La misericordia es más que una devoción

Mons. Joan Piris    Dios manifiesta su poder ejerciendo la misericordia, como dice expresamente la Biblia y la Liturgia de la Iglesia y tantas veces ha demostrado su Hijo Jesús con gestos y palabras: justamente la misericordia es aquello que más se identifica en los Evangelios. Su capacidad de compasión lo lleva a curar, a eliminar situaciones de sufrimiento físicas y morales, a volver la dignidad a los excluidos, no ha venido a juzgar y condenar sino a salvar.

Celebrando la Pascua, la Resurrección-Ascensión de Jesús, que es el fundamento de nuestra esperanza, hace falta que transformemos nuestra vida descubriendo a Dios en el rostro glorificado del Jesús misericordioso  mirando a las personas y sus circunstancias como lo hacía Jesús: implicándose en su promoción material y moral, dejando al  descubierto personas y estructuras abusivas e injustas, hasta el extremo de arriesgar su vida.

En su primera Encíclica (“Deus charitas est”) Benedicto XVI precisaba que, aun cuando no es la tarea inmediata de la Iglesia la construcción de un orden social y estatal justo, la Iglesia «tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables. Y un hecho histórico incontestable que hace falta que todo el mundo de buena voluntad reconozca: los discípulos de Jesús, motivados por el Evangelio y adelantándose a otras iniciativas de la sociedad civil, han hecho posible tantas obras de caridad dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas y cooperativas, poniendo en juego lo mejor de ellos mismos, con errores incluidos.

Para nosotros la cuestión es bien concreta: sin darse uno mismo a fondo nos quedamos siempre a medio camino. Por esto, el estilo de vida que la fe nos pide no es otro que el que descubrimos en el mismo Jesús quien nos ha dado a conocer, con obras y palabras, el Dios que se manifiesta como amor incondicional a todo el mundo, como principio de vida y de fraternidad, como fuente de libertad y esperanza sin fronteras, como plenitud.

Ojala que nuestra vivencia deficiente del evangelio no sea nunca impedimento serio para que otros lleguen a Jesús. Posiblemente tenemos demasiados bautizados sólo con un barniz de cristianismo, incluso devocional, que no acaban de entrar a fondo en la comunidad de Jesús escuchando y poniendo en práctica sus palabras. Esto devalúa el catolicismo y puede convertir a la Iglesia en obstáculo para aquellos que la buscan con corazón sincero.

Conviviendo, pues, con muchos y diferentes planteamientos, hace falta que fortalezcamos nuestra comunión con Jesucristo muerto y resucitado, criterio último de nuestra actuación, y fundamento de todo nuestro futuro únicamente en Él, de quien esperamos la salvación definitiva del ser humano. A sabiendas de que Él nos pide no sólo anunciar el Reino sino también realizarlo y mostrarlo en la vida de la comunidad construyendo otro mundo posible.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola

Obispo de Lleida

 

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.