La Pascua de la Nueva Evangelización

Mons. Amadeo Rodríguez   Queridos diocesanos:

1. Os escribo cuando aún estamos en el silencio esperanzado del Sábado Santo. Ya todos intuimos que algo espléndido va a suceder: conocemos la generosidad del grano de trigo y, por eso, esperamos que vendrá pronto la fecundidad de tercer día. Esta noche, enla Vigilia Pascual, vendrá la luz que como Palabra que ilumina los pasos de nuestra vida nueva, la que renace con agua bautismal y se hace presente en Cristo Resucitado en al altar dela Eucaristía Pascual, que la Iglesia celebra con cantos de gozo: ¡Aleluya, Aleluya, Aleluya!

La Iglesia renacida en Cristo por el Espíritu se dispone a vivir la Pascua con la fuerza de un testimonio que recorre toda su historia y arrastra a la fe a cuantos se abren, en la libertad de sus corazones, a su anuncio: Jesucristo ha resucitado. Jesús es el Señor. La Iglesia se reencuentra a sí misma cada año en esta novedad maravillosa, y recoge este impulso para continuar con su misión en el mundo, que no es otra que anunciar a Jesucristo resucitado. Este anuncio es el corazón de la misión, su fuerza, su sentido. Evangelizar es anunciar a Jesucristo, como salvador del hombre; y la fe con que se recibe este anuncio es adhesión a la persona viva de Jesucristo resucitado, salvador del hombre. En eso y sólo en eso está la verdadera novedad dela evangelización. Ese es el desencadenante primordial de la vida y misión de la Iglesia.

2. Así ha sucedido siempre, a lo largo de toda su historia: el Espíritu de Dios, guía de su vida hasta el final de los tiempos, la va llevando hasta la verdad completa (cf Jn 16,12). Aunque todo es nuevo en el Espíritu, éste de vez en cuando suscita un gran impulso en la novedad, sobre todo cuando cambian los tiempos y el mundo necesita un nuevo “paso” por el misterio de Cristo. A nadie se le oculta hoy que en este tiempo nuestro se ha suscitado un nuevo ritmo de transformación y, por tanto, también un nuevo espacio de misión evangelizadora. En el hilo de esta historia nuestra, tan rica, pero tan frágil, se han abierto grietas, que son problemas nuevos; pero también se ha creado ámbitos, que son retos claros para el anuncio del Evangelio.

3. Cuando las cosas son tan rápidas y el ritmo puede dar vértigo, como hoy le está sucediendo a muchos, la soluciones, además de diversas, pueden ser muy erráticas. Siempre hay que valorar la buena voluntad de los que las buscan; pero también habrá que evitar algunos errores. El primero de todos es el de la autosuficiencia, que siempre tiene el mismo origen: prescindir de Cristo, fundamento de todo, para apoyarnos sólo en nosotros mismos; léase, en nuestros criterios, métodos, opciones, estrategias, muchas veces anquilosadas y sin la evolución necesaria, justamente porque nunca han salido del estrecho mundo que somos cada uno de nosotros. Se olvida que en la evangelización es reencontrar la fuerza de los orígenes: la que pone el Espíritu en la docilidad de los que viven de la fe en Jesucristo.

Otro error a evitar, será siempre el de la dispersión: el que envía a remar es Jesucristo, y lo hace en “su” Iglesia, y el destinatario del envío es Pedro y el colegio apostólico: ¡Rema mar adentro! Id al mundo entero. Sólo la comunión evangeliza: Ut unum sint. Y añade Jesús: para que el mundo crea. Vivimos en tiempos en los que más que nunca sobreabundan los profetas; hoy los medios para mostrarse en público son más amplios y más globales que lo hayan sido jamás. En el mercado de los nuevos profetas cada cual tiene sus soluciones, siempre muy parciales, aunque sean humanamente significativas y aunque a veces se presenten bajo la apariencia de defender valores que en origen son del Evangelio. Pero tienen el defecto de defender valores sin el Valor que los certifica, que no es otro que el mismo Cristo, en su Iglesia. Se olvidan de que el Pueblo de Dios es profeta cuando está unido en un profetismo ordenado y no caótico

A mi juicio, un tercer error a evitar es el de confundir lo nuevo de la evangelización con hacer cosas cuanto más novedosas mejor. Hay quienes, en el deseo indudable de hacerlo bien, siempre están buscando la “quientaesencia” dela novedad. Estoestá produciendo una dispersión tal del concepto que con tanto lucidez acuñó el beato Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI quiere que se convierta en acción real, que hace unos días le escuchaba a un obispo hablar de 171 definiciones diversas de nueva evangelización. A veces se nos olvida que la novedad no está en hacer cosas y que la creatividad no consiste en encontrar formas espectaculares, aunque no haya que descartarlas; sino en descubrir entre todos dónde está el punto de renovación, es decir, cual es la clave de que todo sea nuevo y encuentre ese estilo actual, que vaya marcando el ritmo de la vida de la Iglesia en los nuevos ámbitos sociales y mentales que se van creando en la sociedad.

4. Si encontramos ese punto,la Nueva Evangelizacióncogerá ritmo; pero, eso sí, con mucho tiempo por delante: se necesita mucha esperanza. La misión que la Iglesia de hoy ha de hacer, no puede ser menos sólida, menos profunda, menos consistente que la que se ha hecho en épocas precedentes. Y esas han necesitado siglos. La novedad tiene que surgir en el corazón de la Iglesia: en su jerarquía, en los fieles, en sus tareas más esenciales y en los gestos de cada día. Pero será con marcha lenta, con un sembrar sólido, y quizás, pequeño, que vaya rehaciendo todo el tejido interior de los corazones de los católicos. Sólo desde ahí se salta al tejido social. Pero sin olvidar nunca que la novedad es el Espíritu y lo nuevo es Cristo, testigo del amor de Dios al mundo.

Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
Acerca de Mons. Amadeo Rodríguez 186 Articles
Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.