Ordenaciones sacerdotales en Roma, presididas por Benedicto XVI

En el marco de la celebración de la Santa Misa del Domingo del Buen Pastor y dentro de la Jornada de Oración por las vocaciones, Benedicto XVI ordenó esta mañana en la Basílica de San Pedro a nueve seminaristas de la diócesis de Roma y explicó que «La tradición romana de celebrar las Ordenaciones sacerdotales en este IV Domingo de Pascua, el domingo “del Buen Pastor”, contiene una gran riqueza de significado, ligada a la convergencia entre la Palabra de Dios, el Rito litúrgico y el Tiempo pascual en el que se coloca. En particular, la figura del pastor, tan relevante en la Sagrada Escritura y naturalmente muy importante para la definición del sacerdote, adquiere su plena verdad y claridad sobre el rostro de Cristo, a la luz del Misterio de su muerte y resurrección. De esta riqueza también Uds., queridos Ordenandos, pueden siempre sacar, cada día de su vida, y así su sacerdocio será continuamente renovado».
El evangelio que corresponde al día de la fecha el capítulo 10 de Juan inicia con la afirmación de Jesús: “Yo soy el buen pastor”, y expresa la primera característica fundamental de quien sigue los Pasos de Cristo: “El buen pastor da su vida por la ovejas”. Sobre este pasaje Su Santidad explicó que somos inmediatamente conducidos al centro, al culmen de la revelación de Dios como pastor de su pueblo; este centro y culmen es Jesús, precisamente Jesús que muere en la cruz y resurge del sepulcro al tercer día, resurge con toda su humanidad, y de este modo nos involucra a nosotros, a cada hombre, en su pasaje de la muerte a la vida.
La liturgia de este Cuarto Domingo de Pascua nos presenta además el texto de los Hechos de los Apóstoles con el testimonio de san Pedro ante los jefes del pueblo y de los ancianos de Jerusalén, después de la prodigiosa curación del lisiado. Pedro afirma con gran franqueza que “Jesús es la piedra, que fue desechada por ustedes, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; y agrega: “Ningún otro puede proporcionar la salvación; no hay otro nombre bajo el cielo concedido a los hombres que pueda salvarnos”. Y es que, como explicó el Papa, Jesús ha vivido la experiencia de ser desechado por los jefes de su pueblo y rehabilitado por Dios, puesto como fundamento de un nuevo templo, de un nuevo pueblo que alabará a Dios con frutos de justicia. El comentario del Papa sobre la segunda lectura:
«La segunda Lectura, de la Primera Carta de Juan (3,1-2) nos habla, en vez, del fruto de la Pascua de Cristo: el de nuestro ser transformados en hijos de Dios. En las palabras de Juan se siente todavía el estupor por este don: no solamente somos llamados hijos de Dios sino que “lo somos realmente» En efecto, la condición filial del hombre es el fruto de la obra salvífica de Jesús: con su encarnación, con su muerte y resurrección y con el don del Espíritu Santo, Él ha insertado al hombre dentro de una relación nueva con Dios, su misma relación con el Padre».
A los nueve seminaristas ordenados el Papa explicó que el sacerdote esta llamado a conducir a los fieles a él confiados: a la vida verdadera; la vida “en abundancia”. “El buen pastor da la propia vida por las ovejas”, citó nuevamente el Evangelio para destacar que Jesús insiste sobre esta característica esencial del verdadero pastor que es “dar la propia vida”. Lo repite tres veces, y esta es la característica que califica al pastor. La figura bíblica del rey-pastor, que comprende principalmente el deber de regir al pueblo de Dios, de tenerlo unido y guiarlo, se realiza en el misterio de la Cruz. Benedicto XVI dirigiéndose a los seminaristas que esta mañana fueron ordenados aludió a la identidad sacerdotal recordando el rito de ordenación:«El sacerdote es aquel que viene insertado en el misterio del Sacrificio de Cristo, con una unión personal a Él, para prolongar su misión salvífica. Esta unión, que se realiza gracias al Sacramento del Orden, pide llegar a ser “cada vez más estrecha” por la generosa correspondencia del sacerdote mismo. Por esto, queridos Ordenandos, a esta pregunta responderán diciendo: Si, con la ayuda de Dios, lo quiero”. Sucesivamente, en los Ritos explicativos, al momento de la unción crismal, el celebrante dice: “El Señor Jesucristo, que el Padre ha consagrado en Espíritu Santo y poder, te custodie para la santificación de su pueblo y para la ofrenda del sacrificio”. Y después, en la entrega del pan y el vino: “Recibe las ofrendas del pueblo santo para el sacrificio eucarístico. Comprende lo que harás, imita lo que celebrarás, conforma tu vida al misterio de la cruz Cristo Señor”. Resalta con fuerza que para el sacerdote, celebrar cada día la Santa Misa, no significa desarrollar una función ritual sino cumplir una misión que compromete entera y profundamente la existencia, en comunión con Cristo resucitado que, en su Iglesia, continúa actuando el Sacrificio redentor».
Tras destacar que la dimensión eucarística y de sacrificio es inseparable de aquella pastoral y que constituye el núcleo de verdad y de fuerza salvífica, de la que depende la eficacia de toda actividad sacerdotal el Papa recordó que la misma predicación; las obras, los gestos de diverso género, que la Iglesia realiza con sus múltiples iniciativas, llegan a perder su fecundidad salvífica si falta la celebración del Sacrificio de Cristo. Destacó que ésta, es confiada a los sacerdotes ordenados: «el presbítero está llamado a vivir en si mismo aquello que ha experimentado Jesús en primera persona, esto es darse plenamente a la predicación y a la curación del hombre de todo mal del cuerpo y del espíritu, y después, finalmente, reasumir todo en el gesto supremo del “dar la vida” por los hombres, gesto que encuentra su expresión sacramental en la Eucaristía, memorial perpetuo de la Pascua de Jesús. Es solo a través de esta “puerta” del Sacrificio pascual que los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares, pueden entrar en la vida eterna».

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 43941 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).