II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

Mons. Ureña   El día 30 de abril del año 2000, el Papa Beato Juan-Pablo II canonizaba a la religiosa polaca María Faustina (Elena) Kowalska, fallecida el 5 de octubre de 1995, y hacía público que, a partir de aquella fecha, en el II Domingo de Pascua se celebraría la fiesta de la “Divina Misericordia”.

¿A qué se debe este centrarse en la misericordia de Dios? ¿Por qué se vincula la misericordia divina a la Pascua de Cristo? Y, por último, ¿qué relación guarda la fiesta de la misericordia divina con la nueva santa María Faustina (Elena) Kowalska?

  1. 1.   El amor y la misericordia de Dios.

Dios es amor. Así lo proclama san Juan. Pero el amor, el verdadero amor, comprende no sólo el compañerismo, la amistad y la relación de donación reciproca total entre un hombre y una mujer en el matrimonio. El amor llega a ser pleno cuando es capaz de urgir a la persona a salir de sí misma en dirección a otra persona que se encuentra postrada, que yace y chapotea en su sangre, que necesita salir de su postración para ser sí misma y que es incapaz de hacerlo por sus propias fuerzas. El amor lo es en totalidad cuando, quien ama, no necesitando del otro, se abaja del pedestal en que vive, se sitúa a la altura del otro, se muestra dispuesto a compartir su suerte y hasta incluso a morir por Él con el fin de que el otro se recupere y comience a caminar de nuevo hacia su meta.

Pues bien, esta dimensión del amor, que podemos llamar dimensión agápica, es la propia del amor de Dios y recibe el nombre de misericordia. Más todavía: justo con este amor de misericordia es con el que Dios nos ha amado a los hombres y con el que Él quiere que nos amemos los unos a los otros. “Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, – exclama Moisés – tú que mantienes tu amor por mil generaciones,…perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado” (cf Ex 34, 6-9). Y, aunque el pueblo elegido apostata una y otra vez, mereciendo la destrucción, Dios exclama por labios del Profeta: “Mi corazón se revuelve dentro de mí y, al mismo tiempo, se conmueven mis entrañas. No daré curso al furor de mi cólera… porque soy Dios, no hombre; el Santo en medio de ti” (Os 11, 7-9).

Respecto de la exigencia de la misericordia en el comportamiento moral de los hombres, constatamos estas tres sentencias de Cristo: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7); “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6, 36); “Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9, 13; 12, 7). Y no son menos elocuentes las así llamadas “Parábolas de la misericordia” del evangelista Lucas, a saber, la del “buen Samaritano (10, 29-37); la del “Hijo pródigo” (15, 11-31); la de la “oveja perdida” (15, 3-7); y la del “rico Epulón” (16, 19-30).

  1. 2.   La misericordia divina y el misterio pascual de Cristo.

Existe una relación intrínseca entre la misericordia de Dios y la Pascua de Cristo, una pascua que celebramos sincrónicamente en la liturgia eucarística de cada día, de modo especial en la Eucaristía del domingo, y diacrónicamente en el triduo pascual y en el tiempo de Pascua.

En efecto, todos sabemos que en la Pascua de Cristo celebramos los misterios de la muerte y de la resurrección del Señor. Ahora bien, ¿qué son la muerte y la resurrección del Señor sino la expresión tangible e histórica del acontecer de la misericordia divina sobre la faz de la tierra. ¿No dicen Juan y Pablo que Dios amó de tal forma al hombre que entregó a su Hijo a la muerte y a la muerte en la cruz como propiciación por nuestros pecados (cf Jn 3 16; Fl 2, 5-11).

Por consiguiente el amor misericordioso de Dios al hombre fue la causa determinante de la encarnación, de la muerte y de la resurrección de Cristo, las cuales constituyen la causa instrumental de nuestra salvación.

Se explica así la elección por el Papa Juan-Pablo II del primer domingo después de la Pascua de Resurrección como tiempo idóneo para celebrar la fiesta de la misericordia.

  1. 3.   Santa María Faustina (Elena) Kowalska y la misericordia divina.

Esta religiosa santa, canonizada por el Beato Papa Juan-Pablo II el 30 de abril del año 2000, fue el gran apóstol de la Divina Misericordia en el siglo pasado. A esta sencilla monja, sin grandes estudios,  pero valerosa y abandonada totalmente en Dios, el Señor le confió la gran misión de dar a conocer el mensaje de la misericordia que Él dirige a todo el mundo.

Para preparar la fiesta de la Divina Misericordia, que celebramos hoy II Domingo de Pascua, dispongo se celebre un triduo eucarístico en la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar los días 12 (jueves), 13 (viernes) y 14 (sábado) de abril a las 20 h. Y la fiesta propiamente dicha de la Divina Misericordia la celebraremos hoy, día 15 de abril, II Domingo de Pascua, a las 3 de la tarde, en la misma Basílica.

Os espero a todos los que podáis asistir y participar en ella.

† Manuel Ureña

 Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.