Pascua: creer en la Resurrección

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas    Constato, con frecuencia, que la fe en Jesús llega hasta su muerte, pero no asume la gran noticia de su resurrección. Puede que, por ello, nos encontremos, en muchos momentos, velando ante su tumba. Ciertamente ante la tumba de un gran hombre, de un hombre único, de un enviado de Dios, de un gran maestro al que debemos seguir… pero no confiando en que el Señor Resucitado es el Señor de la historia. ¿Por qué lo constato? 

Porque cuando el mal, el pecado o el fracaso nos hunden… perdemos la esperanza.

Porque ante las dificultades para comunicar el  Evangelio, dudamos de su fuerza.

Porque en muchos momentos pensamos que ya no hay nada que hacer, que este mundo no tiene solución.

Porque cuando vivimos las dimensiones más humanas y débiles de la Iglesia podemos llegar a pensar que el Señor no actúa.

Porque cuando ya no nos atrevemos a  decir nada sobre Jesús porque nos parece que nadie nos escucha, cambiamos la Buena Nueva de la resurrección y de la vida por un compromiso ético con ciertos valores.

Porque pensamos que la vida cristiana no tiene futuro, que cada vez somos menos, que para muchos aparentemente no tiene la menor importancia y que, por tanto, Jesús está muerto i enterrado.

Porque parece que la muerte y sus amigos ganan, y no la vida… 

Algunas vivencias personales: con frecuencia, en muchas  expresiones de pésame, algunos familiares y amigos, repiten dirigiéndose a los difuntos, las palabras: “estés donde estés”. ¿Qué sentido tiene tal expresión? ¿Qué interpretación podemos hacer de la misma? De hecho sólo se puede pensar en tres “situaciones” o “espacios”. 

La no existencia, la nada, la desaparición total. Pero, entonces, ¿qué sentido tiene dirigirse a la persona con la convicción que capta lo que queremos manifestarle? 

El Infierno o el lugar de condena, de negación del amor y de la vida. Nadia piensa que la persona a la que nos dirigimos, se halle en tal situación. Y si rogamos será para que el Señor le acoja, le perdone y lo salve, porque creemos en la resurrección de Jesucristo y en la Salvación. 

El Cielo o el espacio de felicidad, de la vida, de la paz, el gran don de la salvación que Dios nos ofrece y que nosotros deseamos por medio de una vida coherente  y contando con la gracia de Dios. También se puede pensar en el purgatorio como espacio de purificación. 

Pero, la cuestión es que cuando alguien dice “estés donde estés” da la sensación que no cree profundamente en la resurrección de Jesucristo y en la salvación. En la liturgia exequial y en los funerales celebramos la salvación de Cristo, y en aquel momento quienes amamos al difunto lo enviamos a… 

En la reflexión o lectura de la vida cristiana y de nuestra Iglesia en este momento histórico, en las reuniones “pastorales”, comenzamos recordando con frecuencia, las muchas dificultades para transmitir la fe y acabamos constatando que, ante tantas dificultades, casi no podemos hacer nada. De hecho, casi siempre pensamos únicamente en las propias posibilidades y capacidades. En este contexto, nosotros, los seguidores de Jesús, parece que también lo enterramos con todos los honores: hablamos de su doctrina, de su valentía, de sus valores, incluso queremos educar según tales valores, pero sin tenerlo presente como Viviente, como Señor presente y que actúa. En ciertos momentos nuestra fe, nuestra actividad parroquial, se asemeja a un gran monumento en recuerdo de Jesús, pero no manifiesta la certeza y confianza en su acción poderosa. 

La primera actitud pascual es la de dejarnos conmover por la gran noticia: “Sé que buscáis a Jesús. No está aquí. Ha resucitado”. 

Este hecho cambia la vida y la historia. Es el fundamento de toda esperanza. 

¿Acaso pensamos que Jesús sigue muerto? ¿Acaso pensamos que el evangelio, como buena nueva del amor de Dios que eleva y salva a las personas, ha fracasado y no tiene futuro? ¿Acaso pensamos que la humanidad no tiene futuro? ¿Acaso pensamos que somos nosotros  los que hacemos posible que la fe continúe? ¡Pues no es así! 

· Jesús sigue vivo, y su evangelio de salvación vigente.

· Vivir como salvados y amados por Dios, es posible.

· La causa de la humanidad, de la dignidad  de toda persona, sigue más viva que nunca. La causa de Jesús –que es la causa del hombre y de la humanidad- sigue viva, y es Él quien la conduce a su plenitud. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 438 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.