La crisis y nuestro estilo de vida

Mons. Àngel Saiz Meneses    Deseo todavía referirme a la cuestión social que nos plantea cada año la fiesta del trabajo del uno de mayo y la fiesta de San José Obrero. Entro en el tema con respeto –lo confieso abiertamente-, porque soy consciente de que la cuestión tiene una gran complejidad y de que se trata de un problema que nos sobrepasa. Pero no hasta el punto de llevarnos a negar la responsabilidad personal. Negar este principio sería anticristiano e introduciría una pasividad – y en definitiva un pesimismo- que incluso socialmente sería muy negativo.

Me animan a entrar en el tema unas palabras del Papa Benedicto XVI en las que hace alusión al realismo, la confianza y el redescubrimiento de valores fundamentales sobre los que habrá que construir el futuro: “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo. Conviene afrontar las dificultades del presente en esta clave, de manera confiada más que resignada” (Cáritas in veritate, n. 21).

En mi visita pastoral, en diálogo con los miembros de las parroquias voy comprobando la persistencia de la crisis y sus consecuencias en las familias. También he constatado el esfuerzo que hacen nuestras parroquias para ayudar a las familias que sufren mayormente las consecuencias de esta crisis. Como ciudadanos responsables, es obligado preguntarnos y preguntar qué pueden hacer los gobiernos para salir de la crisis y para prevenir nuevas recaídas en el futuro. Pero también –como he dicho- existe una responsabilidad personal. Y en este sentido, todos nos hemos de preguntar qué podemos hacer. Deseo recordar una vez más dos valores que son a la vez humanos y también profundamente cristianos: la austeridad y la solidaridad.

La austeridad, en primer lugar. Nuestro estilo de vida tiene que abandonar la absurda idea del crecimiento material por sí mismo y será necesario interiorizar la convicción de que no podemos seguir malgastando todo lo que la naturaleza y nuestro trabajo –si se tiene la suerte de tenerlo- nos ofrece. Se impone cada vez más una cultura de la austeridad. Pero en todos nosotros, y deseo decirlo sin demagogia. En este sentido es muy importante el ejemplo que puedan dar las autoridades gubernamentales, con hechos y no sólo con palabras. De lo contrario, avanzar en esta línea será muy difícil por no decir imposible.

Un lema –propuesto por Cáritas- me facilita la claridad en lo que deseo  expresar: “Vive sencillamente para que otros  puedan sencillamente vivir”. De eso se trata. Una generación que ahora ha alcanzado la ancianidad vivió entre muchas penurias y estrecheces. En cambio las generaciones más jóvenes han crecido en la ilusión del despilfarro. Dejo al lector o al oyente la reflexión sobre las consecuencias negativas de esta última cultura del derroche. Ya es un lugar común decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades como colectividad social.

Nos va a costar mucho esfuerzo entrar en la cultura del “consumo responsable”. Pero si somos capaces de asumirla, sus efectos sociales, laborales, económicos e incluso medioambientales serán tan positivos que quizá podamos llegar algún día a decir que la crisis nos ha obligado a reeducarnos.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.