Mayo, el mes de María

Mons. Casimiro López   Queridos diocesanos:

Desde el inicio mismo de la Iglesia, la Virgen María está siempre presente en la vida de la comunidad cristiana y de los cristianos. Su presencia es como la de la madre en una buena familia, que le da calor, acogida, cariño, consuelo. Puede que su presencia sea muchas veces imperceptible y pase desapercibida; pero ella está ahí, eficazmente presente, sosteniendo el hogar con toda la dedicación y el trabajo que lleva consigo.

En el curso de los días y de los meses, hay ocasiones en que celebramos a María, la Madre del Hijo de Dios, madre nuestra y madre de la Iglesia. El mes de mayo es el mes dedicado por excelencia a la Virgen María para honrarla con el ejercicio de las flores,  para rezarla de modo especial, para agradecer su presencia y su servicio, para invocar su protección, para sentirnos amados por ella y para darle gracias a Dios por tan buena Madre. Pero es, sobre todo,  un mes para contemplarla e imitarla en nuestro camino de fe y vida cristiana, de vida y de misión como Iglesia. Los cristianos sabemos que ella nos mira y nos acoge con verdadero amor de Madre; cada uno de nosotros y la Iglesia entera como en los primeros tiempos estamos en su corazón; ella cuida de nuestras personas y de nuestras vidas, de nuestros afanes y tareas; ella nos alienta en nuestra misión evangelizadora como lo hizo con los Apóstoles; ella camina con nosotros en nuestras alegrías y esperanzas, en nuestros sufrimientos y dificultades.

Pero María no quiere no quedemos en ella; la Virgen dirige nuestra mirada hacia su Hijo; ella nos ofrece a su Hijo y nos lleva a Él. Su deseo más ferviente es que nuestra devoción hacia su persona sea el camino para nuestro encuentro con Cristo Jesús y con su Palabra para que se afiance nuestra fe y se renueve nuestra vida cristiana. Por ello, nuestro amor y nuestra devoción a Maria deben estar siempre orientados a Cristo. Porque Cristo Jesús, el Señor Resucitado, es el centro y fundamento de nuestra fe. El es el Salvador, el único Mediador entre Dios y los hombres: el Camino para ir a Dios y a los hermanos, la Verdad que nos muestra el misterio de Dios y el misterio y la grandeza del ser humano, y la Vida en plenitud que Dios nos regala con su pasión, muerte y resurrección. María es siempre camino que conduce a Jesús, fruto bendito de su vientre. María, Madre de Dios y Madre nuestra, no deja de decirnos: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5).

Nuestra devoción a la Virgen María será auténtica, si realmente nos lleva al encuentro con Cristo, a la conversión a Dios y a sus mandamientos, a fortalecer nuestra fe y vida cristiana, a dejarnos evangelizar para ser una Iglesia misionera. María es la humilde esclava del Señor, la Madre que nos da a Dios, la primera discípula de su Hijo, el modelo perfecto de imitación y de seguimiento de Jesús. Si honramos a María con amor sincero acogeremos de sus manos a Jesús, el Hijo de Dios, para encontrarnos con El, conocerle, amarle y seguirle con una adhesión personal en estrecha unión y en comunión con los Pastores de su Iglesia. María nos anima y exhorta hoy a la perseverancia en la fe en su Hijo, como lo hizo con los primeros cristianos, para ser testigos de Dios y de su amor en nuestro mundo. A Cristo por María: este es mi deseo para todos en este mes de Mayo, dedicado a la Virgen.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.