Estas son las fiestas de Pascua

Mons. Julián López    Queridos diocesanos: 

Efectivamente, “estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles”. Con estas palabras del pregón pascual en la gran vigilia que inaugura el domingo de la resurrección del Señor, deseo felicitar a todos los que habéis vivido la cuaresma con espíritu de conversión y de renovación. El Misterio Pascual de Jesucristo desborda el significado de la antigua pascua de los hebreos y que nuestro Redentor quiso celebrar también antes de padecer por nuestra salvación instituyendo la nueva Pascua (Jueves Santo). 

Por eso, ya no es un animal el que preserva con su sangre nuestras vidas y nuestras casas de la muerte. Ahora es la sangre, vertida en la cruz, del verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, la que lava nuestras culpas y purifica nuestras conciencias de todo pecado (Viernes Santo). Pero esa muerte se transformó en vida porque el muerto que fue sepultado (Sábado Santo), ascendió victorioso del abismo como el grano de trigo convertido en espiga (Domingo de Resurrección). Es más, quiso también hacerse nuestro alimento, pan vivo para que el hombre coma de él y no muera.   

En la vigilia pascual, verdadera cumbre de la Semana Santa y aun de todo el año litúrgico, el bautismo/confirmación de los neófitos y el rito de la aspersión de los fieles con el agua bendita después de la renovación de las promesas bautismales, abren de manera significativa el acceso a la comunión con Aquel que no sólo ha dado su vida por nosotros sino que ha querido hacerse también nuestro alimento en la Eucaristía. Son los sacramentos pascuales que se ofrecen durante el tiempo de Pascua. De este modo, a la cuarentena cuaresmal, imagen de este mundo, sucede la cincuentena pascual, figura de la eternidad dichosa en la que Dios lo será todo en todos. El morado de la penitencia es sustituido por el blanco de la nueva vida de los resucitados con Cristo. El miserere, “piedad de mí, oh Dios, por tu bondad” es sustituido por el Aleluya. Las sombras de la noche dan paso a la luz cegadora del nuevo día. Y la luz del cirio pascual que guió a los fieles al comienzo de la vigilia permanece encendida, asociada a las lumbreras del cielo como una referencia a Cristo, la luz que no conoce ocaso y que, al salir del sepulcro, brilla sereno para iluminar a todos los hombres. 

Bien merece que la celebración de la Semana Santa introduzca en la gran fiesta de Pascua, de manera que se produzca una equilibrada y correcta armonización entre las expresiones de la piedad popular y las celebraciones litúrgicas. No son dos caminos divergentes y menos aún antagónicos. Las procesiones, la visita de los monumentos, el Via Crucis, los pasos y escenificaciones de algunos momentos de la Pasión, el acompañamiento a la Virgen de los Dolores o de la Soledad, el encuentro del Resucitado con la Madre, las loas de la mañana de Pascua, etc., nacieron de la liturgia y la prolongaron por las calles y plazas, generalmente precedidas de un sermón que preparaba los corazones y combinando sentimientos, música y estética. Se trata de una puesta en escena tan rica y tan sugestiva que, para vivir de verdad lo que se realiza y conmemora, es necesario poner el alma en consonancia con el misterio. 

Os lo deseo de corazón a todos. Feliz Pascua Florida: 

+ Julián López

Obispo de León.

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella