Las vocaciones: ¿ocio o negocio?

Mons. Jesús Sanz      Los romanos distinguían entre el otium y el nec-otium, entre el ocio y el negocio. Por negocio entendían las actividades con las que obtenían algún tipo de beneficio, como la remuneración económica. Con el ocio se referían a lo que no tenía precio, ni trueque, ni más merced que el gusto de hacer las cosas por ellas mismas con una gratuidad que llenaba el corazón de alegría marcando las motivaciones con el sello de la libertad. En este sentido las vocaciones son un verdadero “ocio”, porque responden a la invitación gratuita de Dios, y suscitan la respuesta gratuita del hombre, a través de las cuales el Señor desea construir con cada generación ese mundo que quiso dejar inacabado para contar con cada uno de nosotros.

En el 4º domingo de Pascua, el Buen Pastor, celebramos la Jornada Mundial de oración por las vocaciones. Y aunque todo camino cristiano implica una llamada, hay dos vocaciones particulares: el sacerdocio y la vida consagrada. Sin duda que el fiel cristiano laico tiene una fundamental función en la Iglesia y la sociedad dentro del ámbito de la familia, el trabajo, la política y cualesquiera actividad intramundana. Dios llama también a estos hermanos y hermanas que en todos estos espacios viven con audacia, creatividad y fidelidad su compromiso cristiano. Pero esta Jornada mira a los futuros sacerdotes, consagrados y consagradas, orando por estas vocaciones.

El Papa en el mensaje para este día, parte del estupor que experimenta el salmista al asomarse a la creación (¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra! Salmo 8): “la verdad profunda de nuestra existencia está encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de las Confesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!… Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38)”.

Es una gracia grande ver que nuestro Seminario crece y sus vocaciones se incrementan. Es un regalo también cuando las distintas vocaciones religiosas y misioneras se afianzan y aumentan. Toda vocación es fruto de un don que proviene nada menos que de la caridad del mismo Dios, un amor que permanece para siempre fiel. Por eso apostilla el Santo Padre que “es preciso volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles”.

Oremos por las vocaciones, y dispongamos nuestras familias, las parroquias, los colegios, los movimientos apostólicos, para que la llamada de Dios llegue al corazón de nuestros jóvenes, a los que Él propone el verdadero “negocio” de la vida: amar como Dios ama, siendo en el sacerdocio y en la vida consagrada, el reflejo comprometido y fecundo de la belleza y la bondad que el Señor ofrece a todos sus hijos.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
 Arzobispo de Oviedo

Mons. Jesús Sanz
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Mons. Jesús Sanz Montes nació en Madrid el 18 de enero de 1955. Ingresa en el Seminario Conciliar de Toledo en 1975 donde realiza los estudios institucionales teológicos (1975-1981). En 1981 ingresa en la Orden Franciscana, haciendo su profesión solemne el 14 de septiembre de 1985 en Toledo. Es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1986 en Alcorcón (Madrid). El 14 de diciembre de 2003 es ordenado obispo en la Catedral de Huesca. En la actualidad es Arzobispo de Oviedo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española.