Pascua Sagrada en hospitales, cárceles y cementerios

Mons. Ángel Rubio    Pascua significa “paso”. El Misterio Pascual es la acción salvadora realizada en Cristo con su muerte y resurrección, comunicada en la Iglesia a través de los sacramentos, de la fe y de la caridad. Hay tres lugares, situaciones o momentos en que el Misterio Pascual se realiza de forma progresiva, plena o total.

Desde hace muchos años existen en la mayor parte de hospitales, cárceles y cementerios servicios de atención religiosa o capellanías, que se sitúan en el marco jurídico del Estatuto de Autonomía, y en cumplimiento de los acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede de 1979. Los convenios que se han ido firmando con las diócesis comprometen a respetar y hacer efectivo el derecho a la asistencia religiosa católica en estos centros del sector público. Con esta finalidad, en cada centro se ha ido articulando un servicio para prestar la asistencia religiosa católica y atención pastoral a cuantos pacientes, libre y espontáneamente, requieran su servicio y a los familiares que pasan por estos lugares.

Sin embargo la atención a las necesidades espirituales es hoy una realidad que está creciendo a pasos agigantados. Muchas personas solicitan una atención humana o «espiritual», entendiendo por espirituales las necesidades que surgen de la dimensión de sentido y la dimensión de valores o moral de las personas: necesidad de sanar la vida, necesidad de ser reconocido, necesidad de tomar decisiones morales, necesidad de reconciliación… en conjunto, necesidad de vivir la enfermedad y la muerte «a la manera propia», desde los propios valores.

En los Hospitales se da especialmente en personas jóvenes con enfermedades graves y requiere conocimientos y habilidades relacionales y acompañamiento al final de la vida… Junto a ellas aparecen también otras personas que solicitan compañía al carecer de los recursos personales y sociales (ancianos, emigrantes, etc.). También se detecta que aumenta la solicitud de presencia y seguimiento en estos casos por parte de los profesionales del centro hospitalario. Los hospitales y centros asistenciales, públicos y privados, son una sociedad en pequeño; allí se encuentran mayores, jóvenes, niños, emigrantes, personas con recursos económicos, otras procedentes de la calle o de albergues. El hospital es un campo abierto, lleno de oportunidades para hacernos cercanos y presentes. Muchos nos esperan y están dispuestos a encontrarse con nosotros. Tenemos la oportunidad, la posibilidad y el reto de transmitir, en un momento muy significativo para las personas enfermas y sus familiares, una Iglesia cercana, que acoge y acompaña en el sufrimiento; que consuela y da ternura al pie de una cama; que ayuda a reconciliarse; que acompaña en la búsqueda de sentido; que ofrece y testimonia la acción sanadora de la fe; que intenta responder, no sin dificultades pero de una manera actual, a la llamada del Espíritu y a los signos de este tiempo.

Por razones parecidas a las señaladas anteriormente, las cárceles, con su mayor o menor caudal humano, no deben resultar ajenas ni a la sociedad, ni a la Iglesia. Ésta última, fiel al mandato de Cristo que nos dijo: “Venid benditos de mi Padre… Porque estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (Mt. 25, 31), tiene el deber y el derecho de ejercer su obra benéfica y humanitaria con los presos. Esta misión la realiza de manera directa mediante los capellanes (conforme a derecho) y a través del voluntariado católico de la pastoral penitenciaria (también lo hacen otras confesiones no católicas). En esta pastoral se debe implicar toda la diócesis y de manera especial las parroquias, que no pueden vivir de espaldas a esta realidad humana y social que no solo afecta a las personas privadas de libertad, sino también a sus familias, amistades y organizaciones sociales.

El cementerio o camposanto es el lugar donde se entierran los muertos; donde “duermen” en espera de la resurrección. Actualmente los cementerios son casi todos civiles. A veces hay en el cementerio una capilla donde puede celebrarse la Eucaristía y otros ritos sagrados. Todos los pueblos tienen su cementerio. En Segovia, en el “Cerro del Ángel”, existe desde 1720 la ermita del santo Ángel. Cien años más tarde se terminó de construir el cementerio municipal que fue bendecido por el Obispo de la diócesis el día 5 de agosto de 1821. Desde entonces esta Capilla del santo Ángel de la Guarda, que preside el Cristo de la Buena Muerte, ha sido testigo de los entierros de los segovianos que han venerado y han llorado la muerte de sus seres queridos. En esta ermita antes de darle sepultura a los muertos, católicos y no católicos, entran para dar su último adiós a sus difuntos y llevarlos a la sepultura. No debemos ignorar la “pascua” de los difuntos que han pasado de la muerte a la vida, del tiempo a la eternidad. 

+Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
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Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.