Romerías marianas de mayo

El pueblo cristiano tiene una especial sintonía con todo lo que se relaciona con la Santísima Virgen. Sabe que Ella es Madre de Dios y madre suya. Tiene la certeza de que, implorando su protección de Reina de Misericordia, encuentra su ayuda poderosa. Los más pobres la sienten especialmente cercana, pues saben que fue pobre como ellos y sufrió mucho por la muerte cruel de su Hijo. Celebra con gozo sus fiestas, participa con gusto en sus procesiones, y no consiente que nadie la ofenda.
Hay algo en lo que todo esto se pone de relieve con una fuerza especial: los santuarios marianos. Lourdes, Fátima, El Pilar o Covadonga son pruebas evidentes. Pero no hace falta ir tan lejos. De Aranda a Miranda, de Medina a Melgar y de Burgos a Lerma, encontramos santuarios marianos a los que han acudido muchas generaciones y nosotros mismos en repetidas ocasiones.
Unas veces encontramos en ellos el recuerdo de algún acontecimiento considerado como milagroso; otras, la concesión de alguna gracia especial; otras, el retorno al sacramento de la Penitencia después de muchos años de lejanía de la práctica religiosa; y, siempre, un lugar de sosiego interior y de acercamiento a Dios. ¡Cuántos padres han acudido a ellos para implorar a la Virgen la curación de una enfermedad o la solución de un grave problema familiar! ¡Cuántas madres han peregrinado al santuario de la Virgen de su pueblo para pedir la conversión de su hijo o que su hija dé a luz sin peligro! ¡Cuántos labradores han ido a suplicar a María la lluvia o una buena cosecha!
Ahora que llega el mes de mayo la Santísima Virgen nos brinda una oportunidad de gracia para que vayamos a visitarla en privado, en familia o con la comunidad parroquial. Esta visita puede revestir muchas modalidades. Sin embargo, siempre ha de ser una expresión de fe y de amor.
La medicina ha avanzado mucho. Los medios técnicos de que disponemos son abundantes y muy sofisticados. Casi han desaparecido las grandes pestes y epidemias. Es verdad y damos gracias a Dios por ello. Pero la medicina no lo cura todo y los medios técnicos no resuelven todos los problemas. Las grandes cuestiones siguen en pie. Ahora, incluso, padecemos epidemias, que son tanto o más graves que las que han asolado la historia: la epidemia del paro y de la precariedad laboral, la confrontación social, el divorcio y el aborto, el alejamiento masivo de Dios de los jóvenes y menos jóvenes.
Somos, pues, sumamente menesterosos y necesitados de la ayuda de Dios y de María. No es una humillación reconocerlo ni pedir una solución para lo que nos desborda o nos sentimos impotentes. Es verdad que sigue siendo válido nuestro refrán: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Pero, quizás, hoy sea necesario poner más énfasis en el “rogando” que en el “dando”.
En efecto, parece que es un sentir muy generalizado que nuestra generación reza poco y no se acuerda en exceso de Dios. Nuestra convivencia, nuestro sentido de responsabilidad social, nuestra ayuda solidaria al necesitado, nuestra capacidad para superar los graves problemas económicos y familiares que nos acucian mejorarían sensiblemente si acudiéramos con más frecuencia y con más confianza a los pies de María para implorar su poderosísima intercesión.
El Papa ha convocado a los católicos de todo el mundo a celebrar el Año de la fe, desde el próximo octubre hasta finales de noviembre de 2013. Un motivo más para que el próximo mes de mayo acudamos al santuario mariano que más devoción nos inspira a suplicarle que nos devuelva a los católicos la alegría de sentirnos discípulos de Jesucristo.

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.