Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor (Jn 20, 20)

Mons. Mario Iceta    1. El tiempo Pascual coincide con la explosión de alegría y de luz que nos trae la primavera. El anuncio de la resurrección del Señor desborda nuestras vidas llenándolas de esperanza. Con Cristo y a partir de su resurrección, se nos ofrece la posibilidad de iniciar una etapa nueva y definitiva de la historia, donde la vida ha vencido a la muerte, donde la luz disipa toda oscuridad y donde la humanidad puede encontrar un lugar donde vivir con la dignidad de hijos e hijas de Dios. 

2. En este mes de mayo los más jóvenes de nuestra casa, la Iglesia, se acercan por vez primera a recibir el Sacramento del Cuerpo y Sangre del Señor. Os quiero dirigir a vosotros, queridos niños y niñas, mi felicitación en ese día tan importante en vuestras vidas. Jesús es el amigo que nunca falla y que siempre nos acompaña. Os invito a conocerle en la meditación de la Palabra de Dios, a recibirle en la Eucaristía, a tratarle en la oración y a servirle en todas las personas con las que os encontráis, vuestra familia, compañeros de estudios, amigos, y de modo particular en los pobres, necesitados, enfermos y en los que necesitan de una mano que les ayude. Que la ilusión con que recibís por vez primera a Jesús en la Eucaristía os acompañe toda la vida, y que cada domingo os reunáis con toda la familia en la parroquia para celebrar juntos la fiesta más importante, la Eucaristía. 

3. La primera Comunión constituye, además, una oportunidad para renovar la fe de toda la familia. Cuántos adultos, que quizás con el paso del tiempo han ido languideciendo en su experiencia cristiana, encuentran en la primera Comunión de sus hijos una nueva posibilidad de reavivar su vocación cristiana, retomando el camino del seguimiento del Señor con fuerzas renovadas. En las parroquias ha ido tomando fuerza la celebración dominical de las Eucaristía familiar. A partir de ella, también se ofrece a las familias la posibilidad de participar en catequesis, encuentros de oración, formación bíblica, convivencias y retiros, que constituyen una ocasión decisiva de crecimiento personal y espiritual. No dejéis pasar esta oportunidad de gracia, este nuevo encuentro con el Señor resucitado, que vuelve a presentarse a la puerta de vuestro corazón y llama para que le abráis vuestras vidas y compartáis su misma Vida y destino, la apasionante aventura de la santidad, de ser sus discípulos, testigos y enviados. 

4. Pero la Primera comunión no es una estación de término, sino el inicio de una relación personal de amistad profunda con Jesús presente en la Eucaristía, que marcará para siempre la vida de vuestros hijos. Por ello, animo encarecidamente a los padres a continuar enviándolos a la Eucaristía dominical, y a las catequesis y diversas actividades que se ofrecen en las parroquias y comunidades, con el fin de seguir alimentando su experiencia cristiana para que crezcan en la fe, esperanza y amor. Y también os animo a vosotros a acompañarles en este camino y a profundizar en vuestro encuentro personal con el Señor. 

5. Durante este mes de mayo celebraremos también el Gesto diocesano de solidaridad. La crisis nos sigue azotando dolorosamente. Tantas familias, inmigrantes, ancianos, mujeres, jóvenes… siguen padeciendo la angustia de no encontrar trabajo y el sufrimiento de no llegar a fin de mes, viviendo en el umbral de la pobreza con riesgo de exclusión. Este año queremos dirigir la atención de modo particular a la juventud. El paro sumerge a nuestros jóvenes en un horizonte oscuro de inseguridad e inquietud. Lo que debería ser un futuro de esperanza y promesa, una oportunidad de crecimiento en el desempeño profesional y en el servicio a la sociedad, se convierte en un horizonte de incertidumbre y desilusión. Os animo a participar en el gesto de este año, poniendo nuestra atención y nuestro esfuerzo en el servicio a los jóvenes, alentando sus esfuerzos e ilusiones y buscando juntos los caminos en los que puedan desarrollar plenamente todo el enorme potencial con que sus vidas han sido y son bendecidas. 

6. El mes de mayo es, así mismo, un tiempo en el que expresamos de modo especial nuestro amor a la Virgen María. Tantos hijos e hijas de Bizkaia se acercan a la Basílica donde nuestros mayores han testimoniado su afecto más profundo a nuestra Amatxu. Tantos templos, iglesias y ermitas dedicadas a María jalonan la geografía de nuestra diócesis. En las familias se ha enseñado a los más pequeños y jóvenes a tener algún detalle de afecto con nuestra Madre. Pongamos en Ella nuestros anhelos e ilusiones. El rezo de las diversas devociones marianas, el Ángelus, el Regina caeli en tiempo de Pascua, la recitación del Rosario, han sido siempre fuente de inspiración, consuelo y gracia para los cristianos. Me acuerdo de modo particular de los ancianos y enfermos, que encuentran paz y consuelo en la invocación a María mediante el rezo del Rosario. El quinto domingo de Pascua celebraremos la Pascua del Enfermo. Ese día acogeremos el don de la vida que el resucitado nos ofrece como ungüento que cura nuestras heridas y bálsamo que conforta nuestro espíritu. Que encontréis también en nosotros el afecto y el servicio esmerado para acompañaros en los momentos delicados y difíciles de la vida. 

7. Que la alegría pascual inunde profundamente nuestras vidas y que nos disponga a recibir el don del Espíritu Santo el día de Pentecostés con el que clausuraremos estas fiestas pascuales y en el que celebraremos la fiesta del Apostolado Seglar y de la Acción Católica. Todos hemos recibido el don del Espíritu para ser enviados a proclamar la buena noticia a toda la creación. Que nuestra vida sea testimonio de esta alegría pascual, de la presencia perenne el Jesucristo resucitado. Con afecto. 

+Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

 

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 83 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.