Desempleo, solidaridad y reforma laboral

Mons. Francisco Gil Hellín   El mes de mayo nos ha traído, además de la celebración de la fiesta del trabajo, la ratificación de que el paro en España sigue empeorando. Más aún, que esta tendencia seguirá siendo la tónica del próximo futuro. Si el trabajo es una dimensión fundamental de la persona y el medio básico que Dios ha puesto en nuestras manos para hacer frente a las necesidades y expectativas personales y de la propia familia, será fácil convenir que nos encontramos ante una tragedia social. 

Los creyentes no podemos menos de preguntarnos qué espera Dios de nosotros y qué podemos aportar para paliar o resolver este estado de cosas. Pienso que, ante todo, no acostumbrarnos a las cifras del paro. Detrás de ellas hay demasiado dolor de personas y familias, especialmente de las más que no reciben ningún subsidio ni ayuda al desempleo.

Así mismo, es imprescindible no quedarse en lamentos ni alimentar el pesimismo y el fatalismo. El problema no es fácil de resolver pero tampoco es irresoluble. No es la primera vez que nos encontramos con situaciones muy difíciles y las hemos superado con ilusión, esfuerzo y confianza en nosotros mismos. Hemos de potenciar esta confianza y multiplicar el esfuerzo. No podemos caer, ciertamente, en el narcisismo, pero hemos de combatir con denuedo toda desesperanza.

Este deseo confiado y positivo lleva consigo lo que en términos coloquiales llamamos “arrimar el hombro”. Es decir, la firme voluntad de asumir las responsabilidades y sacrificios personales que exija el bien común. Si decimos que deseamos que se remedie el paro pero no estamos dispuestos a asumir las consecuencias que ello pueda comportarnos, nuestro deseo no sería sincero. La reacción ha de ser la misma que cuando auxiliamos a un accidentado en carretera: le prestamos ayuda, aunque ello complique nuestro viaje. La demagogia está al alcance de todos y es un recurso fácil. Pero es estéril. Más aún, con frecuencia agrava los problemas.

Pienso que es la hora de sumar fuerzas, aunar esfuerzos y crecer en solidaridad. Nuestra historia atestigua que los enfrentamientos y las divisiones no son el camino de la prosperidad en ningún terreno. Confirma también que, cuando hemos ido codo con codo y hemos derrochado esfuerzo, perseverancia y sacrificio, hemos sido capaces de realizar cosas grandes; más aún, excepcionalmente grandes.

Hay una última sugerencia que no quiero dejar de apuntar. Me refiero a que no reduzcamos la crisis a términos únicamente económicos y financieros. Nadie negará que esos dos extremos forman parte del problema. Pero no son los únicos. Ni siquiera los más importantes. Detrás de ellos hay una profunda crisis de valores morales.

Si hemos llegado a esta situación, entre sus causas más graves se encuentran la codicia, el afán de enriquecimiento rápido y desmesurado, el lujo y los caprichos, el despilfarro, la corrupción a todos los niveles, la falta de responsabilidad en el ejercicio del trabajo, etcétera. Consiguientemente, la resolución de la crisis pasa necesariamente por atacar estos males. Si nos limitamos a ver las cosas sólo desde la perspectiva económica, no extirparemos las verdaderas causas de la enfermedad y la crisis volverá cuando menos lo esperemos.

Mientras tanto, sigamos prestando las pequeñas -o no tan pequeñas- ayudas que están en nuestras manos, bien sea ayudando directamente a quienes conocemos que se encuentran en situación de paro o bien a través de Cáritas parroquial y diocesana. La caridad a los pobres y necesitados ha sido siempre un distintivo de los cristianos. De todos modos, la caridad no se contrapone a la justicia y ésta clama por una solución del paro acorde con la dignidad de la persona humana.   

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.