Preocupaciones

Mons. Braulio Rodríguez    ¿A quién no preocupa la situación general de la sociedad española? Pienso que a nadie se le oculta que la crisis que nos azota desde hace ya varios años es el factor más preocupante entre nosotros, puesto que ha generado dolor, desaliento, angustia e incertidumbre, y, sobre todo, ha generado personas necesitadas de ayuda, que viven junto a nosotros, es decir, personas con rostro concreto, no figuras alejadas de nuestro día a día. Personas a las que hay que prestar la más cercana atención.

Yo entiendo que la misión de la Iglesia no es entrar en el análisis ni en las soluciones puramente económicas; menos en las medidas políticas. Éstas tienen que afrontarlas los poderes públicos y los factores sociales. Evidentemente, entre aquellos que nos gobiernan o están en la oposición, entre los que trabajan en el entramado socioeconómico de nuestra sociedad, hay mujeres y hombres católicos que no deberían “enlatar su fe” a la hora de las determinaciones o soluciones a tomar. Y la comunidad católica debe sostenerlos y orar por ellos.

Pero también es claro, a mi entender, que los pastores de la Iglesia, los grupos apostólicos, las comunidades cristianas en general, podemos y debemos ayudar al análisis cultural y moral de la crisis, para llegar al fondo de las causas de la dificilísima situación en que vivimos. Sí, hay que reflexionar sobre la crisis y sus causas; también sobre sus consecuencias más nefastas: los parados, personas afectadas por la destrucción de puestos de trabajo. Sobre todo cuando nos dicen que Toledo roza los 100.000 parados, una tasa que alcanza el 27,60%.

Hace ya un tiempo que el Papa Benedicto XVI afirmaba, al convocar el Año de la Fe: “<ésta> sin la caridad no da fruto y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y la caridad se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino” (Porta fidei, 14). La revitalización, pues, de la vida cristiana es sumamente importante, de manera que, si no se sigue el camino que hace posible la caridad, no se conseguirá una buena solución de la crisis que nos rodea.

Es preciso que los católicos tengamos claro que sin la caridad, es decir, sin la generosidad sincera, movida en último término por el amor de Dios y del prójimo, será muy difícil introducir los cambios necesarios en el estilo de vida y en las costumbres sociales y políticas que han conducido a la crisis y que seguirán amenazando aun cuando hayan sido solucionados los problemas aparentemente más graves, que Dios quiera que sea pronto. Seamos, pues, sinceros: lo complicado en España es cambiar las costumbres que nos han llevado a vivir por encima de nuestras posibilidades, gastando y despilfarrando, o animándonos unos a otros al consumo estúpido, al endeudamiento insensato, sin caer en la cuenta de lo que lleva consigo perversidad moral, de mal ejemplo para los más débiles.

Hemos sido arrastrados a la búsqueda irresponsable del enriquecimiento rápido, sin pensar en los demás y, por añadidura, sin fomentar el esfuerzo necesario y la renuncia a las cosas superfluas que nos hace débiles, de manera que nuestros niños, adolescentes y jóvenes no son hoy muy capaces de renunciar a nada y sí muy dispuestos a reivindicar todo. Una consecuencia de esta situación sea tal vez el fracaso escolar, la cultura del mínimo esfuerzo y un desarme moral en el que vale todo con tal de conseguir mi interés y no el bien común. El grado de responsabilidad de nuestros políticos en este ámbito es ciertamente grande, pero no rebaja la nuestra personal y comunitaria.

¿Cómo podemos crear un verdadero espíritu de cooperación y de concordia entre los actores políticos y sociales para afrontar con altura de miras, valentía y espíritu de sacrificio las reformas necesarias que nos dicen que necesita España, salvaguardando la justicia y la protección de los más débiles? Los católicos, en todo caso, en el camino de la fe y de la caridad tenemos la posibilidad de confiar en las personas, pues confianza y mucha falta entre los ciudadanos para cooperar entre sí. Confianza también en la sociedad, pero estimulando a la participación al bien común y a la actividad de todos intentando aplicar el principio de subsidiaridad.

Corresponde sin duda a nuestros políticos y a los agentes sociales tomar las determinaciones necesarias para salir de la crisis, pero yo tengo que confesar que mucho podría ayudar tener en cuenta la doctrina social de la Iglesia, que desde tiempos de León XIII se ha ido acumulando con principios que pueden ayudar a abrir camino en el corazón de nuestra sociedad a la hora de solucionar muchas cosas. Esta doctrina social tiene además en cuenta siempre la dignidad de la persona, como principio orientador, del que es malo apartarse. Mal haríamos los católicos es olvidar estos principios de doctrina social, sobre todo si tenemos responsabilidad directa en lo social, lo económico o lo político. Mostraríamos también en este campo un “analfabetismo religioso” semejante al que Benedicto XVI ha indicado cuando alude a la confusión doctrinal que en ocasiones queja al Pueblo de Dios.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.