Vosotros sóis testigo de esto

Mons. Antonio Algora    “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos.” Estas palabras del Evangelio de San Lucas, que proclama hoy la comunidad cristiana se siguen cumpliendo en el momento actual. ¡Mira que hacen esfuerzos y gastan estrategias y dineros para que desaparezca la Iglesia en nuestras sociedades occidentales! Y, sin embargo, el poder del Resucitado se prolonga en el tiempo que Jesucristo ha dominado para decirnos generación tras generación: “Vosotros sois testigos de esto”

Un año más en este tiempo de Pascua los cristianos nos hacemos cargo de nuestra responsabilidad de bautizados, siguiendo a Nuestro Señor en el camino de dar la vida, de predicar la conversión, y de asegurar el perdón de los pecados a todo el que descubre la presencia misma del Señor en su historia. Así es como Jesucristo resucitado funda la Iglesia y acompaña su devenir histórico haciéndonos testigos, dándonos la Vida que alienta en nosotros con su Espíritu Santo.

Si hubiera sido un encargo, una consigna, una ideología, una estrategia de conquista de grupo haría ya mucho tiempo que habría desaparecido y sería hoy un recuerdo histórico, un fenómeno social de pasado más o menos relevante pero desaparecido. Si la Iglesia permanece en el tiempo es porque Jesucristo ha resucitado y ha pasado de “dar la vida por nosotros en la cruz” a darnos la Vida en nosotros y por nosotros a nuestros contemporáneos. Misterio grande del Amor de Dios a la Humanidad es la Iglesia ciertamente, que al igual que en sus comienzos se alimenta de personas frágiles como tú y como yo.

Lo que más me impresionará siempre, cuando hago la Visita Pastoral, cuando visito las parroquias, sea cual sea el número de sus cristianos, en pueblo grande o pequeño, en barrio marginal o en el centro de las ciudades… es la falta de proporción entre lo que la Parroquia hace y la composición de sus catequistas, lectores o colaboradores en la Caritas o en las Hermandades y asociaciones en general que componen la parroquia. Absoluta desproporción entre las capacidades de sus sacerdotes, religiosos y seglares con el resultado en vidas de oración, de participación asidua, constante en las celebraciones y en la atención a los más desfavorecidos de nuestra sociedad. Rentabilidad social en su conjunto que hace de niños, jóvenes, adultos y ancianos estupendos ciudadanos que renuevan el tejido social, que contribuyen al bien común y a que esta sociedad nos se vaya por las alcantarillas del despilfarro, de la corrupción moral, económica y política.

Ciertamente no nos libramos de seguir siendo pecadores que necesitamos permanentemente “conversión y perdón de los pecados” como nos dice el Señor en el Evangelio, pero eso mismo habla de la fuerza del Espíritu Santo recibido que nos cambia el corazón, la mente y las manos para ser verdaderos testigos del Resucitado. A pesar de todas las fuerzas que operan en contra, a pesar de la debilidad de nuestro testimonio, a pesar de todos los pesares que afligen a la comunidad cristiana en su conjunto hoy sentimos de nuevo la voz del Señor que nos asegura: “Vosotros sois mis testigos” y la Iglesia Madre sigue engendrando nuevos hijos en cada generación de la historia humana convertidos a su Amor de pequeños y niños todavía o de grandes, con pocos o muchos años, atraídos por la vitalidad del Resucitado en las frágiles manos de gentes sin mucha relevancia social. La Iglesia esperanza por tanto que asegura un futuro, una esperanza de salida de todas las crisis de la Historia. “Vosotros sois mis testigos”.

Vuestro obispo,
 + Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

 

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.