La misericordia de Dios y la nuestra

Mons. Jaume Pujol

El 22 de febrero de 1931 la monja polaca Faustina Kowalska (1905-1938) escribió en su diario una experiencia singular: su primera revelación de la Misericordia de Dios. Anotó: «Por la noche estaba en mi celda cuando vi al Señor Jesús vestido de blanco. Tenía una mano alzada en posición de bendecir y la otra tocándose el vestido, que parecía abierto sobre el pecho. Brillaban dos largos rayos, uno rojo y otro blanco. Mi alma estaba llena de miedo, pero a la vez plena de felicidad. Después, Jesús me dijo: «Pinta una imagen mía según esta visión con la inscripción ‘Jesús, en vos confío´. Deseo que esta imagen sea venerada, primero en tu capilla y luego en el mundo entero».

Así ha sido. Juan Pablo II tuvo un especial aprecio a la devoción nacida de esta aparición de Cristo. Beatificó a sor Faustina Kowalska en 1992 y la canonizó en el 2000, el mismo año en el que estableció que el segundo domingo de Pascua se celebre en la Iglesia la fiesta de la Divina Misericordia.

Este domingo nos disponemos pues a meditar sobre este don divino, que ya al principio de la humanidad se manifestó cuando Dios hizo la promesa de un Redentor. Al cumplirse la plenitud de los tiempos, Jesús nació de María Virgen, quien exclamaría en el canto jubilar del Magníficat: «Su misericordia se extiende de generación en generación».

También en la nuestra, tan necesitada del perdón de Dios y de su mirada amorosa, la invocación a la misericordia divina es la fuente de nuestra esperanza. En efecto, ¿qué solución nos queda cuando en la vida parece que se nos cierran todas las puertas? Pienso, sobre todo, en tantas personas atribuladas por dolores físicos, y también morales, que aún son más duros. El recurso a la Divina Misericordia es la única solución para no desesperarse.

Y pienso sobre todo en nuestra responsabilidad. Si Dios actúa con su corazón amoroso, también nos pide que actuemos así nosotros con los hermanos más necesitados. Mediante parábolas nos enseñó que no debemos pasar de largo ante el sufrimiento ajeno. Incluso exclamó una vez: «¡Misericordia quiero, no sacrificios!», ante una forma de entender la religión desencarnada, hecha de rituales.

Jesús es ejemplo de misericordia para que la practiquemos en abundancia. La crisis económica en la que vivimos nos debe impulsar a pensar más que nunca en los pobres, en las personas que viven solas, en las que no tienen casa o están a punto de perderla, en las que no llegan a fin de mes por la reducción de salarios o la condición de parados, en las que pasan hambre.

En este sentido deseo elogiar una vez más la actuación de organizaciones, como Cáritas y tantas otras, que tienen como motivo fundacional esta ayuda. Su actuación, igual que el voluntariado, es una forma encomiable de ejercitar la misericordia que, aún pareciendo humana, es divina.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.