Encuentro estatal de Sacerdotes y Consiliarios de Acción Católica

En la población de Los Negrales, en Madrid, convocados por los consiliarios generales, desde la Federación de los movimientos de Acción Católica, presididos por el Obispo-Consiliario, monseñor Carlos Escribano, y acompañados por miembros de los equipos permanentes de dichos movimientos, se han reunido sacerdotes y consiliarios de distintas diócesis españolas.

El encuentro situaba como temática central un aspecto relativo a la nueva evangelización: «El evangelizador ‘evangelizado’ y ‘situado'» y su objetivo era buscas pistas de profundización y acción para entender el ministerio de un modo nuevo y creativo en este momento eclesial, religioso, cultural y social que no está tocando vivir.

Francisco Maya y Cesar Caro, de la diócesis de Mérida-Badajoz, así como un militante laico de un movimiento especializado, Manolo Copé, de Alicante, abrieron el cauce de la búsqueda de líneas de acción para poder avanzar en una nueva evangelización que se abre a la creatividad y a la originalidad de la verdad.

El encuentro, ya tradicional y que este año se ha celebrado el martes y miércoles 10 y 11 de abril, ha vuelto a ser lugar de encuentro de más de cincuenta sacerdotes de muchas diócesis, celebración de la Pascua y de animación compartida que requiere continuidad en orden a buscar caminos nuevos de evangelización al hilo del sentir de la Iglesia Universal y del próximo sínodo del episcopado universal.

Acción Católica Española: Encuentro de sacerdotes y consiliarios

MANIFIESTO (Los Negrales – Madrid, 10 y 11 de Abril de 2012)

Sacerdotes y consiliarios de los distintos Movimientos de Acción Católica de las diócesis españolas, junto al Secretario General y a los presidentes de dichos movimientos, presididos por el obispo consiliario de Acción Católica, nos hemos encontrado en Los Negrales (Madrid) para reflexionar en torno a la Nueva Evangelización, acerca de “El evangelizador evangelizado y situado”. Contando con el
análisis iluminador de expertos en temas de evangelización y de pastoral en el “hoy”
que vivimos, hemos buscado pistas de acción para caminar con esas claves fundamentales que hoy son necesarias para poder adentrarnos en el ejercicio del ministerio sacerdotal y propiciar la nueva evangelización que proclama la Iglesia como necesaria y de la que nos hablan los trabajos previos del próximo sínodo de obispos.

“Evangelizadores evangelizados”

El trabajo de reflexión compartido, a la luz de las experiencias vividas por unos y otros, nos abre pistas de acción para el camino pastoral que pretende ser novedoso y original. Hemos descubierto que hoy más que nunca necesitamos “dejarnos evangelizar” por el momento en que vivimos. No podemos ni queremos olvidar que para Jesús, Nazaret fue el lugar de su maduración como hombre lleno del Espíritu, y desde ahí fue portador de su experiencia de Dios Padre para los hermanos; apostamos por dejarnos tocar por el pueblo y su vida, para experimentar a Cristo y conocer internamente sus sentimientos
para poder vivir desde ellos el ministerio en medio de la comunidad; entendemos que
para ello debemos activar las siguientes actitudes y medios:

– Avivar y levantar nuestra mirada para ver la realidad aceptando e integrando creativamente los análisis y visiones que hacen otras instituciones del momento
que estamos viviendo actualmente en la sociedad y en la cultura.

– Plantear la necesidad de una conversión eclesial, personal e institucional, para
conectar y poder llegar a la profundidad de las necesidades verdaderas de las personas, a sus gozos y tristezas, a sus dolores y fracasos así como a sus avances
y logros.

– Ensayar nuevos lenguajes para que el anuncio del evangelio se realice con planteamientos más vivos que realmente se acerquen a los que lo necesitan, desde el encuentro fraterno que posibilite la experiencia de Dios.

– Discernir y clarificar que la prioridad pastoral es la formación de apóstoles, que
estará tocada de minoría, y que ha de caminar por procesos que les lleven a ser encarnados, con una verdadera espiritualidad y dispuestos para la acción. Esto sólo será posible si nosotros mismos vivimos con coherencia nuestra vida y testimoniamos opciones de este talante, y si priorizamos en nuestro quehacer ministerial tanto el anuncio como la presencia comprometida.

– Detectamos la necesidad y valoramos como fundamentales los espacios de fraternidad sacerdotal y con fieles laicos para compartir la lectura evangélica y creyente de la realidad que vamos tocando y viviendo en nuestra sociedad y comunidades, con el espíritu propio de la revisión de vida, profundizando en el estudio del evangelio, y configurando nuestros proyectos de vida en comunidad.

– La realidad actual necesita frente al individualismo espacios y experiencias de
fraternidad y comunidad eclesial, donde las personas de un modo paciente y no exento de ternura se sientan queridas, aceptadas, animadas y acompañadas por testigos de vida y no pastores-funcionarios.

– Reconocemos que en esta sociedad sin Dios hemos de avanzar en el descubrimiento de la sed y sus manifestaciones en aquellos que viven al margen de la fe, de la religión y de la trascendencia; necesitamos saber llegar a lo profundo de las personas y ayudarles a que ellos mismos se puedan encontrar con su interior y sus inquietudes en muchos casos dormidas, pero no muertas.

“Evangelizadores situados”

Sentimos el reto de estar adecuadamente “situados” en la realidad, para poder estar en la
misma onda y hacer posible la comunión y el diálogo que impide el desclasamiento y la
separación del ejercicio de un ministerio que ha de ponerse a los pies de la humanidad
para poder servirle y ayudarle a encontrarse con la luz y la vida, con su verdadero sentido; eso supone despojarnos de las visiones negativas, adentrarnos con pasión en el
momento y descubrir sus posibilidades desde la visión comprometida y positiva del evangelio, que siempre es buena noticia y que siempre se entiende como posible en todo lugar y circunstancia:

– Consideramos imprescindible volver al espíritu del Concilio Vaticano II para entender que nosotros queremos una evangelización que sea proceso acompañado, presencia comprometida entre los hombres, participando de sus vidas y ambientes, con una actitud de participación y compromiso transformador junto a ellos sintiéndonos conciudadanos y hermanos en la construcción del mundo según el Reino.

– No somos héroes, sino hermanos y sólo nos situaremos con verdad si sabemos partir desde nuestra propia “sed” y “necesidad” cuando vivimos nuestro sacerdocio en medio de los hermanos, desde nuestra propia humanidad.

– Nos toca aceptar que no vamos a caminar ni en la masa ni en el éxito en medio de esta cultura y esta sociedad; pero no somos “residuo”, sino “resto” elegido por Dios para llevar el agua viva de la alegría y de la esperanza.

– Sabemos que nos movemos entre mentalidades distintas: tradicional, moderna, postmoderna, y con todas ellas hemos de dialogar y encontrarnos, sabiendo que todas tienen su punto de flexibilidad y blandura para el evangelio, en medio de la dureza y rigidez que aparentan.

– Para servir en este momento no podemos dejar de desarrollar y purificar: el espíritu crítico y la capacidad de análisis en profundidad de lo que ocurre en el mundo, porque Dios nos habla desde el corazón necesitado de los hombres y desde ahí nos invita a repensar, recreer y recrear; el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y su anuncio vivo y pedagógico; la disponibilidad a entrar en los problemas actuales y sus consecuencias de dolor, ruptura y debilidad.

– No queremos caer en la culpabilización que paraliza y roba la alegría y el ánimo
para un actuar que debe buscar ser auténtico; sabemos que es mejor hacer menos pero que sea más significativo, que exprese una apuesta creativa y sea capaz de romper inercias y repeticiones rutinarias de más de lo mismo para no cambiar nada.

– Hoy necesitamos más que nunca analizar qué es lo que ofrecemos y cómo lo hacemos; tenemos que presentar un contenido que realmente seduzca e ilusione por responder a lo que más se necesita en el corazón de los hombres, algo que sea claro, luminoso, alegre y esperanzador, que permita el sueño de la ilusión y del sentido de una vida entregada y compartida en comunidad, construyendo un mundo nuevo que es posible desde el Espíritu del Resucitado.

– Si queremos estar vigilantes en el hoy eso requiere una pastoral de la acogida entrañable, que invite a la comunidad que reconoce e identifica, desde la calidez
y la vitalidad.

– En este camino de encuentro con la realidad humana, necesitamos recrear nuestra identidad ministerial en equipo y cuidarnos mutuamente.

Pistas de Acción Prioritarias

Apostando por este deseo profundo de ser evangelizados y de vivir situados en la verdad de la realidad que nos ha tocado vivir y de la que formamos parte, nos sentimos
llamados a cuidar aspectos que hemos descubierto muy importantes al encontrarnos y al
haber compartido experiencias vivas de Pastoral; se nos han abierto pistas de acción por las que queremos transitar para ser fieles, en nuestro ministerio, a la Iglesia y al mundo, y en especial a todos aquellos a los que hemos sido enviados a servir y acompañar para que tengan vida y la puedan entregar a otros. Entre esas pistas queremos destacar las siguientes:

– Necesitamos vivir y compartir en equipos de vida y fraternidad nuestro ser y quehacer: para hacer más posible en la fraternidad la búsqueda creativa y sosegada de ver compasivamente la realidad, escuchar juntos la palabra de vida, el evangelio, adentrarnos en la opción por la fraternidad en la misión, y arriesgarnos juntos en una misión que no es propiedad nuestra, sino don del Padre para que vivamos la unidad.

– Favorecer espacios eclesiales que nos ayuden a entrar en la realidad con verdad
y luz, sabiendo poner nombre a las necesidades más fuertes, explícitas e implícitas, en la humanidad y buscar los modos de acoger, acompañar y ofertar caminos que favorezcan la sanación, el sentido y la esperanza.

– Revisar nuestra identidad y misión atendiendo al carácter de misión y envío desde el que hemos sido elegidos, analizar si estamos “saliendo” a los caminos de la vida y al encuentro de los que están en otras direcciones, y si la “misión” está en la priorización de nuestro quehacer, con presencia y acompañamiento en los ambientes y en aquellos que han de ser como levadura en medio de ellos.

– Crear espacios de encuentro en la frontera, para dialogar con alejados y no creyentes; y al mismo tiempo ofrecer apoyo fraterno a quienes arriesgan dedicación y entrega en este servicio.

– Valoración y redescubrimiento de la Acción Católica y todos sus movimientos en el espíritu de una pastoral que quiere ser misionera y salir a todos los caminos y ambientes. Se impone una relación y vinculación de misión y complementariedad en la única Acción Católica y en sus dos vertientes de general y especializada.

– Queremos propiciar en los ámbitos de formación permanente del ministerio en
nuestras diócesis actitudes de apertura y novedad para animarnos y potenciar el
ensayo y la creatividad, con una visión positiva y esperanzada del momento que
vivimos como oportunidad rica de nueva evangelización.

– Consideramos fundamental en nuestra sociedad y sus crisis avanzar en la espiritualidad de ofrecer verdaderas alternativas que lleguen a la vida real en todo aquello que estructura y organiza tanto lo común como lo personal: la economía, el mundo del trabajo, la política, la cultura, el consumo, el tiempo libre, las relaciones, los medios de comunicación; deseamos posibilitar y ofertar, junto a otros, espacios fraternos y de solidaridad como vehículo de sanación y de buena noticia para los que más la necesitan.

Creyendo en la misión, en el trabajo compartido y apostando por este tipo de encuentro que nos anima y nos esperanza, nos comprometemos a seguir trabajando en esta dirección y a seguir reflexionando juntos, a la vez que buscaremos siempre compartirlo con otros hermanos para invitarlos a compartir el camino de una verdadera caridad pastoral de la Iglesia que en medio del mundo quiere ser auténtica, creativa y original como su Maestro y fundamento, al que anuncia en este tiempo pascual como el crucificado que ha resucitado y vive para siempre.

Los Negrales – Madrid, 10 y 11 de Abril de 2012

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