Hablar de fe con entusiasmo

Mons. Francesc Pardo i Artigas   Ha de preocuparnos, y mucho, el hecho de que cuando nos referimos a la fe, a Jesucristo, a la celebración de la Misa, a la coherencia de vida o de la moral… lo hacemos con un limitado entusiasmo. Y, de esta forma, con tal limitado entusiasmo, se hace difícil que los demás se sientan atraídos a vivir tales experiencias. 

Veamos algunos hechos y comentarios como muestra de todo ello: en algunas reuniones o encuentros  con amigos aparecen con frecuencia cuestiones relacionadas con la fe cristiana o con la Iglesia que se exponen con acentos críticos, o con un cierto menosprecio, hacia aquellos del mismo grupo que “son de misa”. La reacción de quienes se esfuerzan por vivir en cristiano, que  acuden frecuentemente a Misa, a menudo es tímida y vergonzante,  para no quedar en mal lugar, se evita aparecer como unos “extraños” que no son “progres”… Muy distinta es la  reacción si se trata de fútbol o de política. Aquí si que cada cual defiende a capa y espada sus preferencias, opiniones, simpatías o militancia. 

Todavía recuerdo a un monitor de deportes, que entrenaba diversos equipos, y que siempre pactaba con las directivas que un día por semana acudiría con un grupo de formación de la parroquia, y que, el sábado o el domingo, él asistiría a Misa, se encontrase donde se encontrase. Todos los sabían, y lo comentaban admirados. 

Ciertas familias, cuando los padres acuden a la celebración de la Eucaristía  dominical, plantean a sus hijos, “podéis venir o quedaros en casa”. Con frecuencia también se repite con los cursos de catecismo, que ciertamente han de competir con actividades extra escolares, “si quieres ir a catecismo”. De forma muy distinta se plantea si se trata de algunas  actividades de la propia escuela o de un entrenamiento deportivo… si los hijos no deseen acudir. En tales casos, se razona, se trata de convencerles, se les estimula y, si es necesario, se plantea con autoridad. Si somos sinceros, hemos de reconocer que no se plantea con el mismo entusiasmo, cuando se trata de celebraciones o actividades cristianas. 

Recuerdo que mi padre, los domingos que yo sugería no ir a Misa, dado que no entendía nada, me respondía: “El domingo, si no hay Misa, no hay aperitivo, ni fútbol, ni cine, ni fiesta, ni…”, y a Misa a su lado se ha dicho. De esta forma, desde mi infancia, comprendí la importancia de la Misa dominical, incluso antes del catecismo y de las razones teológicas. Ciertamente  eran otros tiempos, pero son hechos que dan que pensar, pues muchos los hemos vivido. 

En el curso de alguna visita pastoral, constatando que en las actividades parroquiales se encuentran a faltar jóvenes, sugerí que quienes participan en los servicios religiosos o en actividades de Caritas, les ayuden a reflexionar sobre las motivaciones que les impulsaba a hacerlo o el sentido de su participación y servicios. Concretamente, les decía que era necesario ayudar a los jóvenes a que descubriesen o redescubriesen a Jesucristo, lo que  ofrece y propone. Me respondieron que, en tal caso los jóvenes se marcharían y ya no regresarían. Repliqué que son muchos los jóvenes que están cansados y de vuelta de hablar de “temas”, y que con casi total seguridad nunca han escuchado con atención, ni han reflexionado sobre la propuesta que Jesús les presenta, sobre lo que les ofrece y a que responde.. Les decía que si no somos algo más “audaces”,  se nota que seguimos creyendo, pero que no estamos del todo convencidos y que tal convicción es el mejor tesoro que podemos ofrecer a los jóvenes para vivir. 

Si no hablamos con más entusiasmo de Jesucristo, de la alegría y del sentido de creer; si no manifestamos ilusión y agradecimiento por ser cristianos, no seremos convincentes, no transmitiremos deseos de participar en tal experiencia. 

Hoy en día hacen falta testimonios y todos hemos de serlo, cada cual desde sus responsabilidades y situaciones. El testimonio no se limita a hablar como un informador, lo hace sobre lo que ha visto, escuchado y experimentado. El testigo es un actor que vive los hechos en su propia carne. Este testimonio se ha de manifestar con un entusiasmo que sea capaz de animar y motivar y sobre todo, que manifieste cual es el gran tesoro de nuestra vida. 

Testimonios sí, pero ¡con entusiasmo!

 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 439 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.