La clase de Religión Católica y el Sacramento de la Confirmación

Mons. Gerardo Melgar   Queridos diocesanos:

El ritmo pastoral de nuestra Diócesis suele incluir en los meses iniciales o finales del Curso pastoral la administración a muchos jóvenes del Sacramento de la Confirmación que es uno de los tres Sacramentos de la Iniciación Cristiana junto con el Bautismo y la primera Eucaristía. 

En efecto, a los bautizados “el Sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras” (LG11; cf Ritual de la Confirmación, Prenotandos 2) (Catecismo n. 1285). Por este Sacramento los ya bautizados reciben el don del Espíritu Santo, que fue enviado por el Señor a los apóstoles en el día de Pentecostés.

La preparación para la Confirmación debe tener como objetivo conducir al bautizado a una unión más íntima con Jesús para poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas que conlleva la vida cristiana en la Iglesia. De ahí que la catequesis para la Confirmación deba centrarse en suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia Universal y Diocesana como a la comunidad parroquial. La Parroquia, según el Catecismo de la Iglesia Católica, tiene una responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos (cfr. n. 1309). 

Es de valorar el esfuerzo y la buena voluntad de los sacerdotes, catequistas y demás agentes de pastoral en su empeño y paciencia por acompañar a los candidatos que se preparan al sacramento. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que la tarea de educar en la fe se lleva a acabo a través de diversos canales, entre los que destacan la vivencia cristiana en la familia, la catequesis en la Parroquia y la clase de religión en el colegio o instituto; todos ellos son necesarios aunque tienen objetivos y medios diferentes. De ahí la poca coherencia de quienes desean recibir el Sacramento de la Confirmación pero, al mismo tiempo, se niegan a asistir a la clase de Religión con el pretexto de que de esta forma tienen más tiempo para dedicar al resto de asignaturas. De esta manera, se devalúa el profundo significado y alcance de la formación religiosa en el ámbito de la escuela. 

Teniendo presente lo anterior, y aunque el Directorio diocesano de los Sacramentos de la Iniciación Cristiana no explicita la necesidad de asistir a la clase de Religión como requisito para recibir el Sacramento de la Confirmación, quiero expresar mi convencimiento de la necesidad de la asistencia a clase de Religión como un medio más de formación previo a la recepción del Sacramento. En el caso de que, por diversas circunstancias, el candidato no asistiera a la clase de Religión debería sopesarse su situación, tratar de convencerle de la contradicción de la misma y, en todo caso, sería exigible un complemento a ese déficit pues no es igual la situación objetiva del que asiste a la clase de Religión que la del que no asiste. 

Con esta breve carta quiero, pues, recordar a los padres, alumnos y profesores los derechos y deberes sobre la formación religiosa y su importancia como un medio más en la preparación de los candidatos a recibir la Confirmación. De manera especial, pido a los párrocos, quienes tan fielmente dirigen sus parroquias, que ayuden a los padres de familia a preparar a sus hijos para que reciban el Don del Espíritu Santo con las mejores disposiciones y la mejor preparación. 

Que Dios os bendiga a todos, 

+ Mons. Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.