Hablemos de sacramentos pascuales: primeras comuniones y confirmaciones

Mons. Amadeo Rodríguez   Queridos diocesanos:

Os hablaré en esta carta de los sacramentos pascuales, que, como sabéis, son los de iniciación cristiana. Lo haré dirigiéndome a todos los mayores que acompañan a los niños y preadolescentes que los van a recibir. Del Bautismo diré poco, porque merece un tratamiento especial. Sobre todo hay que caer en la cuenta de cómo prepararlo y celebrarlo en estos tiempos en los que no hay que dar por supuesta la fe de los padres que lo solicitan, aunque sí hay que acoger esta petición; si bien en condiciones pastorales muy especiales. Quede esta brevísima reflexión como apunte para una futura, más honda y amplia.

Me detendré, sobre todo, en la Confirmación y en la Eucaristía. Lossitúo por este orden, porque es el teológico, el que expresa mejor el recorrido sacramental de la iniciación cristiana. El Bautismo es el comienzo de la vida nueva; la confirmación es su afianzamiento; y la Eucaristía alimenta al discípulo en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo para ser transformado en él. Los sacramentos dela IC son el gran acontecimiento de nuestra salvación en Cristo muerto y resucitado: los tres son nuestra pascua. Entre los tres existe una tensión, un dinamismo intrínseco por el cual el uno lleva al otro, mientras que el conjunto de los tres alcanza su cumbre en el misterio eucarístico, centro y fuente de toda la vida dela Iglesia. Esto que acabo de decir es la riqueza de gracia que pasa por la experiencia de los chicos y chicas en los primeros años de su vida cristiana. Sin embargo, y por desgracia, hay que referirse también a cosas más domésticas, dirigidas a los padres y a la sociedad en general, porque, si bien éste es un tema religioso, también tiene claras repercusiones sociales: económicas, comerciales, etc.

Nos detendremos en las Primeras Comuniones. En ellas se constata que, desde que nuestra sociedad ha entrado en un claro periodo de recesión religiosa, en este acontecimiento siempre están superpuestas al menos dos motivaciones. La primera y fundamental motivación es la fe: mejor o peor se ayuda a los niños a vivir con sentido religioso la experiencia del sacramento que van a recibir, y todos, afortunadamente, se ilusionan con el encuentro que van a tener con Jesús. Esta motivación, sin embargo, se ve empañada, en la conciencia de los niños, por otra, bastante distinta, que les induce a poner su ilusión en otros intereses que nada tiene que ver con la verdad del sacramento que reciben. El gozo y la fiesta, que necesariamente han de sentir y vivir, se adulteran por excesos increíbles de una sociedad que ha perdido el equilibrio y se ve incapacitada para situar cada cosa en su justa medida: gastos fuera de lugar, macrofiestas, regalos sin proporción, viajes a aurodisney, etc.

La medida de las primeras comuniones es la de la sencillez y la dela austeridad. Sies un acontecimiento de niños y niñas, es antinatural que en él se haya instalado el capricho y el despilfarro. Con crisis o sin crisis, es necesario que las cosas vuelvan a hacerse a la medida de los dos protagonistas de ese precioso acontecimiento de la vida de los niños: a la medida de Jesús que les ofrece su gracia y su amistad de un modo gratuito y a la de los niños y niñas que por primera vez acogen con alegría el amor de Jesús que una vez más dice: “dejad que los niños se acerquen a mí”. Ese encuentro sacramental sólo puede darse si está libre de las interferencias que ponen intereses que nada tienen que ver con lo que sucede de verdad entre Jesús y los niños. Volvamos, pues, a unas primeras comuniones parroquiales y familiares, en las que el tono sea de alegría, pero sencilla y austera. Recuperemos la santa libertad religiosa frente a intereses sociales y comerciales y ejerzamos la santa rebeldía para oponernos a lo que corrompe lo sagrado.

Bastante preocupante es también la situación de las Confirmaciones. Si no fuera por la confianza que tenemos en la gracia del Señor, algunas de las cosas que suceden en torno a este sacramento desanimarían mucho a todos cuantos ponen lo mejor de sí mismo en su preparación y celebración. Preocupa, evidentemente, la pobre perseverancia de los confirmados en la vida cristiana activa. Pero también preocupa mucho algunos aspectos dela celebración. Meconsta que los sacerdotes y los catequistas son conscientes de lo que voy a decir, y que les duele profundamente: ven con mucha pena como bastantes adolescentes convierten la confirmación en una exhibición de la última moda, con un modo de vestir que no va a tono ni con el lugar sagrado en el que están ni con el acontecimiento que celebran. Hay que pensar que sus padres no pueden con ellos y ellas, pero deberían decirles, no sólo por motivos religiosos, sino también estéticos, que hay determinadas formas de vestir o de actuar que desdicen mucho del sacramento del que son protagonistas, y hasta de la edad que tienen. Y mucho preocupa también la deriva que están teniendo las fiestas de la confirmación: se ha pasado de unas fiestas familiares, sobre todo en el entorno parroquial, a unas fiestas-botellones en las que se hacen altos dispendios económicos.

No sé si estas palabras mías van a tener mucho eco, pero animo a todos los que preparan este sacramento a que, desde el comienzo de la catequesis, tengan previstas estas cosas, que le suelen poner un desdichado colofón a un camino que, si bien suele tener de todo, siempre más lo positivo y esperanzado que lo que pueda desanimar.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.