Judaísmo, islamismo y cristianismo, unidos en la reivindicación de la igual dignidad de la vida del discapacitado

Judaísmo, islamismo y cristianismo han hecho converger sus voces para reivindicar la dignidad de la vida del discapacitado, una dignidad que reclama respeto y atención. El V Congreso ‘Paradojas de la Discapacidad. Autonomía, Capacidad e Independencia’ ha propiciado la ocasión de esta apelación conjunta. Ha sido en la mesa redonda ‘El Servicio a la Vida. Judaísmo, Islamismo y Cristianismo’, en la que han participado el Imán de la Mezquita Central de Madrid, Tatary Riay, la discípula del Gran Rabino de Madrid, Viviana Barnatan, el sacerdote, Jesús Conde Herranz, y la profesora de Derecho Eclesiástico de la Universidad Complutense de Madrid, María José Roca.

Con especial elocuencia ha explicado el Iman Tatary Riay por qué no puede minusvalorarse a la persona por el hecho de sufrir alguna merma en sus capacidades, al argumentar que ésta es una situación por la que “todos pasamos en algún momento de nuestras vidas. No hay más que recordar lo desvalido que está el niño recién nacido”. Dada la consustancial debilidad del ser humano, Tatary Riay ha situado al derecho que asiste a la persona discapacitada a ser atendida en la categoría de “derecho fundamental, junto la Sanidad y laEducación”, ha remarcado. Esto también debe interpelar a la ciencia a indagar todas las vías para paliar o evitar las situaciones de una discapacidad agravada. Se deben poner todos los medios al alcance menos uno: aquel que suponga “eliminar una vida en gestación por el hecho de que se haya diagnosticado alguna enfermedad”, ha matizado el Imán.

En parecidos términos se ha expresado el sacerdote, miembro fundador de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, Jesús Conde Herranz. “Por su condición de criatura no se puede decir que el hombre esté discapacitado, el hecho es que es discapacitado”. De este modo, “nadie puede considerarse totalmente capacitado, totalmente autónomo, ni pensar que para él no hay barreras de ningún tipo”. La misma lógica funciona a la inversa, “no hay nadie tan discapacitado que no sea capaz, que no pueda dar nada al otro”. A este respecto, se ha referido al ejemplo del enfermo vegetativo, cuyo estado invita a pensar que ya no está en condiciones de aportar nada, y que, sin embargo, “hacen que sus amigos y familiares saquen lo mejor de sí mismos”.

Por su parte, la judía Viviana Barnatan, ha insistido en la idea de que el enfermo o el discapacitado siguen conservando intacta su condición y su dignidad pese a su deterioro físico. “Cualquier persona que está junto a otra enferma durante años y contempla su deterioro sabe que en esa persona hay un alma divina. El alma comprende y escucha”, ha subrayado.

Todas las exposiciones han confluido en la afirmación de una dignidad humana que es inherente a la persona, con independencia de su estado físico o mental. Por ello es fundamental tomar a la persona y a su dignidad como fuente y referencia de todo ordenamiento social y jurídico. Y es precisamente en este aspecto en el que ha incidido la profesora María José Roca, pues, a su juicio, en la actualidad “se ha desdibujado el concepto de dignidad y de persona”. Esto ha sucedido hasta el punto de que dicho concepto ya no es tomado como límite de la acción legislativa, por lo que “el Derecho pasa de ser un garante de la justicia a convertirse en un factor al servicio del poder”.

A partir de ahí, se entienden tergiversaciones conceptuales, como que se faculte al titular de un derecho subjetivo a modelar los límites del derecho objetivo que se le reconoce, una perversión de la más elemental lógica jurídica que da pábulo a prácticas como “el aborto, la eutanasia o la eutanasia de los niños”. En el fondo “se deja la protección de la vida humana a expensas del criterio de un tercero que decidirá en función de si esa vida le supone o no una carga”. Ante esta situación, “el diálogo entre las tres grandes religiones es fundamental para la defensa de la dignidad de la persona”.

El V Congreso ‘Paradojas de la Discapacidad’, organizado por la Asociación Mediterráneo sin Barreras y la Universidad CEU San Pablo, se ha celebrado durante los días 19, 20 y 21 de abril en la sede de dicha Universidad (en la calle Julián Romea, 23 de Madrid), con la colaboración del Arzobispado de Madrid; de la Casa Santa Teresa – Hijas de Santa María de la Providencia – Madrid; del Centro Villa San José – Siervos de la Caridad – Palencia; de FEAPS Madrid (Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual); CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad), de la Fundación BBVA, de la Fundación Síndrome de Down de Madrid; de la Fundación ONCE (Organización Nacional Ciegos Españoles) y de la Fundación MAPFRE.

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