere a las actitudes espirituales, cuando se refiere a la austeridad hace mención a los gastos excesivos que no se deben permitir las familias verdaderamente cristianas. 

Porque, efectivamente, en ocasiones, con motivo de la Primera Comunión de un hijo, algunas familias se dejan absorber por los compromisos sociales y se embarcan en regalos y gastos exagerados, desplazando así el verdadero interés de este sacramento de la Iniciación cristiana. Hoy, este planteamiento, que siempre está mal, resulta escandaloso. Las familias en las que no entra ningún salario en casa o las que viven de la pensión del abuelo o abuela, no pueden entender comportamiento como éste. Sobriedad y sencillez no están reñidas con alegría y celebración gozosa. Yo recomendaría –como se hace ya en algunas parroquias- que los niños de la Primera Comunión, de sus propinas, ofrecieran una limosna considerable a Cáritas como expresión de compartir con los más pobres. El momento del Ofertorio de la Misa es el más adecuado para este hermoso gesto. 

Hemos de poner de manifiesto que la alegría de los cristianos no brota del derroche y de los gastos superfluos, sino que nace más bien de ser conscientes que a Dios lo tenemos tan cerca, que quiere habitar en nuestro corazón. La fiesta puede ser bonita pero sencilla. No es necesario hacer grandes gastos. Lo importante es que ese día haya mucho amor en el corazón de todos y una gran fe en Dios que se acerca a los niños y a sus familias.  

Y después de la Primera Comunión, ¿qué? Esta es la gran pregunta que hemos de hacernos si queremos ser honestos. Pues lo primero de todo seguir participando en la Eucaristía, sobre todo los domingos. No puede ocurrir que la Primera Comunión sea desgraciadamente la última. 

Y, por otra parte, el niño o la niña han de continuar formándose en la fe con la catequesis de postcomunión o bien prepararse para celebrar en su momento la Confirmación.

 

+Manuel Sánchez Monge,

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

 

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar