Somos el pueblo de la Pascua

Mons. Rafael Palmero    Se acercan los días santos de la Pascua. Nuestra mirada está fija en Jesús, el Hijo de Dios, aquel al que en la Cruz traspasaron. La vida de la Iglesia y, por tanto, también la de cada uno de los cristianos nace abundante de los misterios de la muerte y resurrección de Jesucristo, que actualizamos en el triduo sacro. 

De la vida de Jesús entregada voluntariamente a la muerte por nuestra salvación brota la esperanza. Lavados en la sangre del Cordero, todos nuestros delitos han sido perdonados y en nuestro Redentor se transforman en gracia y vida abundante. El Señor resucitado es quien nos llama a seguirle como discípulos suyos, como testigos de la Pascua. De Él, hemos recibido cada uno de nosotros una llamada concreta. Vivamos esta vocación con el espíritu de amor y servicio de los reunidos en el cenáculo, con la pasión y la entrega del Gólgota, con la alegría desbordante de la tumba vacía. Así lo canta la Iglesia en la celebración de las horas del tiempo pascual:

“Somos el pueblo de la Pascua, Aleluya es nuestra canción, Cristo nos trae la alegría; levantemos el corazón. […] Sin conocerle, muchos siguen rutas de desesperación, no han escuchado la noticia de Jesucristo Redentor.”

Así es, en verdad. Precisamente en este tiempo difícil que atravesamos es cuando los hombres y mujeres que caminan a nuestro lado esperan más que nunca encontrar en la Iglesia, en nosotros, una auténtica Buena Noticia de resurrección capaz de dar luz y sentido a su vida. Los cristianos hemos de saber compartir con todos a este Cristo Salvador. El anuncio sólo será creíble si va acompañado de nuestras buenas obras, de la auténtica caridad fraterna. Obras son amores, dice el refrán castellano.

“Misioneros de la alegría, de la esperanza y del amor, mensajeros del Evangelio, somos testigos del Señor.”.

Impulsados por la fuerza del Espíritu salgamos pues, a los caminos del mundo con el corazón transformado por Jesús. No podemos olvidar que sólo en Él y con Él podemos encontrar una auténtica vida resucitada. Una vida que necesariamente pasa por la entrega en el amor, la entrega de la Cruz.  El secreto de la verdadera alegría, os decía en Navidad, con palabras del Papa, no consiste en tener muchas cosas, sino en sentirse amados por el Señor, en hacerse don para los demás y en quererse unos a otros.

Santa María camina a nuestro lado. La Virgen dolorosa que ofrece su Hijo al Padre en el ara del Calvario al pie de la Cruz, es también para nosotros la Madre gloriosa que canta exultante de gozo la alegría de la Resurrección. Es la Madre de la Iglesia, mujer creyente, fiel, siempre tras los pasos de Cristo y al lado de los discípulos de su Hijo. Os invito a esperar orantes junto a ella, la efusión del Espíritu.

En unión de oraciones siempre y con el más sincero afecto,

 + Rafael Palmero Ramos

Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Rafael Palmero
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Nace en Morales del Rey, provincia de Zamora y diócesis de Astorga, el 27 de julio de 1936. Curso los estudios de humanidades y filosóficos y los dos primeros años de teología en el seminario conciliar de Astorga. Después, en Roma, amplió su formación teológica. Allí obtuvo la licenciatura y el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana y la licenciatura en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino “Angelicum”. Fue ordenado sacerdote el 13 de septiembre de 1959 en Astorga. En 1972 se incardinó en la archidiócesis de Toledo. CARGOS PASTORALES Su ministerio presbiteral comenzó en la diócesis de Astorga. Entre 1961 y 1965 fue secretario de estudios y profesor de Eclesiología y de Doctrina Social de la Iglesia en el seminario mayor diocesano de Astorga y, entre 1963 y 1968, fue delegado episcopal de cáritas diocesana de Astorga. En el año 1968 se trasladó a Barcelona como secretario particular del entonces arzobispo coadjutor de Barcelona, Mons. Marcelo González Martín, cargo que desempeñó hasta el año 1972. También hasta este año, y desde 1969, fue el Presidente del Patronato Diocesano de la “Obra Benéfica Asistencial del Niño Dios”, en la ciudad condal. El año 1972 se trasladó, junto a Mons. González Martín, a Toledo. En esta diócesis fue Vicario General y profesor del Seminario Mayor, entre 1972 y 1987, y arcediano de la Catedral, entre 1974 y 1987. El 24 de noviembre de 1987 fue nombrado obispo auxiliar de Toledo y obispo titular de Pedena. Recibió la ordenación episcopal el 24 de enero de 1988. El 9 de enero de 1996 fue trasladado a la sede episcopal de Palencia. El 26 de noviembre de 2005 fue nombrado Obispo de Orihuela-Alicante, tomando posesión de la sede el 21 de enero de 2006. El 27 de julio de 2012, el Papa Benedicto XVI aceptó la renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis, en conformidad con el canon 401, párrafo 1, del Código de Derecho Canónico. Dejó la diócesis el 29 de septiembre de 2012. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 1987 hasta 1990. Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1990 hasta 1993. De 1990 a 1999 ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales y de 1993 a 1999 de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe. Desde 1999 es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral, donde es responsable del Departamento de Pastoral de la Salud. Fue miembro del Consejo de Economía desde 1999 hasta noviembre de 2012.